Diario Las Américas, USA, 11 de noviembre de 1992.

LOS DERECHOS HUMANOS COMO PROPUESTA

El movimiento de derechos humanos dentro Cuba, cuyo inicio se remonta a la década de los años setenta con la fundación del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, se extiende por la isla como si se tratara de una epidemia. Se puede asegurar, con pequeño margen de error, que la oposición a la dictadura de Castro en estos momentos se resume a ese movimiento, lo cual no va en detrimento de otros intentos o vías, como la resistencia violenta cuyas acciones se limitan en gran medida a sabotajes aislados e individuales, propagandas antigubernamentales, etc. Puntualizo que hablo de la actividad anticastrista dentro de Cuba y no de los valerosos intentos que se hacen desde el exterior.

Creo que el exilio ha sido incapaz, por muchas razones que se escapan de las manos de los exiliados, de crear una propuesta coherente a la situación cubana. Y no hablo de estos momentos, sino desde el comienzo. Si miramos atrás, todas las vías empleadas -desde la invasión por Playa Girón hasta los ataques comandos- han terminado en fracasos y han sembrado de mártires y héroes nuestra historia reciente. Ante cualquier duda basta mirar hacia La Habana y ver quién está en el poder. Las razones que han hecho posible que esto sea así son complejas y difíciles de analizar, pero han dejado un vacío de propuesta para la población cubana que, con el paso del tiempo a partir de 1959, se fue alejando de la órbita de influencia del pensamiento anterior a Castro gracias a la desinformación y al absoluto dominio de la sociedad cubana por parte de la dictadura con el uso de férreos métodos de represión. Ninguna ideología coherente ha sido propuesta a los de la isla para oponer a la desinformación de Castro, sólo un concepto que en el sentido práctico es bastante etéreo aunque sea de capital importancia: la libertad. No basta con decir a alguien que luche por su libertad, se necesita algo más.

Este vacío lo ocupó un documento que, por su amplio sentido humanitario y su carencia de color político, es fácil de abrazar: la Declaración Universal de Derechos Humanos, y esta propuesta nace en la isla, de los que viven bajo el terror. Pero eso es sólo el comienzo. El movimiento se desarrolla y lo que salió a la palestra con un pequeño grupo, ahora es un abanico de más de cien organizaciones que se especializan en defender diversos campos de la vida social: sindicalismo, defensa de religiosos, de presos, reivindicación de derechos políticos, defensa de madres de presos, de artistas e intelectuales, de la ecología, etc. Algunos mentes claras en el exilio vieron el valor de la Declaración y la usaron para desprestigiar a Castro en el mundo, pero no podían operar dentro de Cuba y aún no existía Radio Martí.

La Declaración Universal, de ser respetada, daría al traste con la dictadura. Pero no se puede ser ingenuo: Castro también lo sabe y por tanto no la respeta, de la misma forma que sabe lo dañino que son para él los sabotajes y por eso fusila sin miramientos al que los haga.

El volumen de denuncias que envían los activistas de Cuba al exterior cada día es mayor y el exilio se hace eco de esta labor a través de las diversas emisoras y en todos los rincones del mundo. Ya casi se trata de una función automática que ha ido involucrando a una mayor cantidad de personas dentro de la isla. Ese movimiento, sin duda, tendrá que radicalizarse, de hecho, ya lo hizo. No es desatinado augurar que las propuestas de resistencia civil que se han lanzado dentro de Cuba adquieran perfiles cada vez más peligrosos para la dictadura. No se debe olvidar que la propia Declaración consagra el estado de derecho para las naciones con el fin de que los ciudadanos no tengan que recurrir al supremo recurso de la violencia. La Declaración, de hecho, aprueba la violencia si no se vive en un estado de derecho. El movimiento de derechos humanos terminará -si antes no ocurre el ajusticiamiento de Castro- en un movimiento clandestino de oposición violenta. No veo otra salida. Aquí alguien podría preguntar: ¿si es así por qué no si han seguido las orientaciones de resistencia armada? La respuesta es fácil: porque las condiciones que convierten al hombre común en un combatiente no se pueden importar. Es un proceso que sólo el que lo vive determina cuándo. Por eso hay que estar alerta. Esos hombres necesitan nuestra ayuda y la necesitan desde ahora.