III. Ginebra, los "plantados" y los micrófonos ocultos. En este capítulo vamos a conocer la Tania Díaz Castro anterior a su comparecencia ante la prensa de Cuba y al video de televisión. Es otra Tania, la que veremos hablando con su propia voz en la Segunda Parte de este libro. Para comenzar, yo diría que el mayor porciento de todas las denuncias que se enviaban a Ginebra eran redactadas por Tania en su vieja máquina de escribir. También, por tener acceso al Combinado del Este, gran cantidad de "balitas" -diminutos papeles donde los prisioneros políticos escribían sus denuncias- salían de las rejas y llegaban a la calle gracias a ella. De hecho, transcribir una "balita" es un trabajo agotador. Son pequeñísimos papeles escritos por los dos lados, lo que hace muy difícil su lectura porque las letras se transparentan. Recuerdo que Tania consiguió unos lentes especiales, se puede afirmar que eran dos lupas engastadas en una armadura, para poder pasar en limpio las famosas "balitas". Cuando uno llegaba a su casa de la calle Soledad, lo primero que se escuchaba a través de las ventanas enrejadas era el tecleo de la máquina de escribir, después los ladridos de sus perros. También fue la autora de que llegara a los prisioneros políticos históricos, en el interior del Combinado del Este, una pequeña grabadora. Ese equipo tan codiciado en Cuba fue una donación del periodista norteamericano Roger Reed, radicado en Ginebra, Suiza, y cuya tesis de doctorado en la Universidad de Ginebra fue "La evolución de la política cultural en Cuba: desde la caída de Batista hasta el caso Padilla", 1989, en la cual incluye datos procedentes de una entrevista realizada por él a Tania en La Habana el 28 de marzo de 1988, y de una biografía de Tania, escrita por ella y entregada a Reed en abril del mismo año. Por cierto, el propio Reed sufrió el acoso de la policía política y, después de andar por La Habana entrevistando disidentes, pasó él a ser el "entrevistado", pero no por un periodista, sino por oficiales de la Seguridad del Estado. Terminó como persona no grata en la isla. El día que lo conocí yo estaba muy ocupado en mi casa. Escuché el aldabón y cuando abrí me encontré a un joven que hablaba perfecto español, con cierto acento. Me dijo: -Me llamo Roger Reed, soy norteamericano y estoy haciendo una investigación. En Miami me dieron su nombre y me dijeron que debía entrevistarlo. -Lo siento -le respondí-. Pero mi gata está pariendo en estos momentos y no puedo atenderlo. Cuando ya iba a cerrar la puerta, Reed apuntó: -Yo nunca he visto a una gata parir. ¿Me permite verlo? Lo invité a entrar. Mi gata Ingrid Bergman estaba pariendo en la "barbacoa" de mi casa. Reed estaba maravillado ante los diminutos gatitos que iba llegando al mundo. Roger Reed resultó ser un hombre extraordinariamente sensible del cual guardo gratos recuerdos. Su esposa también estaba al dar a luz, en Ginebra, por lo cual tendría que abandonar muy pronto la isla. Su capacidad, y sagacidad, le permitieron ver con claridad lo que sucedía en Cuba, y lo aprendido lo vertió en su excelente tesis. El nos dejó en herencia esa pequeña grabadora que usaba para sus entrevistas, y se la entregó a Tania uno o dos días antes de abandonar el país. Lo que no imaginó Roger es que la grabadora entró clandestinamente al Combinado del Este y en ella se grabaron las voces de los prisioneros políticos plantados, cintas que después Tania sacó a la calle y finalmente se enviaron al exterior y fueron radiadas en las emisoras del exilio. Esa era la Tania que trabajaba por el Partido Por Derechos Humanos, la misma que hizo en su casa una especie de exposición permanente con lo que se pudo salvar de la Primera Exposición de Artistas Disidentes", auspiciada por el Comité Cubano Pro Derechos Humanos y que fue asaltada por turbas gubernamentales en un monumental acto de repudio -la casa sede la exposición pertenecía a Alicia Fernández Arrate y Carlos Valdés Dapena, ambos en el exilio-, con la presencia del Ministro del Interior José Abrantes. Sobre este hecho, el CCPDH emitió la siguiente comunicación: COMITE CUBANO PRO DERECHOS HUMANOS Primera Exposición de Artistas Disidentes de Cuba, celebrada en Ciudad de La Habana, del 14 al 17 de febrero de 1988. La Primera Exposición de Artistas Disidentes de Cuba fue la primera manifestación organizada, de manera pública y abierta, de cultura contestataria a la opresión stalinista, que se ha llevado a cabo en Cuba en 30 años de gobierno totalitario. Esta Exposición incluyó una muestra de las siguientes manifestaciones culturales: Artes Plásticas. Exposición "Premios y Castigos", del pintor y escultor Raúl Montesino. Muestras de las obras pictóricas de los artistas: Nicolás Guillén Landrián, Roberto Bermúdez Miguel, Teodoro del Valle, Santos Martínez Fernández y otros. Poesía. Exhibición de poemas escritos en el Presidio Político de Cuba, entre otros, por los escritores Ernesto Díaz, Alberto Fibla, Alfredo Mustelier Novo, Sándor Mendoza. Muestra de la poesía de Tania Díaz Castro, Reinaldo Bragado y otros. Ensayo. Introducción al Catálogo de la Exposición "Premios y Castigos", escrito por el dr. Adolfo Rivero Caro. Trabajo de investigación sociológica. Entrevistas con testimoniantes de violaciones de los derechos Humanos en Cuba llevadas cabo en paneles de investigación sociales del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, de Americas Watch y del Comité de abogados por los Derechos Humanos de New York. Periodismo de análisis. Conferencias de prensa con reporteros de diversos países del mundo y con cronistas cubanos, efectuadas con testimoniantes de las violaciones de los Derechos Humanos en Cuba y con miembros del CCPDH. Tribuna de debates. Intervenciones y disertaciones sobre el tema de las Libertades Fundamentales del Hombre y de las violaciones de los Derechos Humanos en Cuba, efectuadas por ejecutivos del CCPDH. Fotografía. Exposición fotográfica del acto de inauguración y del trabajo sobre Derechos Humanos efectuado en el marco de la Primera Exposición de Artistas Disidentes de Cuba. En la sede de este evento cultural se exhibieron y discutieron textos provenientes de libros y escritos de espíritu constestatario. El Comité Cubano Pro Derechos Humanos grabó un programa de radio con testimonios sobre la situación de los Derechos Humanos en Cuba en el transcurso de esta exhibición de arte. Hasta aquí la comunicación del CCPDH. Por supuesto que la dictadura no podía aceptar semejante afrenta en el mismo centro de La Habana. La jauría se desató contra ese "palenque en el Vedado".Poco después del asalto, el gobierno incautó las obras. Ese hecho motivó la emisión de la siguiente nota de prensa: COMITE CUBANO PRO DERECHOS HUMANOS NOTA DE PRENSA El Comité Cubano Pro Derechos Humanos denuncia a la opinión pública el robo, por parte del gobierno de Cuba, de la totalidad de la exposición "Premios y Castigos", del artista Raúl Montesino, primera exposición de arte independiente de Cuba. El pasado 24 de marzo miembros de la policía política, alegando ser funcionarios de la Reforma Urbana y con la complicidad del Comité de Defensa de la Revolución (CDR) de la cuadra, se personaron en la residencia del matrimonio Carlos Valdés y Alicia Fernández, sede de la exposición asaltada el pasado 17 de febrero, y ordenaron que las obras no podían ser retiradas del inmueble hasta que el mencionado matrimonio abandonara el país, momento en que pasarían a control estatal. Raúl Montesino, destacado miembro del CCPDH, hizo gestiones en la Reforma Urbana y allí se le informó que sus obras pasaban a Patrimonio Nacional, alegando oscuras leyes que, según los funcionarios, amparan tal despojo. La constitución de la República asegura que ningún ciudadano cubano puede ser despojado de su propiedades y, a pesar de esto, el robo sistemático a las personas que abandonan el país continúa, situación denunciada constantemente por el CCPDH. En este caso no es difícil descubrir el verdadero móvil del robo. La exposición de Raúl Montesino, inaugurada el pasado 13 de febrero, constituyó un hito histórico en la cultura del país. Esta muestra de arte marginado que se hizo pública debe desaparecer a todo precio porque recuerda a los artistas asalariados del pensamiento político oficial que existen creadores con suficiente valor como para no acatar los lineamientos partidistas excluyentes. El CCPDH y su Sección de Artistas e Intelectuales pide ayuda a los creadores honestos del mundo para que hagan un reclamo al gobierno de Castro y que esta exposición sea devuelta a su legítimo dueño. Los artistas independientes de Cuba están solos ante la fuerza. Necesitamos de la opinión pública y a ella apelamos. Al mismo tiempo ratificamos nuestra decisión de continuar creando un arte legítimo, independiente, como sólo puede ser el arte. Hasta aquí la nota emitida por el CCPDH. Pero hay otro caso en el que Tania fue un personaje principal. Se trata de los famosos micrófonos ocultos que encontraron los prisioneros políticos históricos en sus celdas del Combinado del Este y, como los desactivaron, fueron objeto de una violenta requisa por parte de las autoridades penitenciarias con el fin de recuperar los micrófonos. A continuación, la nota de denuncia emitida por el CCPDH que firma, entre otros, la propia Tania. COMITE CUBANO PRO DERECHOS HUMANOS La Habana, Junio 4 de 1988 El Presidio Político Histórico Cubano, conocido mundialmente con el nombre de Plantados, está siendo víctima de la represión más cruenta que prisionero alguno haya conocido en la historia de la humanidad. Esto confirma los pronunciamientos que repetidamente ha venido ejecutando el CCPDH acerca de que las "mejorías" en ciertos aspectos en los Derechos Humanos en Cuba no son más que maniobras coyunturales para encubrir la cruda realidad de un régimen policíaco represivo stalinista del viejo cuño. El pasado 26 de mayo del presente los presos políticos más viejos del planeta detectaron casualmente en sus celdas quince diminutos micrófonos instalados en las mismas con el fin de escuchar todas sus conversaciones. Este vergonzoso acto de espionaje político dio lugar a que un enorme dispositivo de miembros del Cuerpo Especial de la P.N.R (Policía Nacional Revolucionaria) a cuyo frente estaban oficiales de la Policía Política de todas las graduaciones, llevaran a cabo una requisa sin precedente alguno en el Presidio Político Cubano. En ella participó un equipo médico integrado por el Dr. Peña, director del Hospital Nacional de Reclusos; la dra. María Isabel González Quintana, vice directora del mismo hospital; el Dr. Mier, el dr. Pubillones, la Dra. Lina Paglieny y el dr. Martínez Noda, entre otros. Los 44 prisioneros plantados fueron llevados al Combinado del Este para ser sometidos a una requisa médica, consistente en hacer un examen físico por la fuerza con el fin de encontrar los micrófonos que se habían tragado como último recurso para conservarlos como prueba de esta violación a los Derechos Humanos. Mario Chanes (moncadista y expedicionario del Granma), Carlos Cabrera, poeta y escritor, y el poeta y escritor Ernesto Díaz Rodríguez, fueron atacados por los guardias, siendo inmovilizados, y los obligaron a ingerir medicamentos de acción catártica y ultra rápida. En el curso de esta maniobra fueron golpeados salvajemente y conducidos al cuarto de rayos X para tomarles por la fuerza placas de todo el cuerpo, también les introdujeron varillas metálicas en todos los orificios del cuerpo. En el caso de Onofre Pérez, que no ha logrado expulsar el micrófono, le dijeron que de no hacerlo sería sometido a una cirugía mayor de abdomen. En momentos en que Cuba iba a ser elegida para ocupar un escaño en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y que la Comisión de la Cruz Roja Internacional acababa de llegar al país, paradójicamente, la brutalidad policial del régimen de Fidel Castro se acrecienta, apelando a todos los medios que el desarrollo aporta con fines represivos y utilizando a un equipo médico altamente calificado para tan bestiales propósitos. El Comité Cubano Pro Derechos Humanos muestra una profunda preocupación por estos hechos y apela a la Cruz Roja Internacional y a cuantas instituciones existan de carácter humanitario para que intercedan ante al gobierno cubano para que se le respete la vida a los prisioneros políticos, se les deje de torturar y se muestre mayor respeto por la dignidad humana. El doctor Samuel Martínez Lara, presidente de la Comisión Médica del CCPDH, considera que la mayoría de los prisioneros que componen el Presidio Histórico Cubano llevan más de veinte años en prisión, padecen de enfermedades crónicas (adjuntamos un informe de estas enfermedades) y teme por la vida de Alberto Grau Sierra y Angel Luis Argüelles Garrido (confinados en el "Rectángulo de la Muerte"), así como por la vida del resto de sus compañeros. Queremos denunciar ante el mundo la utilización de un equipo médico con fines represivos, en franca contraposición con los principios Hipocráticos, con los postulados de Esculapio y con la ética médica en general, así como con los nobles propósitos del ejercicio del medicina. Firmado: Ricardo Bofill, Samuel Martínez Lara, Reinaldo Bragado Bretaña, Mario Santiesteban López, Tania Díaz Castro y Raúl Montesino. Con motivo del descubrimiento de los micrófonos ocultos y la posterior requisa, escribí el siguiente artículo en La Habana, el cual circuló como periodismo clandestino por las prisiones y el resto de la isla y fue enviado al exterior. CASTRO-GATE EN LA HABANA Todos recuerdan qué fue el Watergate, nombre del edificio estadounidense donde comenzó un escándalo de considerables proporciones. El sistema secreto de escucha detectado en las instalaciones del Partido Demócrata culminó con la renuncia del presidente en funciones, Richard Nixon. La nación quedó anonadada ante tal violación de la privacidad ajena. La prensa en Cuba, a partir de ese hecho, califica cualquier affair agregando "gate". Pero es increíble la suerte que depara el destino a algunas personas. En los últimos días de mayo y los primeros de junio, fue el inicio en el Combinado del Este -famosa prisión castrista- del Castro-Gate. Los 44 presos plantados históricos descubrieron, casualmente, quince micrófonos secretos ocultos en el techo de sus celdas. Estaban tapados con el material de repello y sólo un minúsculo agujero, un poco mayor que el grueso de aguja de coser casera, era el que permitía registrar las conversaciones privadas de los reclusos en los atentos oídos de la policía política cubana. Era una violación desfachatada de la privacidad de esos seres humanos, los prisioneros políticos más antiguos del continente. Pero lo de menos, en este caso, fue que escucharan sus conversaciones. Los asombrados policías, al detectar que ya los micrófonos no transmitían, comprendieron que habían sido descubiertos por los reclusos. Entonces comenzó el infierno. Una requisa sin igual en la historia del presidio en Cuba en busca de los micrófonos, los cuales, según el decir de un alto oficial, debían aparecer "en la tierra o en el cielo". Las autoridades penitenciarias agregaron algo más a la "Historia universal de la infamia": la requisa médica, que incluye la revisión de todos los orificios del cuerpo y placas radiográficas tomadas a la fuerza así como purgantes de efecto rápido. Todo esto debido a que algunos plantados, por no entregar el preciado trofeo de guerra, prefirieran ingerir los micrófonos. El cinismo de esta nueva técnica de registro fue protagonizado, entre otros, por el Dr. Peña -director del Hospital Nacional de Reclusos-, la Dra. María Isabel González Quintana -vicedirectora del mismo hospital-, y los doctores Pubillones, Lina Paglieny y Martínez Noda. En el curso de las requisa se emplearon cantidades inusitadas de efectivos policiales que coparon el edificio de los plantados y cerraron el penal a visitas y correspondencia. Ahora bien, no debemos pasar por alto el momento en que se producen estos bochornosos hechos: el Comité Internacional de la Cruz Roja se encuentra en Santiago de Cuba inspeccionando las prisiones en el momento en que los plantados son objeto de esta brutal golpiza y, en la arena internacional, el gobierno de Cuba consigue un escaño en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. ¿Qué está pasando? ¿El plantea se está volviendo loco o siempre lo ha estado? Al gobierno de Cuba no le basta con violar la privacidad de la población a través de rigurosos sistemas de vigilancia policial con el apoyo de los Comités de Defensa de la Revolución los cuales, atentos a los más mínimos movimientos de los vecinos, denuncian cualquier actividad que pueda ser considerada "contrarrevolucionara", como si los dirigentes cubanos fueran revolucionarios y no fósiles históricos y políticos, sino que lleva su anormal curiosidad hasta la intimidad de las celdas de sus opositores. El hecho de que los prisioneros políticos más viejos del continente detectaran micrófonos para grabar sus conversaciones privadas debía desatar una protesta en la prensa nacional. Por supuesto, nada semejante sucederá, nadie pedirá cuentas al gobierno por tal atropello y mucho menos este affair, el Castro-Gate, culminará con la renuncia del presidente de la república. Así están las cosas en este planeta. Mientras un pequeño grupo de hombres, lidereados por Ricardo Bofill en el Comité Cubano Pro Derechos Humanos denuncia estos hechos hasta quedarse sin fuerzas, el mundo occidental, cómplice frío, permite que Cuba integre la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y observa con los brazos cruzados cómo, en plena Habana, los defensores de los derechos civiles asegurados por la Declaración Universal, son perseguidos y no poseen garantías para trabajar. Reflexionando sobre estos hechos pienso que, en el plantea, muchos necesitan un "gate" que los conduzca a la renuncia. Quizás sólo sea un soñador, pero confío en que llegue el día en que la dignidad señoree en los foros internacionales y perseguidos sean los violadores y no los violados. Mientras tanto escojo el único lugar justo para el hombre honesto, el banquillo de los acusados. Lo demás lo dejo a las hienas: carroña y poder no son nuestro alimento favorito. Hasta aquí el artículo. Pero los micrófonos, en contra de lo que dijera el alto oficial durante la requisa a los plantados, no aparecieron ni en el cielo ni en la tierra, sino en la sala de mi casa, en Curazao 24, La Habana Vieja, después de un largo y complicado periplo cuyo eslabón fundamental fue la propia Tania. Estaba bañándome cuando resonó el aldabón de mi casa con tanta insistencia que salí mojado, y envuelto en una toalla, a responder al llamado. Era Raúl Montesino, expositor principal de la Primera Exposición. Estaba sudoroso, asustado. Me indicó con el índice sobre los labios que no hablara -todos temíamos que nuestras casas estuvieran llenas de micrófonos- y que le trajera papel y lápiz. Así lo hice, y Montesino escribió lo siguiente: "Estos son los micrófonos de los plantados. Dice Bofill que los saques del país". Y me entregó una pequeña caja de fósforos, de las que se fabrican en Cuba, envuelta en esparadrapo y con las siguientes palabras en tinta azul: "Para Tania". Montesino se marchó a velocidad ultrasónica despidiéndose por señas y sudando como nunca lo había visto. Cuando me di cuenta de que en la mesa de centro de la sala de mi casa estaban los micrófonos que la policía política buscaba desesperadamente por toda la ciudad, entonces comencé a sudar más que Montesino. Abrí la cajita por pura curiosidad. Allí estaban. Perecían dos discos de esos que se ponen las personas con sordera en los oídos. La volvía envolver cuidadosamente y me senté a pensar. Estaba muerto de miedo. Lo primero que decidí es que los micrófonos no podían permanecer, ni en mi casa, ni en la casa de ningún miembro del Comité Cubano Pro Derechos Humanos. No era difícil que a la policía política se le ocurriera registrarlas. Así que me vestí y salí a la calle con la cajita dentro de media. Después de caminar unas veinte cuadras la entregué a un admirador del CCPDH que no militaba en él. Le prometí que en una hora regresaría a buscar la cajita sin decir qué contenía. De ahí partí hacia la casa de Santos Martínez, Santico, y su esposa Caridad -Cacha, como la llamábamos, ex prisionera política-, y les expliqué lo que pasaba. Santico me dijo que teníamos que sacar los micrófonos de donde yo los había dejado y llevarlos hacia otro lugar seguro del cual él disponía. Santico y yo regresamos a la casa donde los había dejado. Santico me esperó en la esquina y yo estaba de vuelta a los diez minutos con la cajita de los micrófonos de nuevo oculta en las medias. Regresamos a casa de Santico y allí le entregué los micrófonos. Santico desapareció en la azotea y comenzó a cruzar ese mundo singular, muy propio de La Habana, ubicado entre la tierra y el cielo que está compuesto por las azoteas de todas las casas y edificios que se comunican unas con otras. A los veinte minutos regresó: -Todo está seguro. Quedamos en vernos al día siguiente a las siete de la mañana. Así fue. Los tres, Cacha, Santico y yo, salimos a hacer las gestiones correspondientes para sacar los micrófonos del país. Junto a la cajita de fósforos le envié una nota a Armando Valladares, a quien destiné los micrófonos, firmada por Santico, Cacha, yo y también con el nombre de Bofill, pero con mi firma por sustitución reglamentaria: Bofill no podía salir de su casa porque de sólo hacerlo lo escoltaba un acto repudio ambulante. Poco después, en la sección anual de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas con sede en Ginebra, Valladares mostraba los micrófonos que le envió el CCPDH con la importante participación de Tania. El Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, cuya máxima figura era precisamente Tania, continuó con su trabajo a toda máquina. Años después, en 1999, ante la contaminación de la población con estas ideas de defensa de los Derechos Humanos, que se traducen en la práctica como una posición de oposición al régimen totalitario, el régimen tuvo que tomar medidas extraordinarias. Esas medidas, que a continuación describiré, son la mejor prueba del éxito que el movimiento de Derechos Humanos ha alcanzado en los pocos años de su existencia. El lunes 15 enero de 1999 los cables hervían. La Asamblea Nacional del Poder Popular, instigada por el propio Fidel Castro, aplaudía las leyes draconianas contra el movimiento de Derechos Humanos en general y el periodismo independiente en particular que el dictador vitalicio proponía. Al día siguiente fue aprobada por ese organismo que La Habana califica de "parlamento". La engendro jurídico se titula "Ley de Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba" y en su preámbulo declara la vieja cantinela señalando que el objetivo de la ley es "derrotar el propósito anexionista de Estados Unidos". Bajo el título que buscaron para la nueva ley, abarcador y poco definido, caen las actividades que tradicionalmente han llevado a cabo los miembros del movimiento de Derechos Humanos y los periodistas independientes. El disparo a la frente de los opositores se resume en el siguiente párrafo: "La colaboración directa o mediante terceros con emisoras de radio o televisión, periódicos, revistas u otros medios de información masiva", lo cual ha sido el trabajo cotidiano de los periodistas independientes y que, a partir de ahora, cuesta hasta treinta años de privación de libertad o multas hasta de 100,000 pesos. Al igual que hicieron con Tania, la nueva ley señala la vinculación de los periodistas independientes con el famoso imperio y sus actividades la considera colaboraciones con la "constante guerra económica, política, diplomática, propagandista e ideológica" de Estados Unidos. La severidad de los castigos alcanza a la introducción en el país de materiales subversivos, su reproducción o difusión. De todos es sabido que uno de los principales trabajos de las organizaciones de Derechos Humanos exiliados, y de otro corte también, es enviar a la isla toda tipo de información que va desde literatura prohibida hasta periódicos y revistas. El 21 de febrero de 1999, el poeta y periodista independiente Raúl Rivero, que vive en Cuba, publicó en El Nuevo Herald el siguiente artículo que puede considerarse como una respuesta a la nueva ley de Castro: Monólogo del culpable La Habana. La letra de la ley sobre la protección de la independencia nacional y la economía de Cuba les permite a las autoridades de mi país condenarme por el único acto soberano que he realizado desde que tengo uso de razón: escribir sin mandato. El camino que inicié hace unos pocos años con la ruptura total con los medios de prensa y cultura del gobierno me ha ido convirtiendo en un ser humano distinto, alguien que se ha liberado por cuenta propia, alguien que en un entorno amenazado y hostil pudo empezar el viaje hacia la libertad individual. Los miedos, las prisiones, el acoso, sólo han servido para darle más valor a esos hallazgos. Han contribuido a que mi devoción por la soberanía del hombre sea ahora un instinto indomable, mucho más que una noción y una necesidad. De modo que una disposición redactada con la tinta perecedera de las trampas políticas, envuelta en una maniobra chapucera para hacer aparecer a un pequeño grupo de periodistas que trabajamos en Cuba como aliados de narcotraficantes y proxenetas y mercenarios a sueldo de Estados Unidos, me produce sólo un variado cóctel de repugnancia. Los años de cárcel que la ley promete con generosidad, por encima al temor del encierro y el castigo, hay que verlos con consternación. Es presentar a la nación cubana como una tribu enquistada en el Caribe, clausurada para la información y el debate de las ideas, ajena a la evolución y al cambio. Para el brazo en alto de esta nueva ley, así como para los insultos de los oscuros funcionarios del periodismo oficial, las llamadas amenazadoras a mi casa, para el sobresalto de cada día yo tengo -me doy cuenta cuando me quedo solo con mi máquina-, el regocijo de saberme libre. La certeza de que informar con objetividad y profesionalismo y escribir mi opinión sobre la sociedad en que vivo no puede ser un delito muy grave. Me cuesta mucho trabajo sentirme culpable. Es casi como si se me acusara de respirar o se me anunciara una eventual prisión por amar a mis hijas, a mi madre, a mi mujer, a mi hermano y a mis amigos. No puedo asumirme como un delincuente por contar con precisión el drama de más de 300 prisioneros políticos o por informar que se derrumbó un edificio en La Habana Vieja o por publicar una entrevista con un cubano que quiere para su país una sociedad plural y plena de libertad de expresión. Nadie, ninguna ley podrá hacerme asumir una mentalidad de gángster o de delincuente porque reporte el arresto de un opositor o dé a conocer los precios de los productos básicos de alimentación en Cuba, o redacte una nota donde diga que me parece un desastre que más de 20 mil cubanos se vayan cada año al exilio, a estados Unidos, y otros centenares estén tratando de quedarse en cualquier parte. Nadie me hace sentir como un criminal, un agente enemigo ni como un apátrida ni como ninguna de esas necedades que el gobierno usa para degradar y humillar. Soy sólo un hombre que escribe. Y escribe en el país donde nació y donde nacieron sus bisabuelos. (Cuba Press/Cuba Free Press Inc.) Por su parte, Osvaldo Payá Sardiñas, presidente del Movimiento Cristiano Liberación, declaró el jueves 18 de febrero desde La Habana, en El Nuevo Herald, lo siguiente: "Han hecho una ley contra la verdad para garantizar el privilegio de unos pocos, para garantizar el poder absoluto y el inmovilismo, para continuar con la bota sobre la cabeza del pueblo. Una ley mordaza y de coacción". No por gusto ya el pueblo cubano, con su sagacidad y sentido del humos tituló a la nueva ley con el nombre de "Ley Titanic", porque es la ley de un barco que se hunde. Termino mi parte con los tres poemas que Tania leyó en la grabación clandestina que se efectuó en su casa de la calle Soledad, la víspera del día de San Lázaro -conocida como "Coloquio en La Habana"-, y que fue enviada clandestinamente al exterior y difundida por la emisora del exilio Radio Martí. Doy paso a la poesía de Tania para cerrar esta parte del libro. En la próxima, ella misma contará su historia:
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