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Publicado en Diario Las Américas, USA, Julio 20 de 1991; El Nuevo Herald, USA, Julio 31 de 1991; Siglo XXI, USA en español; La Prensa, de New York; Siglo XXI, USA en inglés bajo el título de “A crack in the wall”, traducción de Carmen María Rodríguez; y Revista Próximo, España, No. 4, Primavera de 1992. Tamarindo 34 Vivir por ver. Si me lo dicen en Cuba, en 1987, no lo hubiera creído aunque lo vaticinábamos. Hoy es una realidad: el movimiento de Derechos Humanos se ha multiplicado y las nuevas estrategias surgen renovándose constantemente. El ayuno establecido en la calle Tamarindo número 34, en el municipio “10 de Octubre”, está muy bien pensado y es tan efectivo que la Cancillería de la dictadura, así como sus empleados en Miami, atacan a los participantes. Es para no creerlo, sin embargo ahí están las fotos que proceden de la isla y los reportajes de televisión. Las imágenes de los cuatro Hermanos al Rescate asesinados, una foto de Martin Luther King y un cartel de Jorge Más Canosa adornan el pequeño apartamento donde en estos momentos radica el honor de la nación cubana. El honor no necesita mucho espacio, las dictaduras necesitan cientos de prisiones. La Fundación Lawton, con el doctor Oscar Elías Biscet y Rolando Muñoz Yyobre al frente, han demostrado lo que se puede hacer a pesar de todo. Otras organizaciones se han sumado al ayuno, como la Liga Cívica Martiana, la Coordinadora Nacional de Ex Presos Políticos, Naturpaz, el Partido 30 de Noviembre y el Movimiento Unión Cívica, entre otros. El ayuno durará cuarenta días, un día por cada año de dictadura comunista. Los reclamos son simples a los ojos de cualquier nación civilizada, la liberación de los prisioneros políticos y el respeto a los treinta artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos de la cual Cuba es signataria. Para la dictadura son peticiones inaceptables. El ayuno de los activistas ha tenido una amplia repercusión en el exterior de Cuba. El exilio, como siempre, no ha descansado enviando la noticia alrededor del mundo y dentro de la isla el apoyo llega a Tamarindo 34 desde cualquier rincón, a pesar de las dificultades de transporte y comunicación. Gandhi, cuando estaba inmerso en la batalla por la independencia de su país, enarbolaba que la lucha debía radicar en la no colaboración, pero por vías pacíficas. En ese estado de no colaboración se incluían las elecciones, la asistencia a las escuelas, los productos de consumo, la deserción militar y muchos otros aspectos que tendrían que ser adaptados a la realidad cubana, radicalmente distinta, y buscar todos los renglones que apunten a la paralización del país. A los activistas de Derechos Humanos en Cuba les sobra talento para encontrar el talón de Aquiles de la dictadura, la fisura en el muro totalitario. Hoy podemos comprobar que muchas de las críticas iniciales al movimiento de Derechos Humanos eran infundados. Lo que sucede es que el ritmo de los acontecimientos no puede ser acelerado. Muchos menos se debe pedir premura a los demás. El que tenga prisa que corra con sus propios pies. Estoy seguro que recibirá el aplauso de todos. Tamarindo 34 ya está insertado en la historia de Cuba. Cuando veo los rostros de los ayunantes en la televisión no puedo evitar sentir miedo. Ellos, de seguro, también lo sienten. La diferencia es que yo amanezco seguro en mi casa y ellos desconocen lo que les espera al despuntar el sol. Pero cada cual sabe manejar sus terrores, cada cual sabe lo que tiene que hacer. Desde tan lejos de ese pequeño apartamento sólo puedo enviar mi solidaridad y apoyo. Los activistas reunidos en Tamarindo 34 no están solos y si la dictadura decide procesarlos alegando alguna de sus leyes injustas, irán a parar el único lugar adecuado para las personas decentes en Cuba: el banquillo de los acusados. Tamarindo 34 florecerá a pesar de los huracanes, la insania, el atropello y la ferocidad de una dictadura que naufraga en su propio fracaso. No lo duden, algún día veremos las flores. |