| Diario Las Américas,
USA, 16 de enero de 1996. ALGUNAS PRECISIONES SOBRE CONCILIO CUBANO Algunas de las objeciones que se hacen -o se hacían, aunque algunos insisten- a Concilio Cubano son, según mi criterio, producto de la mala intención o la ignorancia política. Una de las críticas más propagadas consiste en condenar a Concilio Cubano por haber pedido autorización a la dictadura para hacer la reunión del 24 de febrero pasado. Los que hacen esta crítica, e insisten en ella, saben muy bien que los grupos miembros de Concilio desde hace muchos años se han reunido, sin permiso de la dictadura, entre ellos, con la prensa extranjera, con visitantes a la isla, con activistas de otras provincias, con miembros de las embajadas occidentales radicadas en la isla, con presos y ex presos políticos y sus familiares y con cuanto extranjero que visita Cuba quiera escucharlos, incluyendo a funcionarios norteamericanos. Todo eso sin permiso de la dictadura. De hecho, todo el movimiento de derechos humanos se basa en reuniones de trabajo no autorizadas por la dictadura que sus miembros han llevado a cabo de todas maneras. La prueba material de estas reuniones son los activistas presos y los miles de documentos que emiten estas organizaciones denunciado la violación de los derechos humanos en Cuba. Otro argumento que se alega es que Concilio no existe. Veamos. Si los miembros de Concilio son la mayoría de los grupos del movimiento de derechos humanos, y estos grupos envían al exterior un elevado por ciento de las informaciones sobre lo que ocurre en la isla -diría que el 99 por ciento-, ¿cómo es posible que no existan? ¿Las denuncias son un espejismo? No lo creo.Este trabajo -de los que supuestamente no existen- se traduce en miles de denuncias sobre las violaciones de los derechos humanos en Cuba, trabajos de análisis, periodismo independiente, informes económicos que se publican en el exterior y, en el caso de las denuncias, se transforman en informes profesionales que van a parar a todas los organismos internacionales, personalidades mundiales o dignidades religiosas que los quieran recibir. Pero este trabajo no es de ahora, de cuando surge Concilio, sino que data desde los inicios del movimiento de derechos humanos. Escuchen cualquier programa de radio en Miami, o lean cualquier periódico, y comprobarán que las informaciones de los noticieros proceden de fuentes noticiosas de los grupos de derechos humanos dentro de la isla, porque muy poco de interés envían los corresponsales extranjeros acreditados en La Habana por razones que todos sabemos. Si los grupos de derechos humanos que conforman Concilio no existen, es un verdadero milagro, o magia de alto rango, el que las emisoras y los periódicos locales publiquen informaciones emitidas por entes inexistentes. De hecho, si no existieran, las emisoras tendrían que cerrar, poner música o hacer noticieros internacionales. Debo agregar que, si siempre se reunieron sin permiso, alguna razón debe haber para que ahora lo pidan. Tal vez muchos no la vean, y otros no la quieran ver convirtiéndose en los peores ciegos, los que no quieren ver. Ellos buscaban poner en una situación internacional difícil a Castro. Y lo lograron y todos lo saben, incluso los que acusan a Concilio de ser una simple fantasía. De todas formas, si quedan dudas, me remito a Castro: declaró a la revista Time que era inadmisible que Hermanos al Rescate ayudara a Concilio. Muy pocas personas fuera de Cuba han recibido el extraordinario honor de ser insultadas por el dictador. Me basta. |