El Nuevo Día, Puerto Rico, 11 de septiembre de 1991, publicado bajo el título de "El stalinismo cubano rueda su vieja película".

HORROR Y POESIA

En apretada cronología del horror podemos relacionar lo ocurrido a la poeta cubana María Elena Cruz Varela en la segunda quincena de noviembre, en su propia casa y en presencia de cientos de testigos:

Lunes 18: haciendo uso de su derecho legítimo a la oposición política, asegurado por la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, proclamada el 10 de diciembre de 1948, de la cual Cuba es signataria, cientos de proclamas firmadas por Cruz Varela -presidenta del grupo opositor "Criterio Alternativo"- son lanzadas en diferentes puntos de la ciudad de La Habana con el siguiente texto: "Súmate al grupo opositor liberal Criterio alternativo".

Martes 19: En horas de la noche una turba del régimen agrede a Cruz Varela en su casa, orquestando lo que se ha dado en llamar por la dictadura "acto de repudio". Violan el hogar de la poeta, rompen los muebles, se roban documentos y una máquina de escribir, la arrastran escaleras abajo halándola por los cabellos y la obligan a comer proclamas escritas por ella provocándole heridas en el interior de la boca. Son detenidos Cruz Varela, su hija y dos visitantes que están en el apartamento. Esa misma noche son puestos en libertad y regresan a sus casas.

Miércoles 20: Cruz Varela es sitiada en su domicilio del reparto Alamar, en el este de La Habana, por turbas que no dejan de entrar ni salir a nadie, hasta el momento de su nueva detención. Ella y su familia se encuentran sin comida ni comunicaciones.

Jueves 21: Los miembros de la Coalición Democrática Cubana -grupo opositor-, Fausto Adolfo Martí, Héctor Castañeda y Raúl Garriga, tratan de llegar hasta la residencia de Cruz Varela, pero son arrestados antes de lograrlo. Adolfo Martí es dejado por la policía en manos de la turba y queda inconsciente a consecuencia de los golpes recibidos. Es trasladado al policlínico de Alamar y después puesto en libertad. Llega a su domicilio con las ropas ensangrentadas.

Viernes 22: En horas de la tarde Cruz Varela es arrestada en su casa y conducida a la sede de la policía política de Castro, Seguridad del Estado, conocida como "Villa Marista". Siete miembros más de "Criterio Alternativo" son detenidos: Elvira Baró, Pastor Herrera, Gabriel Aguado, Eliezer Aguirre, Húber Luis Matos, Fernando Vázquez Medina y Jorge Pomar. Del grupo "Arte y Derecho" es detenido Marcos Antonio Abad, quien filmó la golpiza a Cruz Varela y al cual se le despojó de la cámara y la cinta cinematográfica. La policía política castrista despliega durante el día al menos 22 actos de repudio con turbas contra otros opositores, entre ellos, Osvaldo Payá Sardiñas -"Movimiento de Liberación Cristiano"-, Elizardo Sánchez Santa Cruz -"Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional"- y Vladimir García Alderete -"Asociación Pro Arte Libre" (APAL).

Lunes 25: El gobierno de Castro presenta cargos contra los detenidos del grupo "Criterio Alternativo".

Miércoles 27: Cruz Varela es presentada a juicio en horas de la tarde en el tribunal Municipal de La Habana del este, sin el mínimo de garantías procesales requeridas. Su abogado, designado por el gobierno, al concluir el proceso dijo que la sentencia había sido muy leve considerando la gravedad de los delitos. Una turba de la policía política vocifera contra ella en las afueras del tribunal para impedir que simpatizantes de la poeta se reúnan en su apoyo. Dentro del tribunal los asientos están ocupados por oficiales de alta graduación, incluyendo al Procurador General de Cuba, Ramón de la Cruz Ochoa. A la prensa extranjera acreditada en el país se le niega la entrada al recinto. La poeta es condenada a dos años de privación de libertad por los cargos de "asociación ilícita" y "difamación", y fue tildada por el fiscal de "cabecilla contrarrevolucionaria". Se le impugna, además, que está dirigida desde el exterior del país por exiliados cubanos. Jorge Aracelio Pomar también fue condenado a dos años por los mismos cargos y Gabriel Aguado Chávez y Pastor Herrera Mancurán a 18 y 15 meses de prisión respectivamente por asociación ilícita y clandestinidad de impresos.

Hasta aquí la crónica del horror en apretada síntesis, los actos del odio y la intolerancia, la obra del desamor y la carencia de humanidad. Ahora la crónica del amor:

Viernes 22: Ricardo Bofill, presidente del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, gestiona con el relator especial de las Naciones Unidas para Cuba en el campo de los derechos humanos, Rafael Rivas Posada, que la protesta por la situación de Cruz varela llegue a manos de Pérez de Cuéllar, Secretario General de las ONU. Los embajadores de los países miembros de la Comunidad Europea -Holanda, Italia y Portugal-, efectúan una gestión, desde el punto de vista de los derechos humanos, en favor de la poeta Cruz Varela, en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. Miembros del Comité Cubano Por Derechos Humanos, presidido por Gustavo Arcos Bergnes y radicado en Cuba, gestionan en embajadas occidentales en La Habana que sus respectivos gobiernos intercedan por la detenida.

Martes 26: Ricardo Bofill efectúa entrevistas con eurodiputados con vistas a conseguir un documento de condena al dictador Castro por parte del Parlamento Europeo. El cineasta Néstor Almendros -radicado en New York- y el dramaturgo Eduardo Manet -residente en París-, realizan una gestión ante la organización francesa defensora de los derechos humanos de los cineastas, Cinema Liberté -a la cual pertenecen destacadas figuras de la cinematografía mundial como Costa Gavras y Andrzej Wajda-, para que la misma interceda por Marcos Antonio Abad, quien filmó la golpiza a Cruz Varela. Jorge Villalba, presidente del Ex Club -organización de ex presos políticos cubanos-, envió cartas a los presidentes de México, Venezuela y Colombia y a diferentes capítulos del Pen Club del mundo.

Miércoles 27: Escritores cubanos en el exilio envían cartas a las diversas ramas del Pen Club en favor de Cruz Varela. En Washington once congresistas estadounidenses envían una carta al dictador Fidel Castro protestando por los actos de repudio contra Cruz Varela y solicitando su excarcelación. Frank Calzón, presidente de la organización de derechos humanos Freedom House, despliega una campaña y envía cartas similares a 21 personalidades femeninas en el mundo para que se unan al clamor en pro de Cruz Varela.

Jueves 28: Castro recibe otra carta, esta vez de cinco ex presidentes costarricenses, solicitando la libertad de los opositores encarcelados.

Viernes 29: El Pen Club de Londres envía una carta a Castro solicitando la libertad de Cruz Varela y manifestando su indignación por la golpiza a la poeta. El Pen Club agrupa a más de 12,000 escritores de 76 países. Carlos Alberto Montaner, presidente de la Unión Liberal Cubana -grupo exiliado- comienza una campaña internacional a favor de Cruz Varela que incluirá declaraciones publicadas en diferentes periódicos de Europa y América Latina.

Hoy, sábado 30 de noviembre, mientras escribo este artículo, María Elena Cruz Varela y sus compañeros se encuentran encerrados en diversas prisiones de Cuba, despojados de sus inalienables derechos como miembros de la especie y reducidos en celdas y sometidos a condenas que no merecen. El dictador Fidel Castro tal vez pesca agujas en uno de sus yates privados en la corriente del Golfo, o ejercita la caza submarina en medio de paisajes coralinos vírgenes que sólo él puede visitar a despecho de la miseria que reina en el país.

Lo único que ha hecho María Elena Cruz Varela, nacida el 17 de agosto de 1953 en la provincia de Matanzas, Cuba, es escribir poesía. Su libro "Hija de Eva", recibió en 1989 el premio Julián del Casal de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), uno de los más importantes del país. También publicó otros tres poemarios: "Mientras espera el agua" (1987), "Afuera está lloviendo" (1989) y "El ángel agotado", que vio la luz fuera de Cuba en 1991. También hizo algo imperdonable en los predios de Castro: hacer uso de sus derechos inalienables como ser humano, incluyendo el de la oposición política.

María Elena Cruz Varela, en una entrevista reciente, anticipó su actual situación al declarar que estaba "absolutamente conciente de que hoy estoy libre, de que no estoy en la cárcel, pero mañana no sé dónde voy a estar". En una carta dirigida por Cruz Varela a la también poeta Uva Clavijo, radicada en Estados Unidos, con fecha 7 de noviembre de 1991, asegura que "nuestro país se va a pique inexorablemente. Barquito de papel trazado por un oscuro pantano. ¡Increíble! Yo siento el ruido del hundimiento. Lenta, inevitable, dolorosa caída de toda esperanza". En otra parte del texto dice que "no sé si alguna vez podremos encontrarnos. Tampoco sé cómo terminará todo esto, pero el aire huele a pólvora".

En realidad, las noticias llegadas de Cuba sobre el caso de Cruz Varela son perfectamente pronosticables. Y también se puede asegurar, sin ser un agorero, que no se equivoca la poeta cuando asegura que "el aire huele a pólvora". Castro está encerrado en el laberinto propio que él mismo ha construido con ladrillos autoritarios. Es un hombre despojado de su oficio en un mundo contemporáneo donde los dictadores han pasado a retiro, al encierro o a la muerte y, los que quedan, agonizan o tratan de disimular las charreteras militares con trajes de corte inglés o "blue jeans" y camisas floreadas como Daniel Ortega.

Además, Castro es un enemigo acérrimo de la cultura, por tanto, contrario natural de María Elena Cruz Varela. De hecho, la política cultural del gobierno cubano fue trazada por él mismo en 1961, en un discurso en la Biblioteca Nacional que ha sido titulado "Palabras de Fidel a los intelectuales", donde perfila tajantemente "con la revolución todo, sin la revolución nada". Esto no se queda en unas meras palabras del dictador advirtiendo a los escritores cómo deben comportarse. Para estar seguro de que sus palabras van a ser cumplidas, es decir, que los intelectuales se van a convertir en compositores de odas a su figura, el código penal cubano contiene artículos que controlan la actividad creadora y se estipulan penas contra aquéllos que osen no escribir a favor de la dictadura que alcanzan la cifra de ocho años de privación de libertad por lo que catalogan de "propaganda enemiga".

De acuerdo a la versión de Prensa Latina -la agencia de información de la dictadura- los acusados fueron juzgados "por sus actividades ilícitas, por delitos contemplados en el Código Penal, y no por sus posiciones políticas". Por supuesto, el cinismo de las declaraciones procedentes de cualquier agencia o institución del gobierno castrista es ya conocido, y cuando aseguran que son delitos contemplados en el Código Penal comprendemos la declaración, porque lo único lícito en las leyes cubanas es aplaudir a Castro, sin dejar ninguna opción a los que opinan distinto.

Ahora pienso en los casos de atropello a los derechos humanos que tanto llenaron las páginas de los periódicos del mundo en los pasados años, y que aún las llenan. Recuerdo las campañas internacionales contra Augusto Pinochet, en Chile, o contra el apartheid en Africa del Sur. Por supuesto, estoy en contra de todas las dictaduras, cualquiera que sea su signo ideológico, pero me gustaría escuchar un clamor más compacto a favor de las víctimas del último dictador del Caribe que se empeña en mancillar la historia de nuestros países. El boicot contra el régimen sudafricano fue una causa común en los más diversos rincones del globo. ¿Por qué no es así en el caso de Castro? ¿Por qué las naciones civilizadas no ayudan a un pueblo pequeño, encerrado en una trampa histórica, a conocer la libertad que desde 1959 perdió? Castro hace gestiones donde quiera que puede buscando comercio de trueque, créditos, ahora la subvención de la antigua Unión Soviética fenece poco a poco. Hasta las tropas rusas acantonadas en la isla se marchan dejando al dictador solo con sus tanques que muy pronto serán, además de chatarra -sobre todo después de la Guerra del Golfo-, chatarra oxidada. Ese último elemento, el abandono de la antigua "hermana Unión Soviética", es lo que realmente da los toques definitivos a Castro. Además, él no comprende esa manera extraña de comportarse y le reprocha una y otra vez, entre pesadillas, a los golpistas de Moscú el no haber asesinado a Gorbachov, y a los militares que no hayan disparado los tanques contra el pueblo. Opino que en la medida que las puertas comerciales del mundo se cierren ante las narices de Castro, más rápida será su caída. Ayudarlo ahora es alimentar las finanzas del gigantesco aparato de represión que gobierna en Cuba. Por eso María Elena Cruz Varela, hoy en prisión, con su olfato de poeta percibe el olor a pólvora en el aire. También por eso Castro tiró las turbas contra una mujer indefensa, porque teme a la contaminación, a las ideas pasando de boca en boca en susurro clandestino y subversivo. El dictador comprende que condiciones sobran para que la población esté descontenta, y un liderazgo opositor reconocido e identificado puede terminar aglutinando a los que soportan, y entonces tendría que tirar del gatillo y el telón caería con rapidez. Castro prefiere atropellar a disparar, porque si dispara la primera bala de la ráfaga contra los civiles, quizás el último proyectil de ese mismo fusil se vuelva en su contra.

Otra de las aseveraciones que hace Prensa Latina es que el movimiento "Criterio Alternativo" es una agrupación contrarrevolucionaria. Aplicado el idioma correctamente, el papel más conservador y más reticente a los cambios lo encarna Castro, con la magnificación de la contrarrevolución y el involucionismo.

El libro de poemas de Cruz Varela, publicado fuera de Cuba, "El ángel agotado", lleva una introducción escrita por la autora de la cual cito: "Espero encontrar sensibilidades afines que se hagan eco de este alarido, de la búsqueda incesante de verdades menos manoseadas, de la urgencia de esta mujer, de este ser humano que se pudre, náufrago en una isla solitaria. Vaya, pues, este libro, este mensaje... esta botella al mar."

La propia dictadura, con su atroz actuación al atropellar a Cruz Varela y obligarla a comer proclamas, convirtió esa "botella al mar" en millones de botellas, porque la noticia ha recorrido el mundo y la indolencia se tambalea frente a tanta ignominia.

Por último, Castro cometió otro error. El 27 de noviembre -día del juicio a Cruz varela- es una fecha conocida en Cuba por su lugar destacado en la historia de la infamia. Un 27 de noviembre, pero de 1871, fueron fusilados injustamente ocho estudiantes de medicina por las autoridades coloniales españolas. A pesar de la evidente inocencia de los acusados, los jóvenes perdieron la vida en el paredón. Ciento veinte años después Castro agrega más dolor a la fecha con el juicio a Cruz Varela y sus amigos. Pero lo que no pudo evitar el dictador fue que la botella lanzada al mar viajara a otras orillas con el mensaje. Esa botella regresará a Cuba y navegará hasta la celda donde está encerrada la poeta para detener esa "lenta, dolorosa caída de toda esperanza".