LO QUE MARTI NO PUDO ESCUCHAR Por Reinaldo Bragado El Nuevo Herald, USA, 4 de noviembre de 1988. La Asociación Pro Arte Libre (APAL) fue fundada en La Habana el 10 de septiembre del presente año. Entre sus objetivos está reunir a los artistas e intelectuales no oficiales que, marginados por el sistema, no tienen posibilidades de expresión dentro de Cuba. En la calle Aguila 214, entre Neptuno y San Miguel, en el corazón de la ciudad, se efectuó esa fundación con la asistencia de la prensa extranjera. Una semana después, el 17, los miembros de la APAL hicieron su primera exposición independiente y repartieron un pequeño folleto, impreso clandestinamente, con poemas y trabajos literarios. Esto sucedió en una ciudad pacifica, sin represión: la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas se encontraba allí en su visita de inspección. El régimen de Castro demostraba su tolerancia a los visitantes, los disidentes aprovechaban la coyuntura y los observadores se preguntaban por el final de la historia. Ya el final está aquí. Cuando los molestos visitantes, a pesar de todo, se marcharon, la represión se desató. Armando Araya, presidente de la APAL, y cinco de sus seguidores, fueron condenados a penas que varían entre siete meses y un año de prisión. Delito cometido: depositar una corona de flores ante el monumento de José Martí conmemorando el Día de la Cultura Nacional, en la calle Cárcel, donde aún está en pie la celda en la que el Apóstol sufrió prisión bajo el régimen colonial español. Entre los detenidos hay poetas, escultores y periodistas, y su único delito fue el querer expresar su admiración por el Maestro sin utilizar los canales oficiales del régimen. Hay dos aspectos que se deben señalar con insistencia. Uno es que la detención se produce pocos días después de marcharse de Cuba la Comisión de Naciones Unidas y -en contra de lo acostumbrado- los medios de difusión de Castro dieron a conocer el hecho. El régimen está lanzando una advertencia a los confundidos. No hay tal tolerancia y el juego a la apertura se acabó, ya no hay presión internacional y las cosas se deben poner en su justo lugar. Castro es el mandatario vitalicio y las pequeñas fisuras fueron conyunturales. El otro hecho a señalar es lo leve de las condenas teniendo en cuenta que -como saben muchos residentes de Miami- por una acción mucho menor que la realizada por la APAL cualquiera podría ser condenado a largos años de prisión. Estas cortas penalidades nos dan una pista de la debilidad de Castro. A pesar de todo, no quiere aparecer internacionalmente como un ogro que, por el solo hecho de depositar una corona de flores al héroe nacional, reparte años de prisión a unos artistas trasnochados. Aún teme a la opinión pública y la enseñanza que se saca es que la presión no debe desaparecer. Ahora más que nunca hay que movilizar a todos los amigos de la causa cubana para que el mundo vea el carácter tramposo y pandillero de la dirección de La Habana. Con esa acción que atropella los más elementales derechos asegurados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se demuestra públicamente que los hoteles-prisiones y la proliferación de grupos que se permitió fue un maquillaje para la visita de la Comisión. Este descalabro castrista debe servirnos p[ara influir sobre el informe final que presentará la Comisión de Derechos Humanos el próximo febrero. Si los funcionarios emiten un informe tímido, que refleje con palidez la realidad cubana, quedará en claro la manipulación de que fueron objeto. Armando Araya García, Octavio Vladimir García Alderete, Rita Esther Fleites Fernández, Secundino Hernández Castro, David Fidel Hornedo García y Aida Manuela Valdés Santana, deben convertirse en una bandera internacional que ponga en claro el verdadero sentido totalitario del régimen. El clamor debe ser tal que ellos, desde sus celdas, escuchen las voces que los apoyan en todas partes. Castro ha cometido un craso error y no debemos desaprovecharlo. La soberbia que lo caracteriza le hizo pensar que, manipulando la Comisión en visitas a escuelas y hospitales, aseguraría impunidad para actuar después como siempre lo ha hecho. El acercamiento con Castro nunca ha dado resultado. El es "bueno" cuando está bajo presión y lo demuestra lo leve de las condenas. Aún se considera observado y no quiere excederse. Los sucesos son tan bochornosos e inusitados que, por sí solos, mueven a la indignación. Reflexionando sobre estas detenciones recordé una caricatura del "Bobo", legendario personaje creado por Abela. Se ve al "Bobo" preguntando a una estatua del Apóstol: "Dígame, maestro, ¿esto fue lo que usted soñó? Pienso que el temor de Castro radicaba en que a los disidentes de la APAL se les ocurriera hacer al Apóstol la misma pregunta, y se escuchara la única respuesta posible: un rotundo no que retumbaría en toda la isla. |