Segunda parteI

No sería conveniente demorarme mucho en escribir estas memorias. La cárcel pisa los talones a cualquier cubano que piense, escriba o se exprese contra el régimen de Castro. Sé también que un día más que permanezca en mi casa, ante mi vieja maquinita de escribir, es otra batalla que he ganado para librar a mi pueblo de la opresión, que cada golpe de tecla que den mis dedos es un golpe que doy a los que en Cuba violan los Derechos Humanos.

Dedico este libro a Ricardo Bofill Pagés, a Ernesto Díaz Rodríguez y a todos los que, ya a salvo del castrismo, lucharon junto a mí por la democracia y los Derechos Humanos en Cuba.

I

Esta historia aún no termina de forma feliz. Los que están en el exilio sufren de nostalgia; los que quedamos aquí no sabemos si mañana vamos a amanecer en una celda, porque jamás nos conformaremos con un régimen totalitario que ha sido funesto para nuestro país.

El comienzo de esta historia tampoco fue feliz. Librábamos una guerra desigual, con todas las de perder. Por un lado estaba nuestro empeño en hacer respetar los Derechos del Hombre, por el otro, una policía política entrenada con una experiencia de casi treinta años y una Constitución y un Código Penal que servían como punto de apoyo para enviarnos a la cárcel.

Ricardo Bofill, uno de los hombres más carismáticos que he conocido, fue quien organizó el grupo que representaría a partir de 1987 el Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH). Ninguno de nosotros llegaba a su estatura de líder. Pacifista, cauteloso, hábil e inteligente, su larga trayectoria como defensor de los Derechos Humanos lo hacía digno de respeto entre todos. Había sido encarcelado en varias ocasiones y siempre vigilado y acosado. Bofill era un hombre que caía bien. Conocía el arte de conversar, de escuchar con atención a su interlocutor, de comprender primero que otros cualquier situación que se le presentara. El y yo simpatizábamos. Nos habíamos visto muchos años atrás, cuando él iba a la redacción de la revista donde yo trabajaba a presentar colaboraciones periodísticas, si mal no recuerdo en 1966. Entonces era más delgado y creo que no usaba bigote. Recuerdo la agilidad de sus movimientos, su vehemencia, su personalidad dinámica, sincera; un hombre capaz de decir bien mil palabras en un minuto y de escuchar un millón en una hora.

Los miembros del Comité eran casi todos intelectuales. Nos habíamos encontrado un día tras otro, como si un misterioso imán nos atrajera. A finales de diciembre de 1987 (1) Bofill nos reunió en el último cuarto de mi vieja casa, en la calle Lealtad número 365 entre San Rafael y San Miguel, en Centro Habana. Allí, con una vieja grabadora carente de calidad y un casette usado un montón de veces, hicimos una grabación para el programa "Cuba sin censura", que aún se transmite por la emisora Radio Martí, del exilio.

En una emisora de aquí no lo hubiéramos podido hacer: tanto la prensa radial como la escrita están sólo a disposición del gobierno. A los pocos días, el 5 de enero (2), denunciamos al mundo en qué consistían las violaciones de los Derechos Humanos que el régimen de Castro cometía contra su pueblo. Nuestras voces, desde dentro de la isla cautiva, se alzaron sin miedo alguno.

Los comentarios en la calle eran muy estimulantes. La gente estaba sorprendida de que un grupo de cubanos hubiera roto el silencio de tantos años y mucho más cuando vieron que no fuimos detenidos justamente al finalizar el programa radial (3). Esto no ocurrió. El gobierno tenía otros planes con los activistas: el destierro, tal y como hacían los colonialistas del siglo pasado.

Días después Bofill tuvo otra idea: convocar a los corresponsales de la prensa extranjera acreditada en La Habana para tratar el tema de los Derechos Humanos. Esta conferencia del 31 de enero también se realizó en la sala de mi casa, muy espaciosa, ubicada en los bajos, conveniente para hacerlo todo a puertas abiertas.

A la conferencia asistieron treinta invitados, más los periodistas de las agencias EFE, France Press, Reuters, etc. Bofill, firme y decidido, leyó los informes de graves violaciones perpetradas contra personas allí presentes. Para demostrar que en Cuba se violaban sistemáticamente los Derechos Humanos se habló de la Constitución y del Código Penal, y se mostraron documentos extraídos clandestinamente de las prisiones políticas de Castro, especialmente de los Presos Plantados (4). Nosotros mismos éramos una prueba de la violación que se cometía contra el artículo 13 (5) de la Carta Universal. Poseíamos una planilla otorgada por la Dirección de Inmigración nombrada C-8 y que representaba la prohibición de salida del país pese a que éramos profesionales expulsados de nuestros centros laborales, marginados y con una familia que mantener.

¿Qué camino quería para nosotros el gobierno? ¿Acaso el camino del suicidio?

En 1968 Bofill había estado involucrado en la causa de la Microfracción (6), que no fue otra cosa que una purga comunista al estilo stalinista de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El delito consistía en haberse opuesto a ciertas medidas de la revolución. Fueron acusados de intrigas, de hacer propaganda clandestina (que jamás se mostró) y de propagar informaciones falsas o calumniosas. Lo mismo que dicen de cualquier activista de los Derechos Humanos. También aquellos disidentes formaban un grupúsculo como nosotros. La vida de estos marxistas fue arruinada por el régimen. Nunca más pudieron incorporarse a la vida social y política del país porque Fidel Castro jamás perdona.

Bofill presentó a los activistas allí reunidos para que los periodistas extranjeros los conocieran por sus nombres: licenciado Rolando Cartaya, periodista y escritor; Edmigio López Castillo, ex marxista sancionado a doce años de prisión por discrepar de la política del régimen; licenciado Adolfo Rivero Caro, expulsado del Partido Comunista y de su trabajo en 1968 por estar en desacuerdo con las acciones judiciales de la causa de la Microfracción; Reinaldo Bragado Bretaña, escritor y poeta; Rafael Saumel, ex trabajador del Instituto Cubano de Radio y Televisión; doctor Samuel Martínez Lara, médico especialista en Siquiatría; Santos Martínez, arquitecto; Roberto Bermúdez, pintor; licenciado Pablo Llabre Laurel, abogado; licenciado Enrique Hernández Méndez, ex profesor de la Universidad de La Habana; Raúl Montesino, pintor y babalao; y Tanía Díaz Castro, reportera y poetisa expulsada de la Unión de Escritores (7) en 1977 sin que se le expusieran las causas.

Los periodistas se veían sumamente impresionados. Era la primera vez que un hecho como este ocurría en la Cuba de Fidel.

El empeño de cada uno de nosotros era demostrarle al régimen que debía cumplir con los Derechos Humanos. Sin embargo, en la medida que transcurrían los días y los meses, nos dábamos cuenta de que arábamos en el mar. El régimen no aceptaba ninguna violación, ninguna denuncia en particular. Se mantenía con la terquedad característica de siempre y nosotros no estábamos dispuestos a frenar nuestro trabajo.

El 17 de febrero se inauguró la Primera Exposición de Artistas Disidentes de Cuba (8), compuesta de documentos, fotos, dibujos, libros, denuncias de violaciones de los Derechos Humanos manuscritas, poemas murales del poeta y ex preso plantado Ernesto Díaz (9), etc. La exposición, instalada en una casa del Vedado (21 entre 19 y 20), propiedad de Alicia Fernández Arrate y Carlos Valdés Dapena, simpatizantes del Comité, fue vista por más de doscientas personas. Un verdadero éxito que no habíamos imaginado.

Montesino mostró sus obras (10) de arte alegóricas a las torturas que sufrieron nuestros esclavos negros del siglo pasado; Reinaldo Bragado Bretaña escribió y leyó las palabras de apertura (11); el licenciado Adolfo Rivero Caro ofreció una conferencia sobre "La batalla contra la opresión y las violaciones de los Derechos Humanos" (12); se exhibieron dibujos al óleo del cineasta y pintor Nicolás Guillén Landrián (13), encarcelado por sus ideas políticas; se llevó a cabo, como actividad colateral, un Panel de Investigación Social sobre las violaciones de los Derechos del Hombre con encuestas de numerosos testimoniantes y pruebas documentales.

A estas actividades asistían, además, el Vice Presidente de Americas Watch, el doctor Kennet Koch; y el doctor Michael Posner, Director Ejecutivo del Comité de Abogados por los Derechos Humanos de New York, quienes laboraron junto a Bofill en la realización de este trabajo.

También se realizó otra grabación para la radio del exilio con las voces de catorce testimoniantes, víctimas de violaciones a sus Derechos Humanos.

Era demasiado para la prepotencia del régimen y su control absoluto. A los pocos días (14), como bien señala Bofill en uno de sus escritos, "un pelotón de tropas especiales del Ministerio del Interior, vestidos de civil, en compañía de una turba de gamberros, asaltó la residencia... Fueron destruidas numerosas obras allí expuestas... Se lanzaron todo tipo de insultos, amenazas de muerte y vituperios, todo ello como parte de un motín organizado y dirigido por el entonces Ministro del Interior de Cuba, general de División José Abrantes, quien se encontraba en el mismo lugar de los hechos, al frente del operativo represivo".

Aquel mismo día, en horas de la noche, el general Abrantes habló sobre lo ocurrido en la calle 21 como un acto contrarrevolucionario. ¿Acaso nuestro propósito era derrocar al régimen, esencialmente militar, con una policía política experta y adiestrada? ¿Podía lograr esto un grupo de personas sin arma alguna y que sólo luchaba por hacer respetar los Derechos Humanos?

En la exposición se exhibió además mi libro "Todos me van a tener que oír", publicado por la Unión de Escritores de Cuba en 1970. En una nota se informaba que había sido rechazado por el régimen y casi desaparecido desde el mismo momento en que Nuez (15), el conocido caricaturista del periódico Granma, señaló en una reunión del Partido Comunista que le poema "El traidor" que aparecía en el libro estaba inspirado en Fidel Castro (16). Ese era su criterio subconciente en aquellos momentos: que Castro era un traidor. La verdad del poema no era ésa desgraciadamente. No estaba dirigido a Castro, sino a otra persona que amé una vez. ¡Cuánto me gustaría decir ahora que mi viejo compañero de trabajo, el señor Nuez, tenía razón!

En aquellos momentos me sentí recompensada, como si se hubiera hecho justicia con mi libro, libro que no se merecía la revolución. Allí estaba expuesto, en un montaje muy lindo realizado por el ex preso político Teodoro del Valle (17). No me importa que el libro haya quedado roto en el piso por los agentes que asaltaron la casa.

A pesar de la violencia de los policías civiles, los golpes propinados a los activistas y la orden oficial de cerrar aquella casa, Raúl Montesino reparó los poemas murales de Ernesto Díaz y otros plantados y quedaron expuestos en las paredes de la sala de mi casa por espacio de largos meses. A todo el que visitaba mi casa para hacer sus denuncias, Montesino decía orgulloso: "Miren, estos son los originales de la Exposición de 21 ya restaurados".

Para la realización de las acusaciones yo tenía la misma fórmula de Bofill. Primeramente la persona que testimoniaba me relataba la acusación. Si yo la encontraba correcta desde el punto de vista técnico de acuerdo a los artículos de la Carta Universal, procedía a redactarla. Tomaba el número de carné de identidad y todos los demás datos de la persona, y tanto ésta como los otros activistas o testigos que estuvieran presentes firmaban el documento con original y dos copias. El original era enviado a la Organización de Naciones Unidas, ONU (18). Una de las dos copias debe estar en la Seguridad del Estado, si es que no la han quemado, y la otra en un lugar muy seguro y oculto hasta hoy, donde también están todos los documentos del Partido Pro Derechos Humanos de Cuba (19) de esa primera época.

Teníamos que tomar precauciones porque todos sabíamos que estábamos vigilados constantemente y expuestos a lo peor. Bofill lo había señalado: "Cuba vive bajo el régimen de Castro en un virtual estado de ley marcial y, por lo tanto, abiertamente se violan los Derechos Humanos. Nuestras vidas, pues, estaban en gran peligro".

Por aquellos días, no recuerdo exactamente la fecha, marchó al exilio Raúl Montesino. Nunca supo el vacío y la tristeza que nos dejó. Era una persona con un gran amor por la vida, de nobles sentimientos. Sentía un profundo afecto por la escritora Natalia Bolívar y me dejó como recuerdo una sirenita hecha con una piedra dura de mar que aún guardo como prueba de hermandad.

Por aquellos días cada uno de nosotros era citado a la Dirección de Inmigración donde nos entregaban, por primera vez (20) en varios años de solicitado, nuestros pasaportes. Al cabo de dos o tres meses sólo quedábamos cuatro activistas fundadores del Comité, pero rodeados de un centenar de personas ansiosas por trabajar con nosotros (21).

No había dudas de que sentíamos una gran tranquilidad cada vez que uno de nosotros marchaba al exilio. En un régimen totalitario como éste no puede vivir una persona cuyos criterios discrepen del régimen. Además, no tendría trabajo, porque todo eso es controlado por el estado, ni tranquilidad. En cualquier momento su casa podía ser registrada y saqueados sus papeles personales como me ocurrió a mi un poco después.

¿Quién puede vivir en paz bajo amenazas, cortes constantes del teléfono de forma intencional por la policía política y, sobre todo, vigilados las veinticuatro horas del día por algún vecino destinado para esa función?

Después de la Exposición continuamos con las denuncias de violaciones para la ONU. Nada de conferencias, ni mesas redondas, ni exposición alguna. Estábamos advertidos. Para el gobierno cubano éramos "pájaros de un mismo plumaje que vuelan juntos, lobos de la misma camada, gatos de latón de basura, cucarachas". ¿Acaso eran ellos las palomas, los cachorritos caídos del cielo?

Como Maquiavelo, planeaban golpes bajos. El fin justificaba sus medios.

Los calificativos más ofensivos y de peor gusto aparecieron en la prensa con fines de pulverizar nuestro movimiento.

Pero el tiro les salió por la culata.

Las páginas de Granma (22) no convencieron a nadie de que Bofill era un fullero. El Comité crecía por días hasta tener más de doscientos miembros. El mismo Bofill, sorprendido, repitió varias veces que un Comité de este tipo no podía agrupar esa exageración de personas.

-Habrá que fundar un partido, un partido con el mismo nombre.

Nos miramos sin comprender. ¿Un partido en un régimen totalitario? ¿Un partido en una dictadura de esta naturaleza? ¿Un partido en la Cuba de Fidel? ¿Ricardo se había vuelto loco? Luego escribió:

"La idea y el espíritu del respeto integral de las libertades, las garantías y los Derechos Fundamentales del Hombre, constituyen el cuerpo del pensamiento más progresista, más popular y más revolucionario de nuestra época.

"En estos cuarenta años trascurridos desde 1948, los grupos de vigilancia en torno a los Derechos Humanos organizados en asociaciones y comités nacionales para los Derechos Humanos, han tenido y tienen la tarea de investigar y denunciar los atropellos y abusos cometidos contra estas libertades y garantías ciudadanas. A través de este trabajo se ha creado una verdadera conciencia universal a favor de los Derechos del Hombre. Estos empeños han sensibilizado en tal medida a la opinión pública internacional que hacen muy difícil que los crímenes y atrocidades políticas hoy queden impunes.

"Teniendo estos elementos de juicio como premisas, un grupo de cubanos hemos llegado a la conclusión de que, además de ejercer el papel de observadores que vigilan, denuncian y critican la situación de los Derechos Humanos en Cuna, ha llegado la hora de también desempeñar el rol de los que moldean las leyes, las proponen al Parlamento y batallan porque las mismas sean aprobadas.

"Para estos fines, hemos decidido fundar el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, que se dará la tarea de utilizar el precepto, establecido en la Constitución de la República de 1976, que establece que podrán presentarse proyectos de leyes ante la Asamblea Nacional del Poder Popular que estén avalados por diez mil firmas de ciudadanos".

El Partido quedó fundado el 20 de julio de 1988. El doctor Samuel Martínez Lara sería su Secretario Ejecutivo, yo la Secretaria General y Bofill su Presidente y creador.

Aquella noche emprendimos una misión realmente peligrosa. Conocíamos la ira de Castro, su empecinamiento en no permitir el más mínimo margen a sus opositores, calificados por él mismo como cucarachas de latón de basura.

Al día siguiente Samuel y yo organizamos el Comité Ejecutivo del Partido, compuesto de quince personas, en su gran mayoría profesionales. Por primera vez en la historia de la revolución de Fidel Castro, con veintinueve años en el poder, surgía un partido dentro de Cuba, en el mismo corazón de La Habana y dirigido por un médico joven y una poetisa.

De inmediato procedimos a la recogida de firmas. Como estábamos expuestos a registros inesperados por parte de la policía política, dispersamos las mismas en distintas casas. Nunca supimos en realidad cuántas teníamos. También en otras provincias se recogían, Es muy posible que pasaran de seiscientas.

Teníamos un intenso trabajo. Yo no paraba de escribir a máquina y de recibir a todo aquél que visitaba mi casa solicitando su ingreso al Partido. No nos interesaba si trabaja o no, si hasta hace poco había sido militante comunista o religioso de cualquier credo. Bastaba que trajera su carné de identidad y estuviera dispuesto a defender los Derechos del Hombre reflejados en la Carta Universal de Naciones Unidas.

A veces me quedaba sin voz. Era una vorágine en la que apenas teníamos tiempo para pensar en nosotros mismos.

Samuel trabajaba como médico siquiatra en un policlínico de La Habana Vieja. Era uno de los pocos que tenía un trabajo y salario. Juntos confeccionábamos los documentos que él, por lo general redactaba. De los dos, era quien tenía la mano más pesada. Si el Partido, nuestro Partido, tuvo alma, era Samuel: inteligente, sensible, culto y conocedor a fondo de los métodos de la policía política. Su optimismo era contagioso y su vitalidad imprescindible. Fuimos, lo recuerdo bien, una sola persona. También ocurrió así con todos los miembros ejecutivos y con el resto de los activistas. Si de algo nos sentíamos orgullosos era de la unidad que mantenía el Partido. Jamás empleamos ese método funesto de separar a personas motivos fáciles de superar. Ni siquiera cuando alguien comentaba que un activista podía estar colaborando con la policía política tomábamos medidas de expulsión. El Partido no hacía nada oculto. Todos sus documentos iban a parar a las manos de los periodistas acreditados en las agencias de prensa, emisoras de radio del exilio cubano y embajadas capitalistas o socialistas en Cuba.

Además, se sabía que el Partido no aspiraba al poder político ni a ocupar cargo alguno en la dirección del estado. Las personas que integraban el Comité Ejecutivo, con sus defectos y virtudes como todo ser humano, se exponían a perder su libertad y sus vidas participando de las labores del Partido. Eso era lo fundamental.

Sólo recuerdo el caso, eso sí, de un activista que había quemado vivo a un perro solo por ver cómo se consumía. Ese hombre siguió perteneciendo al Partido, pero jamás (así se lo expresé) quise tenerlo en mi presencia.

La calidad humana de los miembros ejecutivos no podía ser mejor. El Partido contaba con dos abogados de gran prestigio: Félix Fleitas y Pablo Llabre; dos médicos, Samuel y Omar del Pozo; dos periodistas, Rita Fleites y Pablo Roberto Pupo; dos ingenieros, Eduardo Hoyos y Cecilia Romero Acanda; una ex deportista, Hemérita Helejalde; y las ex presas políticas Aida Valdés Santana y Elida Tejeda; la familia González, compuesta de padres e hijos; Armando Araya, Julio Quiveiro, Caridad Leal y Flores. De cada uno de ellos guardo gratos e inolvidables recuerdos. Si hubo momentos tristes, ya están olvidados por carecer de importancia ante la tarea histórica y valiente que librábamos.

Sin embargo, para la cúpula gobernante seguíamos siendo gatos de latón de basura, vendepatrias, sucias nuestras actividades. ¿Por qué aquéllos que se aferran al poder siempre usan las peores ofensas para sus opositores? Cuando Fidel combatía en la Sierra Maestra era un "bandido", según Batista, y los miembros del Ejército Rebelde, tildados de "muerde y huye", no libraban batallas sino escaramuzas. Como en los años cincuenta, las ofensas servían para que el CCPDH y el Partido no tuviera necesidad de hacer una campaña proselitista. El gobierno la había hecho gratis para nosotros.

¿Es que acaso el "fullero transformista" (23) había caído simpático? ¿Acaso los que vendían su alma al diablo (nosotros) inspiramos la admiración de una buena parte del pueblo? Todo aquel que escuchó la Mesa Redonda por radio Martí sabía perfectamente bien que no éramos despreciables mentirosos y mucho menos traidores a la bandera que hemos abrazado siempre: la cubana (no la foránea de la hoz y el martillo porque, entre otras cosas, nuestro trabajador agrícola no usa hoz, sino machete). ¿Quién ignoraba los tratos crueles y degradantes a que eran sometidos los presos, sobre todo políticos? ¿Quién no sentía la imposición de ideas políticas de un ateísmo a la población? ¿Quién no sufría la represión?

Nadie creyó en las estafas hechas por Bofill a los agricultores, según Granma, ni los robos a bodegueros y asaltos a sacristías. Tampoco la acusación de delator en las prisiones, rodeado como ha estado siempre de ex presos políticos. Doce años estuvo entre rejas por conspirar. Mi amigo Juventino Díaz, un cubano repatriado, estuvo dos años en la cárcel por referirse en una cola de helado (año 1967) a la mala situación económica que afrontaba Cuba, a la inoperancia del socialismo. Bofill, es cierto estuvo involucrado en la Microfracción, pero jamás fue delator porque las víctimas de esa causa nunca dejaron de ser sus amigos. En este sentido y en todo lo demás miente la prensa cubana. ¿Cómo creer a una prensa que ofende de forma tan vulgar, que carece de ética al enjuiciar la conducta de seres humanos que sirvieron durante años de forma honesta al régimen?

Félix Pita Astudillo, que en paz descanse, fue el periodista que más insultos propinó a los activistas de Derechos Humanos. Para él, nuestro trabajo era una grosera operación anticubana, un infame operativo de propaganda negra, tan negra como nuestras conciencias.

Nuestro Partido, como lo señalan los trámites conforme a lo establecido en la Ley No., 54 de 1985, Ley de Asociaciones, dio los pasos institucionales para obtener su status legal en Cuba. Presentamos la solicitud al Ministerio de Justicia. Explicamos en ella que el Partido no aspiraba al poder ni a cargos públicos y que su único programa era la Carta Universal de Derechos Humanos. Su local era mi propia casa. Se relacionaron también las direcciones, ocupación, nacionalidad, edad y número de carné de identidad de cada uno de sus miembros y un sello del timbre por valor de diez pesos.

Pero jamás el registro Nacional de Asociaciones respondió. Eso sí, a los pocos días Fidel Castro dijo en una comparecencia pública que no iba a admitir partidos de bolsillo (24). A partir de ese momento sabíamos lo que en cualquier momento podía ocurrirnos.

Vivíamos por desgracia en una sociedad donde el dinamismo de la prosperidad había desaparecido. Bofill estaba muy claro en todo esto. Era un licenciado en Historia y conocía en detalles las interioridades de un gobierno como el de Castro. En 1980, por ejemplo, Bofill comienza sus labores como defensor de los Derechos Humanos. Sus documentos, que enviaba a las Naciones Unidas, eran calificados por el gobierno como "documentos contrarrevolucionarios con destino al exterior" y claro está, no le podían faltar las acciones delictivas comunes inventadas por el régimen.

Luego de elaborar esos documentos contrarrevolucionarios, Bofill es sancionado a dos años y medio de privación de libertad por tenencia ilegal de divisas, igual que al doctor Adolfo Rivero Caro y tantos otros.

Conozco a un joven que estuvo diez años preso siendo menor de edad, por llevar escondido un dólar en un zapato roto. Hoy es un hombre traumatizado a quien podrían indemnizar. El mismo me ha manifestado el terrible miedo que experimenta cuando ve un dólar, ya despenalizada su tenencia.

¿Qué vale la vida de un ser humano en un régimen totalitario? ¿Cómo es posible que por un lado se vanaglorien de ofrecer asistencia médica gratuita y por otro aniquilen al hombre, arruinando su vida. ¿Acaso no soy un ejemplo de esto que digo?

En 1986, cuando comencé a escuchar Radio Martí, supe de Bofill. Se había introducido en la embajada de Francia pidiendo protección a su persona. Era realmente un perseguido político, un hombre acosado, un disidente desde hacía mucho tiempo, aunque en la prensa cubana no se admita por lo claro; y lo que es peor, se contradecía. Por un lado pone al activista Bofill como un delincuente común: "precedente quizás único en el mundo, el estado revolucionario ayuda económicamente en ese interín al mismo sujeto que viene conspirando en su contra desde 1960". ¿Quiere decir esto que Bofill era ya un disidente desde 1960? Entonces, estábamos ante un disidente perseguido, un disidente verdadero sometido a malos tratos por las garras del poder.

¿Será cierto que luego de entrar y salir de varias prisiones y de permanecer largos años en éstas Bofill realiza, como afirma Granma, un acto de contrición y se le concede la libertad condicional? ¿Pudiéramos creer en esa generosidad por parte de un régimen que encarcela a un adolescente por ocultar un dólar en uno de sus zapatos rotos? Y así fuera, ¿no resulta sospechoso que intelectuales y disidentes hayan hecho actos de contrición a todo lo largo de este proceso político que ya dura cuarenta años?

Las bochornosas páginas de Granma, calificando a Bofill de hipocondríaco, de confidente de las autoridades penitenciarias, de mentiroso, no son únicas en la historia. Así dijo Hitler de los judíos y Stalin de los que mantenían una posición contestataria.

Hoy me pregunto si Bofill, encerrado en una celda, no habrá sido involucrado también en aquella maniobra de plagio literario de 1985 (25), cuando afirma Granma que el activista de "hocico chamuscado y agente de la CIA" había caído en un "rocambolesco conflicto ético". Tanto Bofill como José Lorenzo Fuentes (26), autor del libro, han sido víctimas del castrismo. Este último también conoció las cárceles comunistas cubanas, ¿quién no?; además, qué casualidad que también Bofill es un plagiador en los momentos en que más combatía las violaciones de los Derechos Humanos del gobierno. Conocí muy de cerca a Bofill, su modestia, su valentía. Sé que a lo largo de estos últimos diez años vive de su trabajo en el exilio y junto a su esposa de piel negra, también modesta y noble. No tiene un hijo que se haya convertido en su enemigo ni ha hecho daño jamás a un amigo.

¿Cómo es posible que Bofill, según Granma, "ofendiera al pueblo cubano" denunciando las violaciones de los derechos de ese pueblo? Es más, ¿cómo pensar que ofendía al gobierno señalando sus errores en cuanto a derechos Humanos? ¿No le estaría haciendo un favor, ofreciéndole una alternativa con el fin de que pudiera rectificar antes de que fuera demasiado tarde? ¡En absoluto! Nuestro grupo era una mafia contrarrevolucionaria presidido por un bastardo. He aquí el párrafo completo: "un bastardo, dispuesto a simularse renegado de las ideas comunistas que nunca profesó y de apuñalar por la espalda a los que lo acogieron, con sectaria necedad, como uno de los suyos. Un ventajista sin escrúpulos, presto a traicionar a cualquiera de los que comparten su suerte, un trepador a la caza de incautos, asombrosamente hábil en genuflexiones ante pequeños emisarios de los poderes terrenales más espurios. Un vendepatria en permanente subasta. El gran sociólogo de Reagan".

Toda persona de buen gusto, con una ética profesional, con una sensibilidad y amor al prójimo, jamás estaría de acuerdo con estas páginas de Granma que demuestran la prepotencia, la agresividad política, la vulgaridad de un gobierno ofendido ante tan duras verdades dichas por un hombre indefenso, perseguido, encarcelado tantas veces por sus ideas.

En estos momentos en que escribo estas páginas cientos de activistas realizan las mismas funciones que Bofill, en defensa de los Derechos Humanos y catalogadas por el gobierno como "malabares propagandísticos".

En estos momentos cientos de personas sacan informes clandestinos de las prisiones políticas, cartas, denuncias de violaciones. La práctica de encarcelar disidentes continúa y los periodistas independientes son vigilados y acosados.

¿Qué representa pues esa firma de Cuba, según su constitución, aprobando la Declaración Universal de Derechos Humanos? En su acápite 18 dice esta Declaración que "toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión".

¿Es que sólo acaso violando esos derechos un dictador puede mantenerse en el poder por espacio de varias décadas? ¿Por qué nos tocó vivir este presente tan bochornoso?

NOTAS

1. Fue el día de la víspera de San Lázaro, el 16 de diciembre de 1987, y se aprovechó que es usual que se produzcan reuniones en casas privadas a lo largo del isla celebrando el Día de San Lázaro, reverenciado popularmente en Cuba.

2. La emisora Radio Martí, del exilio, hizo una gran promoción de la grabación, y finalmente fue presentada y repetida durante varios días a la audiencia dentro de la isla. El texto de la grabación se conoce como "Coloquio en La Habana", se hicieron varias ediciones en el exilio y fue traducido al inglés. Para ver el texto completo remitirse a "La Fisura", de Reinaldo Bragado Bretaña, editado por la "Cátedra del Pensamiento Libre" del Instituto de Derechos Humanos y Laboral de Florida International University, 1998.

3. Muchos coinciden en que Fidel Castro delegó el diseño de la política a seguir por parte de la dictadura con el movimiento de Derechos Humanos en el ya fallecido general José Abrantes. Según me contó en una reunión privada en Miami el escritor exiliado Norberto Fuentes, en una ocasión él se encontraba almorzando con el general Abrantes cuando llegó Carlos Aldana, alto funcionario de la dictadura, quien después de sentarse a la mesa le pidió al general que eliminara físicamente a Ricardo Bofill. Abrantes respondió: "ésa no es la forma de trabajar a esa gente". Abrantes tenía en mente una campaña de descrédito y acoso contra los activistas. Según observadores de la realidad cubana, el fracaso de esa política constituyó el primer paso de su declive ante la confianza de la cúpula castrista.

4. Término con el que se designa a los presos políticos que, a pesar de sus largas condenas, se negaron a aceptar los planes de reeducación de la dictadura e, incluso, a rechazar el uso del uniforme de presos. Debido a que sólo usaban paños menores, se les conoce también como "los calzoncillos". La represión más brutal ejercida por Castro contra presos políticos recayó sobre estos hombres. Mario Chanes de Armas -preso plantado- es, de hecho, el prisionero político del mundo que más años pasó en prisión, sobrepasando la condena que sufrió el activista sudafricano Nelson Mandela.

5. El artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas asegura la libertad de viajar, pero la dictadura de Castro lo viola constantemente. El documento clasificado bajo el nombre C-8 es la negativa oficial que entrega la dictadura a los que desean abandonar el país.

6. Se conoce como Microfracción el proceso contra un grupo de origen marxista que, a mediados de la década del sesenta, comenzó a combatir el culto a la personalidad de Fidel Castro y a hablar de economía de mercado. En 1967 un escandaloso proceso político condujo a este grupo a la cárcel, cerrando la puerta a un posible reto al poder absoluto de Fidel Castro.

7. Unión de Escritores y Artistas de Cuba, conocida por sus siglas UNEAC, órgano de los escritores y artistas oficialistas.

8. Tania confunde la fecha. La Exposición se inauguró el 14 de febrero de 1988.

9. Prisionero político plantado, destacado poeta que cumplió una larga condena en Cuba por combatir la dictadura de Castro. De su extensa obra se destaca, entre otros, su poemario "La campana del alba", de aires profundamente martianos.

10. Conservo en mis archivos de Miami uno de los catálogos de la Exposición de Artistas Disidentes. A continuación el curriculum vitae de Raúl Montesino que aparece en el mismo:

Raúl Montesino Rodríguez, Bauta, La Habana, 1956

1975- Graduado de Técnico Medio de Cultivo de la caña de azúcar.

1976- Matricula ingeniería en Sanidad Vegetal en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana.

1980- Expulsado en 5to. año de la carrera durante el período de la llamada "profundización de la economía".

1980-85- Trabaja como fotógrafo profesional de estudio Son-My en Guanabacoa.

1985- Comienza su carrera autodidacta en las artes plásticas.

1985- Exposición personal "Ritos y castigos" en la Biblioteca Nacional José Martí.

1986- Exposición "Cimarrón", patio del Museo Nacional de Bellas Artes.

1986- Exposición "Costumbres de la calle San Isidro", Teatro Mella.

1986- Exposición "Yorubas y Bakongos", galería Servando Moreno.

1987- Exposición "Los orishas en Cuba", salón Solidaridad del Hotel Habana Libre.

1987- Exposición "Orú" (acción plástica), Sala Talía.

Asesoramientos folclóricos.

Cine:

Documental "Cuba-Brasil", coproducción cubano-brasileña dirigida por Orlando Zena y Santiago Alvarez.

"Gallego", coproducción cubano-española dirigida por Manuel Octavio.

Teatro:

"Santa Camila de La Habana Vieja", dirigida por Armando Suárez del Villar.

"Electra Garrigó", dirigida por Armando Suárez del Villar.

"Requiem por Yarini", dirigida por Armando Suárez del Villar.

Televisión:

Versión de "Requiem por Yarini", dirigida por Carlos Piñeiro.

Realizó pinturas y cerámicas para el filme "Un señor muy viejo con las alas muy grandes", dirigida por Fernando Birri e inspirada en el cuento homónimo de Gabriel García Márquez. Ha hecho ilustraciones para la revista venezolana "Cábala".

Raúl Montesino es miembro de la Sección de Artistas e Intelectuales del Comité Cubano Pro Derechos Humanos. Esta exposición forma parte del conjunto de actividades programadas por el CCPDH en apoyo a su reclamo de que la Cuadragésima Cuarta Reunión de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra disponga una investigación sobre la situación de los Derechos Humanos en Cuba.

11- El texto de mis palabras en la apertura de la Exposición puede encontrarse en "La Fisura", obra citada.

12- Tania olvida que Adolfo Rivero Caro también presentó la obra de Raúl Montesino, expositor principal, y que sus palabras fueron incluidas en el catálogo de la Exposición titulada "Premios y Castigos". A continuación el texto íntegro de las palabras de Rivero Caro:

Premios y Castigos es la exposición independiente de un artista independiente. En otros países se ha dado en llamar contracultura a las creaciones artísticas que existen y se desarrollan al margen de los criterios hegemónicos y de su mercado. En este sentido, la exposición de Raúl Montesino es una manifestación de contracultura. A su creador le repugna que lo llamen un "servidor" y le dan dispepsia los llamados a la modestia. En definitiva, esta sólo es necesaria para quienes vivan en medio de la adulación y no para los creadores y artistas noveles. Los que no cobren fe en sus propias fuerzas nunca serán más que una masa amorfa y subalterna. Ciertamente, Raúl Montesino no es modesto. No puede serlo quien cree que puede aconsejarse con Orula cuando lo estima conveniente porque, como sabemos, él es sacerdote Ifá, babalawo.

Premios y Castigos es un nombre sugerente. Se refiere, claro está, a los premios y castigos que recibían los negros esclavos en la colonia. Quizás también a los artistas y creadores de épocas más modernas, confrontados no sólo con los boca abajo críticos, los cepos ideológicos y los bozales temáticos, sino también con los dorados grilletes de la comodidad y el prestigio. En todo caso, los castigos se reflejan fundamentalmente en la plástica, donde maderas y herrajes se integran en formas bárbaras y torturadas. Como contraste, hay alegría en la cerámica donde sobre tinajas, porrones cazuelas, lebrillos y tinajitas apreciamos los emblemas de Yemayá y Olokun, de San Lázaro, de Agayú, de Eleguá y de los traviesos Ibeyis. Todos las piezas desempeñan funciones rituales que han sido reproducidas con la exactitud del amor. Las plumillas, por su parte, nos parecen ricas y expresivas. Nos gustan, particularmente, el simpático San Antonio de Padua con su halo inclinado como el sombrero de un petimetre y que tanto contrasta con su doble africano, el hierático Eleguá; la pareja Virgen de las Mercedes-Obatalá, con su composición minuciosa y preciosista, por una parte, y sus sosegados espacios blancos, por la otra; el misterioso Ochosi, cazando su ciervo inmortal en un bosque que es también cornamenta. El dibujo es atrevido, libre, sin inhibiciones. Quizás, en ocasiones, la composición vacila o se extravía pero no importa, el aliento es vigoroso.

Estamos ante un artista en pleno desarrollo. Confiamos en que su perenne insatisfacción y su devorador afán de saber le permitan conquistar el lugar dentro de la plástica cubana que esta exposición nos avizora.

13- Nicolás Guillén Landrián, sobrino del poeta Nicolás Guillén. Cineasta cuya obra fue censurada por la dictadura, sobre todo a partir de su documental "Coffea arábiga". También pintor, su obra se exhibió en la Exposición. Gracias a una campaña del Comité Cubano Pro Derechos Humanos fue liberado. Hoy radica en el exilio.

14- La televisión cubana pasó filmaciones del acto de repudio contra la Exposición en el Noticiero nocturno y el propio general Abrantes declaró, refiriéndose a las turbas, que no eran más que pueblo ofendido y que quizás la próxima vez la policía no podría llegar a tiempo para impedir algo peor.

15- René de la Nuez, caricaturista editorial del periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. Fue vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) desde 1989 hasta 1991.

16- El celo de los funcionarios de la dictadura con la figura de Fidel Castro los lleva a extremos delirantes. A continuación cito un fragmento del libro "Necesidad de libertad", Kosmos Editorial S.A., cuyo autor, Reinaldo Arenas, dice en la página 127 refiriéndose a Virgilio Piñera:

"Durante esa prolongada agonía fue censurado también su poema 'Paseo del caballo', escrito y publicado en 1943, en la revista Orígenes que publicaba José Lezama Lima. En 1969 el poema fue suprimido de la antología poética de Piñera,"La vida entera", si bien, con la torpeza que caracteriza a toda burocracia, el título del poema aparece registrado en el libro. ¿Razones de esta censura? A Fidel Castro se le conoce despectivamente en Cuba con el nombre de 'El Caballo', por lo tanto este poema, escrito y publicado en 1943, podría tener conexiones políticas con acontecimientos y personajes de 1969. Una prueba más del carácter absurdo y delirante de una tiranía perfecta". Hasta aquí la cita de Arenas.

Otro caso que involucra el celo de los funcionarios de la cultura en lo tocante a Castro fue el mío propio. En 1976, cuando yo tenía sólo 23 años y, por tanto, era un ingenuo, envié al concurso de novela policiaca del Ministerio del Interior una novela que quedó entre las finalistas y fue reconocida en el acta final del jurado como meritoria por sus valores en el género. Un general y un destacado poeta, miembros del jurado, me dijeron personalmente que "con el comandante no se puede jugar, ni en literatura". El tema de la novela era un atentado a Castro y, a pesar de que las fuerzas del Ministerio del Interior descubrían el complot, el hecho de que un grupo de descontentos tuviera suficiente valor para intentar ajusticiarlo, y sobre todo que el objetivo fuera el propio Castro, hacía inadmisible el argumento.

17- Teodoro del Valle, pintor y diseñador, preso político, actualmente en el exilio, uno de los organizadores del CCPDH en presidio y posteriormente fue el diseñador del montaje de la Exposición de artistas disidentes.

18- Tania se refiere a que el destino final de las denuncias era la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas con sede en Ginebra, Suiza, pero desde ese trabajo primario, "de campo", a la llegada de las denuncias a Suiza, había una larga cadena de activistas y colaboradores involucrados.

19- Tania se refiere al Partido Pro Derechos Humanos de Cuba. Ver el trabajo "Los partidos azules: un reto del siglo XXI", de Reinaldo Bragado Bretaña, publicado en "El Nuevo Día" de Puerto Rico y en "Diario Las Américas, de Estados Unidos. Incluido en "La fisura", obra citada. Tania, más adelante, abunda sobre el tema.

20- También, siempre siguiendo la política del general Abrantes, los que nunca habían solicitado salir de Cuba, como era mi caso, fuimos citados al Departamento de Inmigración donde se nos entregó el pasaporte cubano. Era la política de "al enemigo que huye, puente de plata", pero con una ligera variación: "el enemigo se tiene que ir por el puente -no precisamente de plata- y a la fuerza".

21- El crecimiento del movimiento de Derechos Humanos ha sido tal que hoy día, y a pesar de la constante comunicación con el exilio, se hace difícil confeccionar una lista con todas las organizaciones. De hecho, según cálculos conservadores de algunos especialistas, las organizaciones visibles superan las doscientas.

22- Después de la invasión de Bahía de Cochinos, el hecho antigubernamental al que la prensa de la dictadura ha dedicado más espacio fue a Ricardo Bofill y su movimiento de Derechos Humanos. Fueron tres días seguidos de extensos reportajes del periódico Granma, acompañados por tres programas de televisión de dos horas cada uno hechos por los órganos de la Seguridad del Estado. A esta campaña se suma un número especial del semanario humorístico "Pa'lante", y espacios dedicados en el periódico Juventud Rebelde (órgano de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba), así como trabajos en la revista Bohemia y la edición internacional de Granma en varios idiomas. Por si fuera poco, la dictadura publicó dos biografías de Ricardo Bofill.

23- El título de la serie televisada contra Ricardo Bofill era "Historia de un fullero", hecha por los órganos de la Seguridad del Estado.

24- Fue durante el discurso que Fidel Castro pronunció el 26 de Julio de ese año.

25- La dictadura de Castro también usó contra otros activistas campañas de desinformación. Adolfo Rivero Caro y Gustavo Arcos Bergnes, por sólo citar dos casos, sufrieron este tipo de ataques infundados. De la misma forma se intentó desacreditar a los disidentes soviéticos. Un caso notorio es el de Elena Bonner, a quien las autoridades soviéticas acusaron de haber asesinado a su primer esposo con una sobredosis de insulina para poder casarse con el "contrarrevolucionario" Andrei Sajarov.

26- Hoy en vive en el exilio.