MARIA ELENA CRUZ VARELA

Con el "Premio Libertad 1992" otorgado a la poeta cubana María Elena Cruz Varela por la Internacional Liberal, en Washington, se reconoce la labor de todo un movimiento que tiene muchos años de antigüedad. Ese premio va más allá de la propia Cruz Varela: todos y cada uno de los miembros del extenso movimiento de derechos humanos reciben parte de ese galardón. Me produce alegría saberlo, aunque opino que hacen falta más reconocimientos de este tipo para los que están dentro de Cuba.

Menos mal que el mundo comienza a mirar hacia la isla. Hay que decir que hemos estado huérfanos, en nuestra lucha, de este tipo de apoyo que ahora recibe Cruz Varela, apoyo que usualmente se le otorgaba a los disidentes en el, gracias a Dios, desaparecido bloque socialista. No sé por qué ha sido así y, aunque lo sospecho, es material para otro artículo. Por ahora es tiempo de celebración, de aplaudir el gesto de la Internacional Liberal y trabajar porque otros que sufren en Cuba, incluso en prisión, sepan que el mundo no los ha olvidado.

El sector cultural cubano -el de adentro y el otro, el del exilio, muy diferente- se ha convertido en una línea de confrontación. Constantemente emisarios de la dictadura que además son escritores, viajan por el mundo alabando las bondades de Castro y pidiendo el levantamiento del embargo. Tomás Gutiérrez Alea, Pablo Armando Fernández, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Miguel Barnet, son sólo unos pocos nombres de los que insisten en una política de odio. Es triste verlos maniobrar en el exterior de Cuba, aún hoy, contra los que persiguieron dentro de la isla. A veces me pregunto la razón de tanto odio cuando en realidad todos estamos dispuestos a abrir nuestros brazos cuando ellos deserten del castrato. He discutido con algunos y no ceden: ellos son los que son. No comprendo por qué tanta insensatez y tan sostenida. Tal vez se trate de que no les queda más remedio que seguir odiándonos. Recuerden que la sola existencia del perseguido es la prueba del delito cometido por el perseguidor. Si en el exilio un escritor publica un libro, es la prueba documental de que en Cuba no pudo hacerlo debido a la política cultural de la dictadura de la cual son funcionarios los arriba señalados.

Espero que si Cruz Varela hace gestiones por un capítulo del Pen Club en Cuba, no caiga en manos de los que aún transpiran odio. Es un paso peligroso y se debe recordar que Armando Valladares, Angel Cuadra, Jorge Valls y Ernesto Díaz, pertenecen a diferentes capítulos del Pen Internacional. No será difícil exigir el reconocimiento dentro de la isla de estos exiliados si se concede una filial, de lo contrario todo se resume "fresitas y chocolatitos". Mientras más pronto se defina el terreno mejor para todos.

También se debe apuntar que hay muchos que hoy caminan por la calles de la isla rumiando su amargura debido a la exclusión de que son objeto por parte de la dictadura. Con esto no exijo que la dictadura los reconozca, todo lo contrario, un reconocimiento por parte de la oficialidad es una ofensa que, al menos yo, rechazaría. Lo que quiero hacer notar que una filial del Pen en Cuba debe servir a los legítimos intereses de los creadores libres, de ninguna manera a los círculos del sistema (ya ellos tienen su Fundación Milanés).

De nuevo felicitaciones a Cruz Varela y al movimiento de derechos humanos dentro de Cuba. Este es sólo el primero de una larga lista de galardones que le espera.