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Opositores Recién Llegados de Cuba Angel
Cuadra El lunes pasado, en el local del Ex-Club y convocado por el Movimiento 30 de Noviembre, se llevó a cabo una conferencia de prensa en la que participaron tres jóvenes cubanos opositores al gobierno castrista por las vías de la lucha cívica, que cada día se incrementa más en el interior de Cuba, los cuales llegaron recientemente de la isla. Los entrevistados eran Frank Cruz Benítez, que militaba en Cuba en el Movimiento 30 de Noviembre, llegado a Miami hacía sólo una semana; Lázaro García Cernuda y Daula Carpio, su esposa, miembros en Cuba del Partido Pro Derechos Humanos, afiliado a la institución Andrei Sajarov, ambos llegados al exilio en el pasado mes de diciembre. Se agregó al grupo Osmel Lugo, también del 30 de Noviembre, que lleva ya alrededor de un año exiliado, y que es hermano de Maritza Lugo, destacada disidente aún presa en Cuba. Es interesante escuchar los testimonios de estos nuevos activistas de la lucha opositora dentro de Cuba, y entender esa lucha, y que ellos la entiendan como una continuación de la que miles de cubanos realizábamos desde días tempranos del proceso traidor, por el cual Castro desvió la llamada revolución cubana por las vías del marxismo leninismo importado de la Unión Soviética, y que aún continúa siendo tal modelo de sistema político social, por más que intente adornarlo con un burdo toque de superficial reajuste, que es sólo un camuflaje exterior. Frank Cruz Benítez estaba en Cuba en contacto con muchos presos políticos, a los que trataba de hacerles llegar las medicinas y alimentos recibidos desde el exterior. Manifestó que en los últimos meses, tras el resultado adverso para Castro de la reciente Cumbre de Presidentes efectuada en La Habana, el gobierno ha estado desatando una oleada represiva como pocas veces antes porque —según Cruz Benítez— se incrementa más cada día la incorporación de cubanos a las filas de la disidencia y la oposición. Ante ese hecho —continúa Cruz Benítez— Castro ha tomado como cuestión de estado el caso del niño Elián González, desviando así la atención internacional, como una forma efectiva de apagar las voces de denuncia de la oposición interna por los maltratos inhumanos a que están siendo sometidos. Agrega Cruz Benítez que también la algarabía que ha armado Castro contrarresta la divulgación del hecho de que ha aumentado la oposición interna. El pueblo cubano —dice Cruz Benítez— está perdiendo el miedo, como un eco de las palabras que, al respecto, dijo el Papa Juan Pablo II en su visita a Cuba, a pesar de que pasarse a las filas de la oposición es quedarse sin trabajo, vivir acosado y estar a merced de la ayuda de amigos y exiliados, siempre pequeña. Finalmente concluye que “ya no sólo se denuncian las violaciones de los derechos humanos, sino que se ha derivado hacia una lucha de desobediencia civil”. Lázaro García Cernuda ratifica lo expuesto por Cruz Benítez, recalcando que en este caso del niño balsero, Castro reincide en su ya manida trampa de confundir a la opinión internacional derivando los problemas internos del país hacia una crisis con el gobierno de Estados Unidos, pero que el problema de Cuba es entre el gobierno de Castro y el pueblo. Ante la persistencia e incremento de la oposición interna —señala García Cernuda— el gobierno, no pudiendo destruirla definitivamente desde afuera, ha optado por aplicar en este asunto su técnica de minar el movimiento internamente, no sólo infiltrándose en las organizaciones de disidentes y opositores, sino que desarrolla una política de selección: “aquellos que el gobierno les pone un límite a su oposición y hasta ahí pueden funcionar; y el otro contingente lo integran aquéllos —continúa García Cernuda— que no se limitan en su activismo y se disponen a pagar el precio de una oposición en todo el amplio alcance que las cosas de la Patria requieren. De ahí —según él— que hay una ostensible clasificación, en la que a estos últimos ellos suelen llamarles “opositores patria” y los primeros los señalan como “opositores de Castro”, permitidos hasta el límite concedido. En este punto García Cernuda comenta que no hace mucho se echó a correr el rumor de que se iba a crear un organismo o sección oficial de derechos humanos, incluso la “posibilidad de conceder la presencia de algún opositor moderado en los organismos gobernantes”. Esto nos hace pensar otra vez en los planes del gobierno castrista con el exilio, que al no poderlo anular desde afuera ha puesto en práctica —mucho lo he repetido— el plan de trabajar dentro del mismo organizando una emigración favorable al gobierno de Castro, que contrarreste al exilio tradicional y genuino. Esto se está produciendo ya con el arribo de nuevos desterrados que mantienen sus vínculos con la isla; y con la captación de viejos exiliados que empiezan a contraer vínculos con el interior del país, no ya por el parentesco con personas, sino por su vinculación con organismos oficiales, pródigos en ofertas tentadoras, con los que terminan ineludiblemente en determinados compromisos. Los entrevistados hicieron un recuento de múltiples casos de disidentes y opositores cívicos acosados y aún presos en las cárceles cubanas, enviados a prisiones distantes de las familias, lo que dificulta la comunicación con los presos. Ejemplo de esto es el caso de Jorge Luis García Pérez, conocido por Antúnez, sancionado a 15 años de prisión, que lo mantiene aislado en una cárcel muy distante del domicilio familiar, lo que hace casi imposible las visitas. Caso conocido es el de Maritza Lugo, que lleva 50 días de aislamiento, y que su esposo Rafael Ibarra Roque está condenado a 15 años de prisión. Ellos tiene dos niñas pequeñas. Viven en una pequeña finquita en las afueras de La Habana. Para que lo lean los transeúntes, una de las niñas puso un cartel a la entrada con estas palabras: “Libertad para mi mamá”. |