Walesa en su casa

Adolfo Rivero Caro

Recuerdo, en diciembre de 1981, en el Combinado del Este, la preocupación con que Ricardo Bofill, yo y algunos amigos discutíamos el golpe de estado de Jaruzelski en Polonia. El sindicato Solidaridad había sido declarado fuera de la ley y sus activistas estaban siendo detenidos. A nosotros, como a tantos otros presos políticos cubanos, esto nos preocupaba mucho más que nuestro incierto destino personal. ''El movimiento ha echado raíces en la sociedad polaca'', decía Bofill con su indestructible optimismo, y por consiguiente ''es imposible de destruir''. Sin duda esto era cierto a largo plazo pero, como decía Lord Keynes, a largo plazo todos estamos muertos. Aunque deprimidos por el desastre, encontrábamos un mínimo consuelo en que las tropas del Pacto de Varsovia no hubieran intervenido. Después de todo, en diciembre de 1980, se sabía que medio millón de soldados del pacto habían estado en estado de alerta en las fronteras de Polonia. Sin embargo, no había habido otra sangrienta matanza como en Hungría. La intervención había sido evitada. Pero el golpe de estado se había estado preparando desde entonces.

Solidaridad había surgido de las entrañas mismas de la sociedad polaca. Al igual que en 1956, 1970 y 1976, el factor económico --el alza del precio de la carne anunciado el primero de julio de 1980-- jugó el papel de detonador. El movimiento empezó con una huelga general en Lublin. A partir del 16 de agosto, los astilleros navales de Gdansk, cuna de la revuelta de 1970, se convirtieron en la sede de las empresas en huelga que comprendía huelguistas de toda Polonia. Lech Walesa, un electricista de los astilleros, encabezó el movimiento. Había sido despedido unos meses antes por haber tratado de crear un sindicato clandestino independiente. Desde el primer momento estuvo rodeado de un grupo de intelectuales contestatarios apoyados, a su vez, por numerosos curas que no sólo predicaban desde sus iglesias, sino que estaban presentes en los mismos centros de trabajo. El dinamismo de la Iglesia no era ningún misterio. Juan Pablo II había sido electo Papa en 1979.

En 1985, sin embargo, Solidaridad parecía liquidada. Tras la tensión creada en octubre de 1984 por el asesinato del padre Popieluszko, muy cercano a Solidaridad, el país parecía ''normalizado''. En realidad, sin embargo, la situación era como la veía el gran escritor emigrado Gustav Helinrg-Grudzinki: ''Los gobernantes quieren seguir gobernando solos, quizás un poco mejor, pero no saben cómo. Los gobernados, en su mayoría, están en la oposición pero no saben cómo traducirlo en una acción política concreta''. Al pueblo polaco le parecía que la emigración era la mejor forma de escapar de la siniestra realidad del país. Desde principios de los años 80, más de 600,000 personas habían emigrado, en su mayor parte jóvenes calificados. ¿A alguien le resulta familiar esta situación? La llegada al poder de Mijaíl Gorbachov en 1985 fue bien recibida en Polonia y Jaruzelski se convirtió en uno de sus más entusiastas simpatizantes. El status quo era insostenible y querían reformas. Era, como ahora sabemos, el principio del fin.

¿Por qué celebra Lech Walesa una teleconferencia con los disidentes cubanos en La Habana? Porque posiblemente se siente más cerca de ellos que de muchos de sus compatriotas polacos. ¿Por qué viene y regresa a Miami? Porque aquí encuentra una militancia contra la dictadura comunista que no existe en Europa y otras partes del mundo. Los furiosos manifestantes de la antiglobalización, los que tantos destrozos había causado en Seattle y otras ciudades del mundo, aquí no se pudieron mover. ''Van a estar controlados'', aseguró Joe Arriola, administrador de la ciudad. Y así fue.

Los muy malagradecidos todavía están poniendo demandas contra la brutalidad policial cuando la realidad es que la policía los estaba protegiendo de la ira de medio millón de víctimas de la represión comunista. Miami es la capital de la contrarrevolución marxista en el mundo. Es por eso que es la ciudad más odiada por los liberales americanos. Lo vimos cuando el caso de Elián: se creyeron que nos habían humillado cuando secuestraron al niño. En el quinto año de gobierno de Bush todavía les estamos pasando la cuenta.

Es por eso que Lech Walesa nos visita una y otra vez. Aquí se siente en su casa. Aquí recupera la pasión y la pureza de los mejores momentos de su vida. Por mi parte, pienso ir al seminario sobre la transición polaca el próximo lunes. No nos hacen falta invitaciones oficiales. Somos sus compañeros. Estábamos con Solidaridad y con Lech Walesa en 1980 y 1981. Y nosotros y toda la disidencia cubana, hasta el día de hoy, nos inspiramos en su ejemplo. Aquí en Miami, Walesa está en su casa.