INDAGACION
EN LOS ORIGENES DEL MOVIMIENTO CUBANO PRO DERECHOS HUMANOS
APUNTES PARA UN PROLOGO
Como hemos subrayado en oportunidades anteriores, en
esta presentación del Forum organizado por la Fundación Sajarov en la
Universidad Libre de Berlín, quiero referirme a las influencias que la
consuetudinaria defensa del "Estado de Derecho Civil", existentes en el
Presidio Político Cubano de los años sesenta, tuvieron en la renovación
de nuestras fuentes de pensamiento, de esas que, en especial, fueron
decisivas para el origen del movimiento de derechos humanos que
contribuímos a crear.
En primer lugar, el debate y la ilustración diaria,
que presencié y en los que tomé parte dentro de ese presidio
irreductible, en torno a la Constitución Republicana de l940.
Conjuntamente con el discernimiento sobre su contenido en materia de
derechos civiles y políticos, así como en derechos derechos ecónomicos y
sociales y, las consecuencias de aquellos debates y acuerdos
constitucionales, en el fortalecimiento paulatino de un moderno estado
de derecho, que fue emergiendo en el seno de las legislaturas
parlamentarias subsiguientes, tuvieron un desempeño fundamental en el
nacimiento del Comité Cubano Pro Derechos Humanos.
Por otra parte, la decisión de comenzar, desde aquel
centro vital de la resistencia a la opresión que era y es el presidio
político cubano, la denuncia de los crímenes del castrismo contra la
oposición, aun antes de creada nuestra agrupación de Derechos
Ciudadanos, se oríginó también cuando fuímos testigos y, a la vez éramos
víctimas, en la inmediatez de la convivencia en una galera, de los
crímenes contra la dignidad y la integridad física de los seres humanos,
que a cada instante se perpetraban a manos de los gamberros que
representan en la cárcel al poder político de Fidel Castro. En especial,
recuerdo de aquellas primicias, el impacto que nos causó el extermino
físico, a través de una muerte clinicamente inducida, del prisionero
político, César Páez, quien había sido Comandante del Directorio
Revolucionario l3 de Marzo.
LOS INICIOS DEL ACTIVISMO
La denuncia acerca de este asesinato la hice llegar,
a través de mi padre, a Heriberto Carrillo Colón, quien por esos tiempos
era el Consejero de Prensa de la Embajada de México en Cuba. Unos meses
mas tarde apareció, en el diario Granma, una suerte de folletín acusando
a Carrillo Colón de ser "un agente de la CIA". Nosotros habíamos
dirigido nuestras primeras denuncias a este funcionario diplomático
mexicano, porque supimos de su labor propiciando que numerosos
perseguidos políticos cubanos lograran obtener asilo político en "La
Casa Mexicana del Laguito".
En este ámbito, ante cada nueva iniciativa que
tomábamos en el camino que nos condujo a los primeros pasos del Comite
de Derechos Humanos, surgían numerosas remembranzas anteriores en
materia de resistencia a la opresión. Así, por ejemplo, cuando hicimos
contacto desde la cárcel con los diplomáticos mexicanos, estuvo presente
el antecedente de que ese centro de amparo del Laguito, fue abierto por
el ex embajador azteca en La Habana, Gilberto Bosque, para brindar asilo
a cientos de opositores a Fidel Castro que se hallaban en peligro.
Precisamente, antes de ser arrestado, hice gestiones para lograr refugio
en este santuario político, a favor de dos disidentes: Andrés Basilio
Pérez, quien logró el propósito y, para Marta Frayde, cuyo intento de
asilo fue imposible, terminando después con una condena a 29 años de
cárcel., bajo la acusación de "fungir como espía de los Estados Unidos".
Todo a causa de ser uno de los miembros fundadores del Comité de
Derechos Humanos.
UNA CONVICCION IMPOSTERGABLE
Por lo tanto, en nosotros, la certeza de que
resultaba insoslayable la necesidad de llevar a cabo esfuerzos
organizativos, para utilizar las convenciones y los protocolos del
Derecho Humanitario Internacional, ya contaba con varios años de
preparativos. Después, una vez que estuvimos encerrados en el presidio
político, comenzamos a preparar los instrumentos, destinados a denunciar
de manera sistemática, la violación de los Derechos Humanos en Cuba,
teniendo como bases primarias la realidad de que aquellas cárceles, en
primer lugar, contituían y, siguen siendo, el centro de documentación
principal del terrorismo de estado imperante en el país. Además, en esos
cuarteles del stalinismo cubano, estaban y están encerradas las mas
genuínas varguardias políticas del pueblo de Cuba.
Con estas premisas, dimos inicios al lento andar, que
ha durado décadas, para batallar ante el muro del silencio, la
indiferencia y, por sobre todo, la complicidad con Fidel Castro y sus
maquinarias de desinformación, que inundaba, -y aun en cierta medida
predomina-, en las redacciones de los grandes órganos de la prensa
mundial. A consecuencia de esa impunidad ante la opinión pública, la
aplastante mayoría de las instituciones supranacionales de derechos
humanos, en la década de los años sesenta y en gran parte de los
setenta, cerraban sus puertas ante las denuncias del, "caso Cuba", que
llegaban a sus oficinas. Esta fue la reprobable época que el
desaparecido cineasta Néstor Almendros resumió en su documental, "Nadie
Escuchaba".
EXPERIENCIAS ALECCIONADORAS
En aquellos comienzos de la protesta, otros hechos
culminantes que dieron impulson a los primeros pasos de nuestro esfuerzo
contestario, lo fueron la eliminación física de dos de los integrantes
de los sectores de la disidencia, a los que estábamos vinculados desde
mediados de la década de los sesenta. Fueron dos los asesinatos, después
que fuímos arrestados a mediados del año l967, los que hicieron que nos
declaráramos en una suerte de "sesión permante", buscando alternativas
para abrir una plataforma de oposición civilista al comunismo. Por una
parte, los pandilleros de Fidel Castro mataron a Eurípides Núnez, quien
había sido miembro del Partido Comunista de Cuba desde l934 y, quien
fungiera hasta su apresamiento como Secretario General del Sindicato de
Trabajadores de la Fábrica de Tabacos H.Uppman de La Habana. Así mismo,
elementos gansteriles de similar estirpe liquidaron a Javier de Varona,
joven historiador y brillante pensador, quien, como muchos de nosotros,
provenía de las filas de la izquierda. Ambos fueron exterminados por
sicarios del G-2, a las órdenes de José Abrantes. El propósito del
crimen fue el de sentar un escarmiento de terror, que silenciara al
resto de los encartados, en aquel proceso conocido como "La
Microfracción" . Los demás treinta y seis acusados en aquella farsa al
estilo moscovita, fuímos condenados hasta a quince años de prisión,
acusados de "propaganda enemiga" y "diversionismo ideológico".
Sin embargo, esta agrupación disidente primaria se
dispersó por completo. Apenas tres de los integrantes de aquel grupo
pasamos a la nueva fase de activismo antitotalitario. En ese proceso nos
convertimos en defensores de los valores clásicos de la democracia, los
derechos individuales y de la economía de libre mercado, con la
presencia activa del sindicalismo y de los equilibrios de poder entre
los diversos sectores de la sociedad.
EL RECURSO DEL METODO
Despúes de nuestros esfuerzos originales para
propiciar la creación del Comité Cubano Pro Derechos Humanos en l976, el
reto mayor que debimos enfrentar fue el de documentar, con rigurosidad
de datos, las denuncias, sobre los crímenes y otras atrocidades que,
como política oficial de estado, cometían los gavillas de rufianes
castristas. En este capítulo de la historia de nuestro esfuerzo
contestario, la colaboración del abogado Aramís Taboada resultó de
trascendental importancia. Por su conducto, conseguimos que fueran
extraídos, indirectamente, expedientes completos del Registro Penal
Central del Ministerio de Justicia, que contenían los casos de
ciudadanos que habían sido condenados a muerte y fusilados, mediante
patrañas perpetradas por aquellos fatídicos "tribunales revolucionarios"
y, posteriormente, por las "salas de delitos contra la seguridad del
estado", de cada tribunal popular provincial.
Con esta documentación, que remitidos por conducto de
las Embajadas en Ciudad de La Habana, a los Gobiernos de Francia y de
Gran Bretaña, proporcionamos pruebas irrefutables, -que terminaron en
manos de Organizaciones Internacionales de Derechos Humanos- y, que eran
demostrativas de una aplastante verdad: todo el sistema de justicia de
Cuba, había sido trocado por Fidel Castro en una implacable arma para
matar y para someter a los peores suplicios, a todo aquel que retara su
frenesí por perpetuarse en los poderes del estado y, por crear una
suerte de dinastía de su legado esclavizante.
LOS PRIMEROS ECOS
Según nos relató posteriormente Ian Martin, por ese
entonces secretario general de Amnistía Internacional, con parte de esta
información en sus manos, esta entidad dió comienzo a un profundo
trabajo de monitoreo de la crisis total en materia de derechos de la
persona del pueblo cubano. En estos mismos términos actuaron las
autoridades francesas, de acuerdo al recuento que al respecto nos hizo,
años mas tarde, Claude Malhuret, por aquellos teimpos Secretario de
Estado para Derechos Humanos, del Gabinete de Gobierno de Francois
Mitterrand en Francia.
Las fuentes de información, para la elaboración de
los informes que hacíamos llegar a las organizaciones internacionales,
como la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, Amnistía Internacional,
Gobiernos y Personalidades Publicas de todas partes, desde los mismos
orígenes de nuestra labor, eran parte de los horrores cotidianos que
teníamos que padecer en unos casos y, presenciar en otros, ya que el
presidio político cubano, desde l959, fue una galería de horrores
interminables, que llega hasta nuestros días.
De esta manera, comenzamos a reconstruír los
elementos de juício, que demostraban que en Cuba, las maquinarías
represivas, al igual que en otras tiranías " de izquierda" del planeta,
asesinaban indiscriminadamente a cuanto opositor fuera marcado para
morir, enmascarando los hechos como el resultado de "la justicia
revolucionaria", que daba orígen a los fusilamientos, ordenados en
Consejos de Guerra Sumarísimos, donde todo el tribunal estaba integrado
por guardías de la policía de Seguridad del Estado, incluyendo a los
supuestos abogados defensores, quienes, de acuerdo a las funciones
correspondientes, se unían a las peticiones de condenas previamente
elucubradas.
A partir del año l976, de esta manera comenzamos a
aportar una cada vez mas nutrida base de documentación sobre los
brutales sistemas represivos del castrismo, que paulatinamente se fue
filtrando hacía diversas cancillerías europeas y, hasta algunas
instancias de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, ayudando así,
conjuntamente con otras iniciativas, a abrir una nueva étapa,
introductoria de la hoy aceptada noción de que en Cuba impera una suerte
de "Orden de Ley Marcial Permanente" y, que el país se controla a través
de un "Estado de Sitio Perpetuo", copiado al calco del ordenamiento
stalinista imperante en toda la otrora órbita soviética.
A estas alturas, ya pudimos probar que numerosas
sentencias de pena de muerte en Cuba , habían sido dictadas por
tribunales fantoches, que no obedecían a las mas mínimas reglas del
Derecho Procesal y Penal que prevalece en los países civilizados. De
esta manera, obtuvimos que en una Carta Abierta, firmada en l979 por mas
de 50 destacados intelecutales, entre los que se encontraban Jorge
Sempún, Ernesto Sábato, Juán Goytisolo, K.S.Karol, Francesco Rossi,
Milan Kundera y otros, fueran califícados como "escuadrones de la
muerte", los pelotones de fusilamiento de Fidel Castro.
A todo este caudal de evidencias directas que
llegamos a poseer, para denunciar con todo rigor los atentados contra
las esencias mas primitivas de la naturaleza humana, -que representan
las estructuras de barbarie intrínsecas al stalinismo-, al unísono
fuímos sumando las descripciones del terror que nos reconstruyeron
prisioneros políticos cubanos, como lo fueron Ernesto Díaz Rodríguez,
Alberto de la Cruz, Ramón Guín, René González Herreros, Guido Faramiñán,
y otros, que nos permitieron preparar acusaciones muy ilustradas sobre
el regimen de atrocidades sin límites y torturas sistemáticas, contra
los resistentes a la opresión, esencialmente empleadas a través de los
tratos crueles y degradantes y, de las condiciones de vida infrahumanas,
que el sistema penitenciario del totalitariasmo en Cuba había instituído
para, por una parte exterminar a los opositores que se mantenían
incólumes en su ideario contestario y, por la otra, utilizar todo género
de procedimientos de guerra sucia para intentar doblegar con la
extorsión y los chantajes, a los familiares de esos resistentes.
EL RAYO QUE NOS MARCA PARA SIEMPRE
Un capítulo trascendental en estas crónicas del
bestiario castrista lo fue el asesinato de los tres hermanos García
Marín, -Ventura García Marín, Ciprián García Marín y Eugenio García
Marín-, conjuntamente con los exterminios, mediantes fusilamientos, que
se ejecutaron por los comienzos de los años ochenta, contra los también
prisioneros políticos, Emilio Reloba Carduliz, Ramón Vera Chaviano,
Armando Hernández, Ramón Toledo Lugo y Omar Villavicencio, entre decenas
de otras víctimas que conocimos personalmente y, que perecieron en
aquellas degollinas, a pesar de ser totalmente inocentes.
En aquel Año de l98l, sicarios de los cuerpos
represivos, además, asesinaron a golpes, en el antro de barbarie del G-2
conocido por Villa Marista, a Caridad Pavón Tamayo, quien actuó como una
de las principales activistas de un sindicato independiente nombrado,
"Solidaridad de Cuba", que había surgido unos meses antes. Por otra
parte y, en medio de un asalto a la Embajada del Ecuador en Ciudad de La
Habana, perpetrado contra un grupo de disidentes que había pedido asilo
político en esta sede, por esa misma fatídica época, fue asesinado a
golpes el niño de l4 años Owen Delgado Temprana, hijo de Rómulo Juán
Delgado Fernández y de Elsa Temprana, quienes junto a Pascual Ovidio
Delgado y a de otros opositores, fueron secuestrados mediante todo
género de atrocidades, en la citada sede diplomática del Ecuador, por un
comando de las Tropas de Asalto del Ministerio del Interior, que fueron
dirigidas por el propio General José Abrantes, por ese entonces Ministro
del Interior y, mas tarde, otra cifra mas entre los "estrangulados", por
esa misma maquinaria de muerte de Fidel Castro.
Esta agudización de los operativos de salvajismo
criminal por parte de la jefatura pandilleril de la Isla, estuvo
motivada por las furias y, por las ansías de venganzas escarmentadoras
que estremecían a Castro, a consecuencia del ridículo y de la derrota
internacional, de que hacía poco había sido objeto, con el asilo masivo
de miles de cubanos en la Embajada del Perú y, con la posterior huída
del infierno de unos l25 mil habitantes del país, que corrieron a
refugiarse en los Estados Unidos de América.
TESTIGO DE CARGO
En primera persona, recuerdo el asesinato de Ventura
García Marín, de Cipriano García Marín y de Eugenio García Marín, pues
durante largos meses permanecí junto a ellos, en las celdas de Castigo
de la Cárcel Combinado del Este de La Habana. Allí, estos tres miembros
de la Iglesia Testigos de Jehová, quienes, junto a otros perseguidos,
habían intentado lograr asilo político en la Nunciatura Apostólica en
Cuba, me relataron con lujo de detalles todos los hechos. Incluída la
falsa acusación que les habían fabricado, en torno a la muerte de un
empleado de esa Misión Diplomática.
Nuestro Comité de Derechos Humanos pudo aclarar
posteriormente y, así lo presentamos a la Comisión de Derechos Humanos
de la ONU, -durante su visita a Cuba en l988-, que aquel supuesto
empleado civil de la Embajada del Vaticano no era mas que un agente de
la Seguridad del Estado, que mediante un montaje, apareció ensangrentado
y haciéndose el muerto, ante funcionarios de esa sede, acción por la que
fueron inculpados y fusilados los hermanos García Marín. Sin embargo, en
l985 y tras efectivas indagaciones, logramos establecer que aquel muerto
de utilería, estaba vivo, que vivía en el Reparto Fontanar del Municipio
Habanero de Boyeros y, también, que su nombre real es el de Isidro
Peñalver León, un sub teniente por esa época del Ministerio del
Interior.
La noche en que un escuadrón de la muerte se llevó de
la celda que compartíamos, a los tres Hermanos García Marín, los abracé
y los despedí con una indescriptible desolación. Ellos iban serenos,
seguros que nosotros denunciaríamos sus asesinatos e impediríamos la
impunidad del regimen. Así ha sido. Unos años mas tarde, también tuve
que decir adios para siempre al abogado Aramís Taboada, quien tanto nos
había ayudado en los tiempos iniciales del Comité. Aramís había sufrido
un infarto cardiaco por falta de asistencia médica, en esa misma cárcel
del Combinado del Este.
El Coronel Edelmo Castillo, jefe de aquel recinto
para la ejecución de las venganzas de Fidel Castro, ordenó que dejarán
morir a Aramís Taboada. La esposa de aquel afamado jurista, Clotilde
Fernández, hizo cuanto pudo por intentar salvarlo, incluyendo el hacerle
llegar medicamentos a través de prisioneros comunes para así , tratar de
aliviar el azote de salud que padecía. Una y otra vez, esas medicinas
fueron confiscadas por guardias a las órdenes del mayor José Aladros,
jefe de orden interior de la citada prisión. Nosotros hicimos cuanto
estuvo a nuestro alcance para preservar la vida de ese amigo entrañable.
Todo fue inutil. Aramís Taboada fue asesinado mediante una muerte
clinicamente inducida, según las instrucciones de Fidel Castro.
El crimen fue a fines de l965.-
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