El costo en vida de las revoluciones

Emilio Ichikawa
14 de enero de 2006


El doctor Armando Lagos, dice la estudiosa de la memoria cubana María  Werlau, es la inspiración de un proyecto que tiene como objetivo
central certificar las muertes de la violencia revolucionaria en la
historia de Cuba. Pedro Corzo y Marifeli Pérez-Stable también
trabajan en proyectos afines al de Werlau, por lo que cabe pensar que
no hay intención de olvidar en cualquiera de las alternativas que
depare el futuro de Cuba.

El 30 de diciembre pasado The Wall Street Journal publicó el artículo
Counting Castro's Victims donde la periodista Mary Anastasia ÒGrady
explicaba los alcances del trabajo de Lagos, Werlau y el resto del
equipo; y le sucedió The Boston Globe, que en su edición del 4 de
enero reciente publicó un artículo del columnista Jeff Jacoby
titulado 9,240 victims, and counting, que también elogia el proyecto
de la estudiosa cubana.

El trabajo ''archivo de la memoria'' se centra en la documentación
probada de las muertes que la violencia política ha cobrado en Cuba.
Sus resultados, impresionantes para cualquier lector, pueden ser
consultados en la página electrónica de su proyecto
www.cubaarchive.org. El político más cuestionable en este estudio es,
por supuesto, Fidel Castro, quien ha estado suficiente tiempo en el
poder como para desbordar todos los records. Pero el estudio referido
va más allá del anticastrismo, no sólo porque estudia la violencia en
períodos anteriores a la revolución de 1959, sino porque cuestiona el
uso indiscriminado de esa violencia incluso en la etapa que se abrirá
una vez que desaparezca el insólito tirano de la escena política de
la isla.

Estudiosos y políticos del prestigio de Carlos Alberto Montaner
declaran que no hay por qué esperar una transición violenta en Cuba;
y se entiende: como políticos, están tratando de cosechar en la
declaración el menor mal posible. Pero debemos ser objetivos: en
medio siglo de castrismo hay demasiado rencor acumulado, incluso al
interior de las mismas familias. El ''pase de cuentas'', según las
noticias que nos llegan desde La Habana, ya ha comenzado. Es como si
decidiéramos no decir las cosas para que no sucedan, cuando de lo que
se trata es de decir lo que está sucediendo para tener control sobre
el proceso.

Ir de frente a la verdad, con valor, debe ser la filosofía del futuro
cubano. La mentira ha ocupado demasiado espacio en nuestras vidas. Y
si es cierto, como dijera Martí, que hay cosas que hay que mantener
ocultas para alcanzar ciertos fines, es cierto también que hay otros
fines que se malogran precisamente por la parte de verdad que faltó
por decir.

A principios de marzo de este 2006 se editará en Miami
otro ''Memorial'' de la historia contemporánea de Cuba. Miles de
muertos serán identificados con sus cruces, mientras otros serán
evocados en una cruz gigantesca pues su fallecimiento no se ha
podido documentar con rigurosidad.

En la edición del pasado año las entrevistas permitieron documentar
doscientas muertes más. María Werlau, quien lleva la parte ejecutiva
del proyecto, necesita que la gente cuente su experiencia para
mostrarle al mundo que no se trata de una cuestión de opinión, sino
de objetividad: la historia reciente de Cuba ha costado demasiadas
muertes. Aunque el material es doloroso, hay un vacío en nuestra
memoria que de cualquier forma debemos llenar.