Diario Las Américas, USA, 16 de junio de 1992.

LOS DISIDENTES: UN CONCEPTO INCONCLUSO

Los términos cambian su contenido o significado de acuerdo a las circunstancias que los rodean, el uso que se hace de los mismos y que a la larga los modifican. El paso del tiempo convierte en borrosas las líneas que determinan su contenido. El término disidente es uno que hoy día cobra, sobre todo en lo relacionado con la realidad cubana, diversas connotaciones debido al uso indiscriminado que se hace de él.

Si buscamos un diccionario cualquiera de la lengua española, por ejemplo, el Larousse, vemos los siguientes significados: Disidencia: "separación, grave desacuerdo de opiniones. Sinónimos: discrepancia, desacuerdo, escisión, cisma, secesión". Y para disidente tenemos: "que diside o se separa, que no pertenece a la iglesia oficial". Y disidir, como verbo, significa separarse de una doctrina, creencia u opinión.

Hasta donde he podido rastrear, el calificativo de disidente -en connotación política- comienza a usarse en los primeros años de la década del sesenta, aplicándosele a opositores radicales del comunismo en todas sus variantes. Alexander Soljenitsyn, Vladimir Bukowsky y Anatoli Charansky, son calificados como tales y algunas características deben ser mencionadas. Antes quiero agregar que a los científicos que discreparon de la escuela sicoanalista de Sigmund Freud, como Ernest, Jung y Adler, se les llamó también disidentes.

Pero en el terreno político, buscando la punta de la madeja, encontramos que un disidente es una persona que, conociendo el sistema desde dentro, se separa y adopta una actitud contraria al mismo, no reformista, sino contraria. Otra característica es que el disidente hace un acto de fe público contra el sistema dentro del territorio nacional -rasgo importante- lo cual, por supuesto, lo conduce a prisión. Como ven, el "nuevo" significado del término ya no se ajusta a lo que apunta el Larousse y si buscáramos un sinónimo no encuentro otro mejor que el de opositor.

En cuanto a la reciente historia de Cuba pienso que la persona que más se acerca a esta definición es el comandante Huber Matos quien, con la postura contraria y pública dentro de la isla, reúne los requisitos del término. Hago notar que su actitud fue de total oposición, no de reformas.

Hoy día quizás el término esté ensanchándose debido al uso que se hace de él por personas que no conocen su significado. Se califica con frecuencia a un alto funcionario del régimen que deserta en el exterior de Cuba sin antes haber discrepado con la dictadura como disidente, sin embargo, no reúne las condiciones antes señaladas, a saber, el oponerse radicalmente dentro del país al sistema. Este error llega al extremo de calificar de disidentes a funcionarios de la dictadura que se asilan por razones estrictamente personales, como la pérdida de algún privilegio en estos tiempos duros para la nomenclatura cubana. Cuando un periodista, escritor o funcionario cubano decide abandonar la isla y después, sólo después y a salvo en un país extranjero, arremete contra el sistema, no es un disidente. Hay que buscar otro calificativo para tal actitud o la confusión llegará a niveles de confundir un submarino con un automóvil.

Otros que también son calificados erróneamente como disidentes, según mi criterio, son los que dentro de Cuba aspiran a reformas sin aniquilar el comunismo en cualquiera de sus variantes. Esto, de acuerdo a mi punto de vista, es una corrupción del término y es más exacto calificar a estas personas de reformistas.

Con los apuntes anteriores no busco crear una categoría teñida de exclusividad para algunos, sino esclarecer el significado de términos que son usados por la propia dictadura para hacer un uso político del lenguaje. Existen otros ejemplos: revolucionario, contrarrevolucionario, izquierda, derecha, progresista y reaccionario. Los cuatro términos, con el paso del tiempo, han perdido su significado original.

Contrarrevolucionario es Castro y su comparsa, tanto dentro como fuera de Cuba, y revolucionarios son los cubanos que quieren revolucionar la isla y convertirla en un estado democrático. De izquierda no puede ser un millonario que paga pésimos salarios y adopta posiciones supuestamente de izquierda, como preocuparse por el hambre del pueblo cubano pidiendo el levantamiento del bloqueo. Ese millonario sólo puede ser calificado de ultraderechista, porque aspira a que permanezca en Cuba una dictadura que sólo puede ser relacionada con lo más retrógrado de la historia.

Por los ejemplos anteriores podemos concluir que los términos y su uso son de capital importancia en la lucha de las ideas. Hago estos apuntes como un humilde llamado al estudio de este tema por parte de especialistas, estudio que tal vez ayude a que las máscaras caigan un poco y dejen ver el verdadero rostro de los farsantes.