Diario Las Américas, 19 de marzo de 1996.

LA PRENSA INDEPENDIENTE EN CUBA

Es increíble como la sociedad cubana, a pesar de la represión, ha creado poco a poco una sociedad civil paralela. Una muestra de ello son los grupos de periodistas independientes que constantemente envían desde Cuba información y artículos de análisis, noticias sobre el desastre económico castrista y el aumento de la represión contra la población en general.Originalmente, cuando el movimiento de derechos humanos de Cuba se hizo público dentro de la isla finales de la década del 80, a partir de una oración solemne realizada en memoria del sacerdote polaco Jerzy Popieluzcu en la iglesia de San Juan de Letrán, en el barrio habanero del Vedado, nunca los escasos integrantes iniciales imaginaron que la proliferación de grupos vinculados al movimiento llegara al extremo de no poder contarlos. Hay que agregar la especialización que han alcanzado. Existen grupos dedicados a los problemas sindicales, colegios de abogados independientes, de profesionales de la medicina, de artistas, de apoyo a los presos políticos y sus familiares, y así hasta un grupo especializado en la confección de las listas de los desaparecidos en el Estrecho de la Florida -los balseros- de los cuales sólo se cuenta con la información de los que tuvieron la suerte de llegar a tierras norteamericanas.

Los grupos de periodistas independientes dentro de Cuba se han hechado al hombro la difícil tarea de enviar al exterior lo que realmente sucede en los predios de Castro, y por supuesto, en contra de la voluntad del tirano. Meritorio es señalar que las actividades que desempeñan pueden ser catalogadas por el código penal vigente en Cuba como "propaganda enemiga" o "asociación ilícita", sin contar otros acápites que se les pueden aplicar, todos índice de delitos que conllevan severas penas de privación de libertad. En fin, se trata literalmente de reportajes "al pie de la horca" (¡vaya ironía!).

Nosotros, desde el exterior, poco podemos hacer, salvo ayudarlos económicamente y, sobre todo, lograr que los organismos internacionales que observan el cumplimiento de las libertades del hombre y denuncian la violación de los derechos humanos, conozcan la labor de estos periodistas y no los dejen solos frente a la represión. La Sociedad Interamericana de Prensa -SIP- y la organización de Periodistas sin Fronteras, han realizado una loable labor en ese sentido y han desenmascarado al régimen de La Habana internacionalmente.

Pero hace falta más. Las grandes firmas del periodismo internacional se deben interesar en el tema y escribir sobre él (por supuesto, no soñamos que personajes de la calaña de García Márquez lo hagan). Es una labor difícil que se puede desarrollar sólo a nivel de relaciones personales con esas figuras prominentes. No debemos escatimar ni un solo minuto de trabajo para ayudar a esos colegas dentro de la isla. En manos de nosotros está, probablemente, la suerte que corran sus vidas. A los periodistas de aquí, de Miami, les recuerdo que un simple artículo ayuda mucho y, en resumida cuentas, es lo menos que podemos hacer. De todas formas, las noticias seguirán llegando desde Cuba porque el periodismo libre es mucho más antiguo que Castro.