|
Por Norberto Fuentes Es difícil hablar de Tania Díaz Castro y del original de 77 páginas mecanografiadas que ha hecho llegar a Miami. No porque falte amor ni comprensión para hacerlo. Ni siquiera la oportunidad política de exponerla como una víctima nítida del señor Fidel Castro facilita las cosas. El problema es que esta mujer ahora desolada y triste y evidentemente desorientada y deshecha por una maquinaria policíaca implacable y con una desesperada necesidad de ser protegida y de que se Ie tienda una mano, procede de la institución de mayor dignidad e inquebrantable y limpia actitud con que dispone la República ---o el sueño de lo que será esa República--- que es el Comité Cubano Pro Derechos Humanos, el único y auténtico baluarte o santuario con que se cuenta desde el triunfo de la Revolución Cubana. Y Tania es la sola persona en toda la historia de 23 años de ese movimiento disidente cubano que se quebró al punto en que su voz es la única que se ha alzado en contra de sus compañeros. La sentaron frente a una cámara de grabación de video y la emplearon en uno de esos programas de propósitos desmoralizantes producidos por Seguridad del Estado. Ella aceptó, con el objeto de liberal a una hija de la cárcel. Cedió ante el chantaje de los interrogadores. Esto fue algo que vió claramente Heberto Padilla en el mismo instante de los acontecimientos, y ya desde entonces escribió una emotiva crónica para tenderle la mano. Fue algo que también vió y supo Ricardo Boffil, el organizador del Comité, y, en silencio y apretando los dientes, decidió esperar por mejores tiempos. De cualquier manera quedaba abierta la herida. Una organización que hasta entonces no había conocido una sola denuncia de entre sus integrantes, porque, entre otras cosas, no hay nada que denunciar de una asociación que no tiene frentes clandestinos y que ejerce toda su actividad a la luz pública, conocía el tratamiento público que en los años 60 se solía ofrecer a los teams de la CIA o los conspiradores contrarrevolucionarios ---no por que hubiese ningún contrasentido en las primeras oleadas de resistencia (a no ser el alto costo en vidas que se derivó de pelear en un momento y en un terreno absolutamente favorable para el enemigo), que buscaron abrirse paso a través de la guerra---, sino porque era el intento gubernamental por desvirtuar la naturaleza de un movimiento por esencia pacifista. Aunque los acontecimientos inmediatos posteriores fueron suficientes para demostrar que, par esta ves, Seguridad del Estado había fallado, puesto que desde entonces fue Tania la única mujer que pudo ser utilizada par los oficiales de Villa para unas sosas declaraciones de televisión y porque el movimiento disidente cubano, lejos de ser derrotado y extinguido, como en su tiempo lo fueron todas las organizaciones contrarrevolucionarias, es un organismo en constante crecimiento y vital, al punto de haber reducido en forma sustancial la capacidad de maniobra política y represiva del señor Fidel Castro. Pero el mismo, exitoso método con el que vencieron a la contrarrevolución y al branch cubano de la CIA, es el método del fracaso y en todos los sentidos del ridículo conque tratan de controlar a la disidencia. Aunque todo el mundo está consciente de que la disidencia debe estar infestada de infiltrados, los resultados de este despliegue resultan perfectamente soportables en el campo contestatario. No hay forma de apresar en la mana y detener el escurrimiento del agua clara que corre en el arroyo. En lo que falló Seguridad del Estado y su cliente principal, Fidel Castro, es en demostrar su incapacidad operativa frente a la lucha pacifica y frontal. Su incomodidad para moverse en un nuevo mundo y su derrota en el campo de las ideas es evidente ahora. De ahí el imperativo fidelista de buscar un pariente de horca y cuchillo para la disidencia cubana, todas sus esperanzas cifradas en hallarle un aliado exterior que puede ser descrito como agresor. El imperativo de estos regímenes. se sabe. es disponer de un enemigo. Sartre vió esto claro (aunque situándose en el bando fidelista) cuando describió la Revoluci6n Cubana como un proceso de contragolpe. Pero, ¿es éste el desenvolvimiento necesario de todas las revoluciones modernas? Los teóricos de la Perestroika lo describían a su manera cuando pontificaron que toda la vida soviética estuvo dominada par el espíritu de la guerra civil permanente. Si recios jefes de la contrarrevolución cubana y dotados y muy bien entrenados agentes de la CIA inauguraron los paseos par la televisión cubana y los desgastaron en histriónicas tiradas contra el exilio de Miami y el imperialismo yanqui, los oficiales de Villa se han tenido que contentar hasta hay con la sola presencia de una mujer quebrantada y solitaria en su intento par golpear las filas de la disidencia. Tania ha tenido que cargar con todo esto. Y en estas páginas enviadas a Miami, es transparente su añoranza par los días de gloria. Su añoranza par el regreso y porque sus antiguos compañeros Ie tiendan la mana. Tania quiere reincorporar su voz al escenario en el que la disidencia cuenta ya con heroínas como Martha Frayde, condenada a 29 años de prisión en 1976 y que no profirió una sola palabra contra sus asociadas del recién creado Movimiento Pro Derechos Humanos, y Martha Beatriz Roque, desafiante como un Sol ante el tribunal que acaba de juzgarla y condenarla a 3 años de prisión (luego de más de 17 meses de confinamiento en cárceles) Y para iniciar su nuevo intento, Tania acaba de juntarnos todos sus tesoros, sus más preciadas posesiones, para entregárnoslas en prenda de su buena voluntad. Los tesoros que son estas palabras. que son estas tristezas. que son estas memorias. Conozco y doy fe de la pasión que en las últimas semanas ha impulsado a Ricardo Boffil, y a Reinaldito Bragado, y a Adolfo Rivero y a Heberto Padilla, correteando par todo Miami, tocando a todas las puertas, para lograr una edición decorosa de este primer libro de Tania en libertad. Compañeros y amigos como éstos son útiles para emprender cualquier viaje. Tania está en buenas manos. Siempre estuvo. |