| El Nuevo Día, Puerto
Rico, 17 de agosto de 1991, publicado bajo el título de
"Circo sin pan en el olimpismo cubano". LA "CENA" MAS FAMOSA DE CUBA Un sueco está frente a su televisor en Estocolmo, cómodamente sentado en un sillón, mirando el noticiero -es un hombre ajeno a la política, un padre de familia trabajador que espera el sueño descansando frente a su aparato de TV- y se entera por el locutor que en Cuba hay un movimiento de oposición civilista, un grupo de hombres que, aunque fragmentados, presentan un frente crítico a una de las últimas dictaduras del planeta. Este sueco, que desconoce la realidad cubana, cuando termina el locutor comenta a su esposa: "¿Sabes qué va a pasar con ese grupo opositor en la isla caribeña? Te diré: lo primero que hará el gobierno, como todo gobierno totalitario que conoce su profesión de reprimir, es penetrar esos grupos discrepantes. Una vez penetrados por hombres de la policía política lo segundo será dividirlos. Podemos apostar". Era tan elemental el razonamiento que la esposa no apostó. Si un sueco ajeno a las interioridades cubanas lo deduce, por supuesto que nosotros también podemos hacerlo. En Cuba sucede justamente eso. La claridad de los opositores radica en ganar la difícil partida. Roberto Luque Escalona, opositor cubano autor del libro "Fidel y el juicio de la Historia", miembro del grupo Criterio Alternativo que en los últimos meses ha adoptado posiciones severas frente al castro-comunismo, fue expulsado por sus compañeros por violar una huelga de hambre que hacía en la prisión. Luque Escalona comió por temor a que lo alimentaran de forma intravenosa y contra su voluntad y le inocularan el virus del SIDA. Supongo que la esposa del sueco fue afortunada al no apostar. Veamos algunos datos. Armando Valladares, uno de los prisioneros políticos más célebres de Cuba, autor del libro "Contra toda esperanza" donde se narran las atrocidades de las prisiones de Castro, cumplió nada menos que 22 años de cárcel por oponerse a la dictadura. Finalmente, por gestiones internacionales en su favor y por la intervención del presidente francés Francoise Mitterrand, fue puesto en libertad. Pero Valladares, paralítico reversible a consecuencia de una prolongada huelga de hambre, fue sometido por las autoridades cubanas, antes de su liberación, a un intenso tratamiento médico con los mejores especialistas del país para que recuperara la locomoción: el gobierno lo filmó con cámaras ocultas haciendo ejercicios -parte del tratamiento- y le exigieron que para irse debía hacerlo caminando por sí mismo. Además, los órganos de prensa de Castro crearon un expediente falso donde aparecía como torturador de la dictadura anterior. Todo esto estaba encaminado a descreditarlo ante los ojos de la población y en el exterior. Mucho tuvo que batallar Valladares contra las difamaciones de la dictadura para llevar a cabo su labor. Ricardo Bofill, creador del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, primera agrupación independiente que trabajó a la luz pública dentro de Cuba y primera en inscribirse en la defensa de la Declaración Universal de Derechos del Hombre de las Naciones Unidas, fue objeto de una campaña difamatoria tan rigurosa por parte del castrismo que puede afirmarse, con pequeño margen de error, que a la persona o institución que más espacio ha dedicado la prensa de la dictadura, después de la invasión de Bahía de Cochinos, fue a Ricardo Bofill. Tres días consecutivos el periódico "Granma" -órgano oficial del Partido Comunista de Cuba- dedicó artículos a dos páginas completas contra Bofill, donde se hicieron públicas todo tipo de acusaciones hasta el extremo de convertir a Bofill en una persona tan repugnante que nadie pudo creer ni una palabra. Al mismo tiempo, por televisión, durante tres días se presentaron programas hechos contra él por el Departamento de Seguridad del Estado, en los cuales se veía -¡coincidencia!- filmaciones ocultas de Bofill entrando a la oficina de intereses de los Estados Unidos en La Habana y también acusándolo de los peores y más ridículos delitos. El deseo de Castro de descreditarlo llegó al extremo de acelerar la velocidad de la voz de Bofill para hacerla desagradable al oído, al igual que la imagen, donde el público cubano vio a un Bofill gesticulando rápidamente y hablando con una voz chillona, todo esto acompañado de una música propia de comedias. En su caso el ensañamiento contó con la táctica de dedicarle historietas en los periódicos humorísticos, caricaturas, etc. Finalidad: descreditarlo buscando debilitar las denuncias que hacía por la constante violación de los derechos humanos en Cuba. Lo interesante fue la lectura que la población hizo de esta farsa: Bofill fue visto como un héroe que aparece junto a sus amigos y rodeado por generales y policías de uniforme, indefenso y sin ceder ante las amenazas y los gritos de la multitud. La serie de programas preparados contra él, de cinco capítulos, tuvo que ser reducida a tres porque la opinión pública giró contra el gobierno. Gustavo Arcos Bergnes, asaltante del cuartel Moncada junto con Castro quien, por discrepar de la dictadura se separó de ella y cumplió prisión, es el actual Secretario General del Comité Cubano Pro Derechos Humanos creado por Bofill. Gustavo Arcos, en el centro de La Habana, no ha cejado en su labor de denuncia y ha sido sometido por las autoridades cubanas a los tristemente célebres "actos de repudio", que consisten en manifestaciones frente al domicilio del "enemigo del pueblo". En estas manifestaciones el agredido es ofendido y amenazado de muerte, y está de más señalar que estas turbas están compuestas por miembros de la policía política vestidos de civil y contingentes de estudiantes y obreros movilizados masivamente y procedentes de las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas y del Partido Comunista. En el caso de Gustavo Arcos, el propio dictador se encargó de difamarlo, afirmando al periodista italiano Gianni Miná, en el libro titulado "Conversación con Fidel Castro", que Arcos es fascista y racista. Pero todo esto es viejo bajo el sol. Arthur London narra en "La confesión" que dos altos funcionarios del Partido Comunista Checoslovaco -Slansky y Clementis- fueron acusados de trabajar para la inteligencia británica, se declararon culpables y finalmente fueron condenados a morir por fusilamiento. La sentencia se cumplió, pero cuando los sucesos de 1968 en Praga, la luz salió junto con la primavera y la verdad, y se descubrió que todo era falso. Cuando los famosos procesos judiciales que se desataron en la Unión Soviética de 1936 a 1938, bajo el auspicio de Stalin, Kamenev, Bujarin y Zinoviev -por sólo citar tres casos- se declararon culpables de los cargos de trabajar para servicios de inteligencia extranjeros y "enemigos del pueblo soviético". Los acusados confesaron ser culpables de los más horrendos crímenes y fueron fusilados. Al celebrarse el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1956, con la dirección de Nikita Jruchov, salió a la luz que todos los procesos fueron falsos, creados por la policía política de Stalin y que los acusados eran inocentes. El destacado físico soviético Andrei Sajarov, Premio Nobel de la Paz y máxima figura del movimiento de derechos humanos dentro de la Unión Soviética, fue acusado en la revista Literaturnaya Gazeta, en enero de 1976, de haber robado a sus compañeros de trabajo los descubrimientos que lo llevaron a ser el más respetado científico de la URSS. La campaña de difamación en este caso se extendió hasta su esposa Elena Boner, como una sombra negra y fatídica, y fue acusada -en la edición de junio de 1984 de la revista soviética Sputnik- nada menos que de haber asesinado a su primer esposo con una dosis muy alta de insulina. De nuevo, el instinto criminal del estado totalitario buscaba desacreditar a sus enemigos. El escritor Boris Pasternak, autor de la novela "El doctor Zhivago", que contenía fuertes críticas al proceso de la revolución bolchevique y la consolidación del primer estado socialista del mundo, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1958, sin embargo fue obligado a que renunciara al apetecido premio -sueño de todo escritor- porque se trataba de una "manipulación de occidente". Pasternak envió la siguiente nota a la Academia Sueca: "Con el máximo agradecimiento, no me es posible aceptar el Premio Nobel, por causa de la significación que se le ha atribuido a este premio en la sociedad a que pertenezco." ¡Increíble! Y volvamos a Luque Escalona y su huelga de hambre -de treinta y cuatro días- iniciada para protestar por el gasto que hacía Castro en los Juegos Panamericanos y por su presencia en la cumbre Iberoamericana de México. En 1990 Luque Escalona había perdido 27 libras en otra huelga de hambre y nunca logró recuperar su peso normal. En la huelga contra los Juegos, de sólo transcurrir diez días, Luque comprendió que su debilitamiento era acelerado y a los quince días tuvo que escoger entre terminar la huelga, comer o aceptar alimentación intravenosa en contra de su voluntad. Temiendo que lo inocularan con el virus del SIDA junto con los sueros aceptó tomar un caldo y, de inmediato, fue trasladado a una celda con suficiente luz como para que trabajaran las consabidas cámaras ocultas de la policía política que antes filmaron a Valladares, a Bofill y a quién sabe cuántos más. Así fue. Las autoridades le enseñaron a Luque Escalona la filmación antes de ponerlo en libertad y él, cuando se reunió con su grupo Criterio Alternativo, advirtió de la existencia la cinta. La reacción de sus compañeros fue expulsarlo porque "se traicionó a sí mismo, a la organización y a la gente de buena fe que creyó en él". El resultado es el mismo: la merma de credibilidad en el opositor a la dictadura. Luque, por su parte, afirma que seguirá en su lucha por un cambio pacífico en Cuba que dé al traste con el gobierno de Castro. La lista anterior nos lleva a una conclusión inquietante: todo aquel que se opone a Castro es filmado en algún acto que atenta contra su integridad. Nadie en Cuba es "decente" si no está con Castro y, a su vez, los hombres de Castro son intachables. Valladares, Bofill, Gustavo Arcos y Luque Escalona están todos contaminados con el pecado de ser opositores al totalitarismo, por tanto, les está negado ser buenas personas. Si el sueco que mira la televisión en Estocolmo se enterara de la expulsión de Luque Escalona de Criterio Alternativo, sonriendo diría a su mujer: "ya ves, te lo decía, la maquinaria de la policía política también lo trituró." Nadie puede asegurar hasta dónde el movimiento de oposición dentro de Cuba está infiltrado por la inteligencia castrista. Nadie puede afirmar si Criterio Alternativo lo está. Nunca, posiblemente, tendremos pruebas de eso. Pero sí tenemos los resultados. De una forma u otra, a través de los más rebuscados vericuetos, el gobierno busca desprestigiar a las figuras opositoras. El libro de Escalona y sus declaraciones desafiando a Castro a un juicio público hablan en su favor. Su táctica de supervivencia, según mi entender, es válida. Mahatma Gandhi, artífice máximo de la huelga de hambre, decía que ésta sólo debe llevarse a cabo cuando uno está seguro de que puede conmover el corazón del enemigo. En el caso de Castro, desde hace mucho, se sabe que no cederá, luego, la huelga de hambre en Cuba, en estos momentos, tiene un fin publicitario, no es más que un pretexto para llamar la atención del mundo cambiante sobre ese pequeño pedazo de tierra flotando en el Caribe que se niega a cambiar. Por suerte Luque Escalona continúa su activismo por un país más decente a pesar de la filmación oculta que le hicieron. Al confesar que había comido durante la huelga neutralizó parte del poder de chantaje que la Seguridad del estado podía ejercer en su contra. Y esto me recuerda la conversación que sostiene O'Brien -el repugnante funcionario represivo del Ministerio del Amor en la novela "1984" de George Orwell- con Winston, el ciudadano que se atrevió a disentir. Vale la pena citarlo: "Debes saber, Winston, que ninguna de los que traemos aquí sale de nuestras manos sin haberse curado. No nos interesan esos estúpidos delitos que has cometido. Al Partido no le interesan los actos realizados; nos importa sólo el pensamiento. No sólo destruimos a nuestros enemigos, sino que los cambiamos. ¿Comprendes lo que quiero decir?" Por supuesto que Winston sabía lo que O'Brien le estaba diciendo, y Luque Escalona sabía que lo estaban filmando y que en el enfrentamiento con ellos le iba la vida. La jugada se volvió contra el gobierno, Luque Escalona movió un modesto peón acercándose una casilla más al rey. Castro, en su soberbia, ayuda con la publicidad que dio a la "cena" de Luque Escalona en la celda del cuartel general de la policía política en La Habana. Pero quiero detallar en qué consistió el banquete. Durante diecinueve días, y después de estar quince sin ingerir alimento alguno, Luque Escalona cometió el "extraordinario pecado" de evitar que le inocularan el SIDA comiendo -repito, en el transcurso de los diecinueve días restantes- unas frutas, un caldo, leche, postre, pan, una zanahoria y ¡medio boniato! Decididamente es la cena más famosa de Cuba, la cena que mereció el honor de ser filmada por los cineastas de la seguridad del estado que a lo mejor sueñan con un oscuro Premio Oscar concedido por Castro al perseguidor que consiga la mejor prueba fílmica de que sus enemigos son unos bandidos. Esto descubre una nueva faceta del carácter del Castro. La fundación del enorme Instituto Cubano de Artes e Industria Cinematográficos -ICAIC-, que se dedica a fabricar películas encumbrando su "obra revolucionaria", fue el primer indicio. El segundo fue la constitución de la Sección Fílmica del Ministerio de las Fuerzas Armadas. El tercero es la creación de la escuela Internacional de Cine, Radio y Televisión, en La Habana, donde estudian jóvenes de todo el continente aficionados al séptimo arte. Y ahora tenemos su afición a filmar, con cámaras ocultas, a los opositores. Es indiscutible su amor al celuloide y no nos debe sorprender, cuando Castro salga huyendo de Cuba -si es que logra esquivar la justicia popular-, que lo encontramos en algún lugar del mundo produciendo películas aburridas y absurdas, en las cuales se relata lo grande que fue mientras detentó el poder absoluto. Por otra parte, si los que toman el poder consiguen la cinta de Luque Escalona, el mundo podrá disfrutar de un corto émulo en surrealismo con "El perro andaluz", de Luis Buñuel, y veremos a un hombre confinado, indefenso en la soledad de su celda, comiendo el medio boniato que constituyó la cena más famosa de Cuba. |