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El
Arte de la Crueldad BREVES
NOTAS PARA LA REVISTA “SIGLO XXI”, del viernes l8 de Agosto del año 2000 Uno de los aspectos más sórdidos del arsenal represivo que Fidel Castro emplea contra la oposición democrática de Cuba es el de la elucubración de infamias contra la moral de sus integrantes, incluyendo la conspiración permanente para desintegrar los hogares y para aplastar a los familiares de los disidentes. Cuanta canallada
pueda imaginarse para quebrar los matrimonios y para llevar hasta el suicidio
a los hijos de sus oponentes, los empleó Fidel Castro contra el presidio político
histórico de Cuba, desde muy temprano en los años sesenta. Todos los que
fuimos presos políticos en aquellas épocas, enfrentamos el ultraje y los
abusos abominables que los guardias carcelarios castristas emplearon contra
nuestras madres y padres y contra nuestros hijos y esposas. El único hijo del
preso político plantado Mario Chanes de Armas, no pudo sobrevivir a las ansías
de venganza de Castro. En tal sentido, no debe olvidarse que Mario Chanes fue
Asaltante al Cuartel Moncada y Expedicionario del Granma. Gracias a los
extraordinarios esfuerzos del movimiento de derechos humanos de Cuba, a través
de sus denuncias de los horrores del comunismo, en estos tiempos los policías
de Castro se ven forzados a enmascarar sus atrocidades, en un intento por
adecentar la fachada represiva del régimen. Sin embargo, la
naturaleza criminal de un gobernante que fue capaz de ordenar el hundimiento
del Remolcador l3 de Marzo y ahogar a 40 personas indefensas, para dar un
escarmiento a los desertores potenciales de entre sus filas, sigue siendo muy
peligrosa para los ll millones de ciudadanos de la nación. De esta realidad,
como siempre repetimos, no está exento nadie. A colación, recuerdo que en
una de las tantas oportunidades que estuve encerrado en el cuartel apodado
“Villa Marista”, el entonces General y jefe del G-2, José Abrantes, acudió
en persona para amenazar y tratar de extorsionarme. Recuerdo que en
aquella oportunidad le respondí a Abrantes que no olvidara que el primer Jefe
de la Seguridad del Estado, Osvaldo Sánchez, había sido asesinado por Fidel
Castro, y que Anibal Escalante, uno de sus mentores, lo habían muerto de un
paro respiratorio provocado clínicamente. Esa vez terminé expresándole a
Pepe Abrantes, que también los policías descubrían un día cuan
imprescindible era para todos la labor de los activistas de Derechos Humanos.
Mas tarde Abrantes Fernández dirigió la semana de campañas difamatorias
contra mi persona, que Fidel Castro ordenó llevar a cabo en toda la prensa
cubana, para intentar pulverizarme. |