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Encuentro en Estocolmo con un hombre "providencial": Oswaldo Payá Sardiñas
Carlos Manuel Estefanía Arlet La más cara de mis diferentes utopías es la de una sociedad sin Estado, ni clases, donde los hombres, en plena libertad, convivan armónicamente, donde se trabaje, no por dinero o competencia, sino por solidaridad y el placer de crear. Así, me habría gustado ver un camarada de suños, es decir un libertario cubano (cosa un tanto "utópica") galardonado con el Sájarov 2002 que entrega el Parlamento Europeo a quienes se destacan en la lucha por la libertad de expresión de los pueblos, pero no fué así. Soy realista y comprendo que para establecer esa sociedad soñada habrá de pasar mucho tiempo, y que para ella no existe otra vía mejor que la transformación pacífica, la persuasión y la reforma, al estilo de las que por décadas hicieron los socialdemócratas suecos para domar al mercado y redistribuir equitativamente la riqueza. Me habría gustado pues que el premio se lo otorgaran a un socialista democrático de mi patria. También estoy consciente de que para lograr estos cambios sociales no se puede echar a un lado lo mejor de cuanto aportó el pensamiento liberal, es decir el concepto de estado de derecho, la partición de los poderes, las garantías procesales y en general las libertades aceptadas universalmente como derechos humanos, en tal sentido no habría tenido el menor reparo que fuese premiado un liberal cubano, con responsabilidad social, al estilo de Martí, por ejemplo. No fue un libertario, ni un socialdemócrata, ni un liberal quien recibiera, en nombre del pueblo de Cuba, el premio Sájarov 2002, ha sido un democristiano. Sin embargo hay que sentirse frustrado, en primer lugar porque lo importante hoy es que se premie a un buen cubano, no isu su doctrina. Si, como es el caso, el galardonado con el Sájarov 2002, es un hombre de paz, un intérprete del código humanista que, mas allá de cualquier secta o iglesia encierran en profundidad las enseñanzas del maestro Jesús (el hijo del hombre), bien venido sea. El lunes 30 de diciembre de 2002 he tenido la suerte de conocer personalmente al “elegido”, no me defraudó. Llegué a las 11:03 AM a los locales adjuntos al parlamento donde estaba programada la rueda de prensa de Oswaldo Payá. Debía comenzar a las 11 en punto, traía pues, conmigo, junto a la inmensa curiosidad por conocer personalmente al premio Sájarov 2002, el estrés natural de quien sabe ha llegado tarde en una sociedad estrictamente cronometrada como la sueca. Afortunadamente aún no había comenzado la conferencia. En el salón se hallaban diversas personalidades de la política y de los medios de comunicación, así como jóvenes activistas suecos que han estadoen Cuba o que pronto viajaran a la isla en respaldo a su sociedad civil. Entre los últimos me alegró reencontrar Hanna Hellquist, inolvidable por su perfecto español, su carita de estrella hollywoodense de los años treinta y sobretodo por esa pasión, más latina que germánica, con la que se ha entregado a la causa de Cuba. A modo de halago le digo, "solo por tu foto ya vale el número 17 de Cuba Nuestra" -en la edición, ecién salida de la imprenta, se publica una excelente entrevista [ ver`Nosotros somos también seres humanos´ Oswaldo Payá ] realizada por Hanna a Sardiñas, en Cuba, cuando nadie esperaba su premiación con el Sájarov y el Varela era sólo un proyecto en ciernes- . Quizás por ella, por la entrevista al galardonado, es que la revista vuela, como dulce en la puerta de un colegio, a manos de los asistentes, apenas Alexis Gainza, el coordinador general de la publicación, coloca sus ejemplares la mesa de la conferencia |