Volver al índice

El Movimiento de Derechos Humanos Abrió Espacios Hacia la Democratización de Cuba

Pablo Alfonso

Hasta hace pocos años el régimen de Fidel Castro pudo darse el lujo de reprimir y perseguir impunemente a disidentes y activistas de derechos humanos. Pero los tiempos han cambiado. Esa impunidad quedó atrás.

Hoy el castrismo tiene que pagar un alto costo político por el acoso, la persecución y la represión a sus opositores. Un costo que no siempre está dispuesto a pagar.

Hubo un tiempo en que el gobierno soñó quizás con aniquilar para siempre al movimiento disidente, a los defensores de los derechos humanos. Hoy ese es un sueño imposible para el régimen. Por el contrario, se ha convertido en una pesadilla.

Este cambio de situación tiene mucho que ver, sin dudas, con el nuevo escenario internacional  producido en 1989 a raíz del derrumbe del mundo comunista europeo y la desaparición de la antigua Unión Soviética.

La pérdida repentina de sus aliados políticos internacionales, que pagaban además la factura económica del régimen, obligó al castrismo a recrear sus relaciones internacionales, a buscar nuevas alianzas, a buscar  respaldo económico en los países democráticos que hasta entonces había ignorado o incluso considerado enemigos irreconciliables.

Pero las relaciones con el mundo democrático son muy diferentes de las que el castrismo sostenía con sus desaparecidos aliados del mundo comunista. Las relaciones con el mundo democrática se inscriben dentro de otro marco.

Los constantes llamados a la democratización del régimen y del respeto a los derechos humanos como premisa y condicionamiento de la colaboración económica y los relaciones políticas, crearon una nueva dinámica interna en la isla.

No hay dudas que este nuevo escenario internacional ha influido favorablemente sobre el movimiento disidente cubano. Sin  embargo la existencia y sobrevivencia de este movimiento no puede explicarse únicamente como consecuencia de esta nueva realidad política internacional.

El movimiento disidente interno se ha ganado los estrechos espacios que hoy defiende dentro de la isla a fuerza de sacrificio. Desde la aparición pública del pequeño y único núcleo del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, fundado en 1976, por Ricardo Bofill y un reducido grupo de colaboradores es mucho el camino recorrido por la disidencia cubana.

Sus logros son el fruto de su propia audacia, valor e iniciativa. Esta realidad que se ha puesto a prueba en varias ocasiones desde que el movimiento disidente tuvo una presencia organizada en Cuba, parece destinada a enfrentar en estos momentos una renovada arremetida del régimen.

La causa que la provoca: La más reciente condena a la violación de los derechos humanos en Cuba aprobada por la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra en su 56 período de sesiones.

En una fuerte señal de represalia por la condena de Naciones Unidas  el régimen de Fidel Castro ha organizado una sorprendente campaña de acusaciones contra opositores y activistas de derechos humanos, así como a los diplomáticos de la República Checa, acreditados en La Habana.

Subrayo sorprendente, porque no es la primera vez que la República Checa auspicia en Ginebra una resolución de condena contra el castrismo.  Fue la República Checa la que en 1999 auspició la resolución que condenó al castrismo igual que en el 2000.

Sin embargo en aquella oportunidad la reacción del gobierno cubano no tuvo la virulencia que ha mostrado en esta oportunidad. El por qué es una pregunta que todavía flota en el ambiente sin que los analistas hayan encontrado una respuesta satisfactoria.

Los que sostienen la tesis de que el movimiento de derechos humanos y la disidencia en Cuba  deben su existencia a las nuevas relaciones internacionales tendrán oportunidad de comprobarlo en el futuro inmediato.

Fidel Castro ha decidido aparentemente dejar a un lado las consideraciones políticas, y diplomáticas con el mundo democrático. El régimen parece decidido “a cavar nuevas trincheras”, sin importar el costo económico y político de sus acciones. Con esas trincheras pretende combatir la creciente oposición interna.

La prueba más evidente de la afirmación anterior es la decisión de las autoridades cubanas de retirar su candidatura a integrar el nuevo Pacto de Lomé, que le abriría  a Cuba las puertas al comercio y el financiamiento de la Unión Europea (UE).

Tras años de negociaciones y forcejeos diplomáticos, que a principios del 2000 comenzaron a dar resultados, Cuba anunció en el mes de abril que retiraba su candidatura a integrar el grupo de 71 países de Africa, el Caribe y la cuenca del Pacífico.

El anuncio, según la cancillería cubana, fue consecuencia del apoyo de la UE a la resolución de condena a Cuba aprobada el mes anterior en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra.

La decisión tomada por Castro  sorprendió a los analistas porque priva a Cuba de recibir ayuda económica y financiera de la UE, en un momento en que la isla necesita más que nunca esa colaboración.

Subrayo de nuevo sorprendente porque no es la primera vez que la UE vota condenando al régimen de Castro por violar los derechos humanos en Cuba.

Al igual que los ataques desproporcionados contra la República Checa la reacción contra la Unión Europea ha creado desconcierto en medios políticos y diplomáticos familiarizados con la situación cubana.

En mi opinión la causa de esta “sorprendente” reacción del régimen hay que buscarla dentro de las fronteras de la isla. No tiene nada que ver con las relaciones diplomáticas del régimen. Está directamente relacionada con el crecimiento de la oposición interna, con una mayor institucionalización de la disidencia y su capacidad para desarrollarse y subsistir.

Pienso que la verdadera prueba de fuego para el movimiento opositor interno está por venir. Confío en que esa prueba será superada. De este último reto la oposición saldrá más fortalecida y con una identidad propia más definida, que le permitirá asumir el papel que le corresponde en la inevitable sociedad democrática que se vislumbra en Cuba.

Mayo 4/2000

Volver arriba                Volver al índice