TRIBUTO
DE HONOR PARA LOS FAMILIARES DE LOS OPOSITORES CUBANOS
CONTRIBUCIONES
PARA LA REVISTA “Siglo XXI”, viernes 29 de de Diciembre del año
2000 Reconocer y rendir tributo de honor para con todos
los familares de los prisioneros políticos y de los opositores
civilistas de Cuba. es una
exigencia permanente de nuestras conciencias. Hoy quiero que se escuche
nuestro testimonio de gratitud para con
todos aquellos seres queridos de los activistas contestarios,
a quienes Fidel Castro por décadas ha sometido a toda suerte de
agresiones tránsidas de
crueldad y de ensañamiento,
y contra quienes ha ordenado ejecutar cuantas vilezas y extorsiones
puedan concebirse para, de esta forma, intentar doblegar y vencer a sus
oponentes. Es preciso que todo el pueblo de Cuba conozca de la
abnegación sin límites de mujeres como Magalis de Armas, esposa de
prisionero de conciencia Vladimiro Roca.
De Elsa Morejón, quien está unida en matrimonio y en espíritu
con el líder de la Fundación Lawton para los Derechos Humanos, Oscar
Elías Biscet. De la heróica
hermana del preso político Jorge Luís García Pérez,
Berta Antúnez. De Martirza Lugo, esposa de Presidente del
Partido Democrático 30 de Noviembre Rafael Ibarra Roque, -ahora con 20
años de condena injusta-, madre
de niños excepcionalmente valientes frente al terror, hija del luchador
Secundino Lugo de la Finca Baragua,
y ella misma batalladora incansable que hoy, una vez mas,
lleva varias semanas en
un encierro arbitrario. Como en otra época, los padres, Tania y los
muchachos de Oscar Peña. Debemos recordar imperecederamente a Clara Boitel, la
madre de ese símbolo de la resistencia cubana al totalitarismo, Pedro
Luís Boitel. Un ejemplo de
civismo imperecero similar esta protagonizando la esposa del encarcelado
presidente del Consejo Nacional de los Derechos Civiles de Cuba,
Francisco Chaviano. En este
mismo contexto han actuado siempre Teresita de la Paz, la inseparable
compañera de Gustavo Arcos Bergnes y Nena, la amantísima madre de
Elizardo y de Gerardo Sánchez
Santa Cruz. La familia entera de Oswaldo Payá Sardiñas;
la de Raúl Rivero; la de Hector
Palacios; y la de miles de otros disidentes, que cada día hacen gala de
un decoro y dignidad de calibres similares. Así fue siempre con lo mejor del entorno familiar
del presidio político cubano de los años 60.
La imágenes de desolación absoluta, pero a su vez de firmeza
inagotable, de nuestros familiares en las visitas a las cárceles
castristas de aquellos tiempos, siempre
las tengo muy presentes. Raquel,
la esposa de Félix Fleitas. La
figura de mi madre, despidiéndose, como si no
fuéramos a volver a
vernos, como al fín ocurrió un día, cuando ella tenía solo 59 años
y pereció de un derrame cerebral por el sufrimiento insoportable.
El rostro de mi padre, a quien ví por última vez durante una
visita en el cuartel del G-2 en Villa Marista. Después murió en el
exilio, mientras yo seguía
en la cárcel. A Adolfo Rivero le correspondió, mas tarde, hacerme
saber la noticia del deceso del viejo. A mí, acompañarlo a él
cuando llegó a Miami, a visitar
por primera vez la tumba de sus padres en esta Ciudad, que murieron
mientras él era perseguido y encarcelado en Cuba.
María Elena y Albertico, mucho duele rememorarlos.
Yolanda, quien todavía paga diariamente un altísimo precio de
devastación psíquica por los horrores sufridos.
Oremos por todos ellos, eternamente. |