| El Nuevo Día, Puerto
Rico, 13 de diciembre de 1991, publicado bajo el título
de "Horror y poesía en una misma condena". GINEBRA: LOS TRIUNFADORES AUSENTES Después de ocho años el movimiento de derechos humanos dentro y fuera de Cuba ganó la partida en Ginebra. No ha sido fácil, pero al fin nos llega la satisfacción del deber cumplido, aunque la guerra continúa. Pero existe una larga lista anónima que no aparece en las fotografías de los periódicos. Para que se tenga una idea de cuántos desconocidos hay detrás de este triunfo haré la siguiente anécdota. En febrero de 1987 la emisora Radio Martí transmitió hacia la isla, precedido por una gran propaganda, un programa grabado clandestinamente en Cuba por miembros del Comité Cubano Pro Derechos Humanos. Con más de una hora de duración se escucharon en Cuba por primera vez las voces de personas que, viviendo en el país, denunciaban los crímenes del dictador Fidel Castro. La grabación fue repetida varias veces y conmocionó a la audiencia de la nación. En el exterior, hasta donde tengo noticias, se han hecho más de tres ediciones del texto -en inglés y español- y fragmentos fueron reproducidos en muchas revistas y periódicos. Pero el meollo de la anécdota no es ése, sino lo que sigue a continuación. Al día siguiente de la transmisión tocaron a la puerta de mi casa en la calle Curazao 24, Habana Vieja -la bella, la intramuros de tejas, vitrales, adoquines y persianas de madera-, y cuando abrí encontré a un hombre cuyo rostro me era vagamente conocido del barrio. Se veía nervioso y cargaba bajo el brazo un pequeño paquete. Le di las buenas noches y con voz entrecortada, pero aprisa, me disparó una pregunta: -¿Es verdad que usted es uno de los que habló ayer por radio Martí? -Sí -contesté y agarré firmemente la puerta. Esperaba una agresión o el inicio de un acto de repudio. -Soy vecino suyo, vivo cerca de aquí y usted pasó hoy por el frente de mi casa. Un amigo me aseguró que usted es uno de los activistas de derechos humanos. -Exacto -contesté sin saber muy bien hacia dónde dirigía la conversación el extraño visitante. -Aquí le traigo -dijo y puso en mis manos el paquete-. Son unas boberías para comer. Se fue sin darme tiempo a dar las gracias. Cuando abrí el paquete contenía varias latas de conservas y un nylon con pescado. En realidad, ese día no había nada que comer en mi casa. Llamé a unos amigos del movimiento y cociné un fastuoso "banquete" gracias al inesperado bienhechor. Muestras de cariño y gratitud como ésa recibimos muchos de los activistas de derechos humanos dentro de Cuba, incluso de personas pertenecientes al gobierno que nos enviaban alguna ayuda a través de varios intermediarios. Esos anónimos también ganaron en Ginebra, pero no están en ningún cintillo de la prensa. Hay otra lista de triunfadores ausentes que hicieron mucho en estos años. El joven escritor Guillermo Hernández, fallecido, que anduvo por Ginebra dando testimonio de las violaciones de los derechos humanos en Cuba y repartiendo propaganda a favor de los activistas de la isla, él es uno de ellos y tuve conocimiento de su labor antes de llegar a Estados Unidos. Por supuesto, no podía faltar en la recapitulación el destacado escritor Reinaldo Arenas, también fallecido, que robó mucho tiempo de su importante creación literaria para atacar, con atinado verbo y cortante prosa, a la dictadura y sus cómplices, además de desplegar un importante movimiento de cartas abiertas con firmas de las figuras más destacadas de la cultura universal. El último gran ausente, fallecido la semana pasada, es el hispano-cubano Néstor Almendros, cineasta premiado con el "Oscar" quien junto a Jorge Ulla realizó el filme "Nadie escuchaba", contundente golpe a Castro, y en colaboración con Orlando Jiménez leal "Conducta impropia", otra bofetada a castro. Hay otra legión de triunfadores anónimos que aún están en la isla. Son aquéllos que ayudan a los presos a sacar las denuncias de las prisiones, que las ocultan en los lugares más insospechados y después les dan curso al exterior a través de una larga cadena de activistas que termina aquí, en Miami, la capital del dolor, para que posteriormente se propaguen por el mundo y lleguen a manos de todos los que quieran escuchar. El embajador de la ignominia, Raúl Roa, sabe cuán nutrida es la legión de triunfadores ausentes y por eso él, su familia y el resto de las camarilla castrista -nosotros lo sabemos-, acumulan dinero en cuentas bancarias fuera de Cuba para disfrutarlas cuando salgan huyendo después del derrumbe de la dictadura. Por ahora hemos ganado, pero nos espera una dura batalla cuando pidamos a los organismos internacionales que sean devueltos al nuevo gobierno los capitales robados, levantados a partir del hambre de la población. El Nuremberg tropical llegará y con él el reclamo de los criminales de guerra y sus fortunas. Esa será otra batalla que también se ganará, pero ahora, a pocos días del triunfo de Ginebra, envío todo mi respeto a la lista de anónimos que fabricaron esta victoria paso a paso, riesgo a riesgo, y que algún día tendrá su lugar en la mejor página de la historia de Cuba. |