I. La prensa, Galileo y la frase clave "Eppur, si
muove" Hace unos doce o trece años me encontraba en casa de Tania Díaz Castro, en la calle Soledad, en La Habana, sentado junto a ella en su sala de puntal alto, abigarrada, que parecía estar siempre bajo los efectos de un huracán de actividad. En realidad esa sensación no era un espejismo, sino la personalidad de la propia Tania, una mujer cuyo estado más sosegado raya con lo vertiginoso. Tomábamos té negro ruso -del que se conseguía a contrabando y que casi siempre procedía de los abastecimientos del ejército-, con poca azúcar. Yo fumaba un cigarrillo "Popular". Tania tenía la ventaja de no ser adicta al tabaco, sobre todo en los tiempos de racionamiento perpetuo que se viven en Cuba. Yo me deleitaba escuchando las anécdotas de esa poeta caída en desgracia, anulada, llevada a la condición de no persona al estilo orwelliano, como le sucedió a tantos otros intelectuales y artistas que fueron, o siguen siendo, amigos de ella. Uno de los que se mantenía firme, a pesar de la distancia y el tiempo, era Heberto Padilla, así como su esposa, la también poeta Belkis Cuza Malé, ambos en el exilio. No era poco frecuente que la visitara, los dos estábamos involucrados en el movimiento de Derechos Humanos. Ella era la figura más destacada del recién formado Partido Pro Derechos Humanos de Cuba (PPDHC). Yo, por mi parte, pertenecía al Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH), organización presidida por Ricardo Bofill Pagés, creador del movimiento, y de la que nunca me separé incluso cuando la misma Tania, en gesto que aprecié mucho y que me honró, me invitó a pertenecer al Ejecutivo del nuevo Partido. Fue una situación embarazosa para mí porque ella ya había confeccionado los partes de prensa en su vieja máquina de escribir y mi nombre aparecía, tanto en el original como en las copias. Tuvo que redactarlos de nuevo porque, como todos sabemos, en Cuba no hay "white out", mucho menos computadoras. Mi negativa sólo respondía a que yo era de los creía que no debía producirse una duplicidad de afiliación en las agrupaciones, aunque en el trabajo práctico diario se puede casi afirmar que constituían una sola, indivisible, y que se ayudaban mutuamente frente al enemigo común. Esa tarde, mientras me contaba pasajes de su vida, pensaba en los duros momentos por los que ya había pasado esa mujer, nacida en Camajuaní, Las Villas, donde cursó sus estudios iniciales hasta que se trasladó a La Habana en 1952. Ya en la capital, durante cuatro años estudió ballet, y no tengo que hacer un gran esfuerzo de imaginación para apreciar el atractivo que debió desplegar esa alta muchacha sobre un tabloncillo, en matrimonio de actividad física y música. Después Tania estudió secretariado comercial y pasó a trabajar, desde 1960 hasta 1962, en la Comisión Nacional Cubana de la UNESCO. Había tenido una vida intensa, y sus viajes la habían llevado por Chile, Brasil, Canadá, República Democrática Alemana y Checoslovaquia. En 1967 participa en el Seminario del Congreso Cultural de La Habana y también matricula periodismo en la Universidad de La Habana, abandonando las aulas un año después, aunque esto no impidió que se vinculara al periodismo, trabajando en disímiles publicaciones como Trabajo, Con la guardia en alto, Bohemia, Constructores, y colaborando en otras tantas, como Prensa Libre, La Tarde, Romances, Cuba, El Mundo, Hoy, Revolución, Juventud Rebelde, La Gaceta de Cuba, OCLAE, las revistas mexicanas El escarabajo de oro y El corno emplumado y la argentina Cormarán y Delfín. Dos poemarios suyos habían visto la luz en Cuba, Apuntes para el tiempo, 1964, publicado por Ediciones R; y Todos me van a tener que oír, 1970, publicado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC. Sencillamente, tomaba té junto a una mujer que había visto mucho. Lo que ella no imaginaba, ni yo tampoco, era que le faltaba mucho por ver. Esa tarde los recuerdos de Tania la llevaron a su amigo Heberto Padilla. Me contó que ella estaba presente el día que se produjo la famosa intervención del poeta arrepintiéndose de su obra. Sus declaraciones fueron un llamado de alerta a la opinión pública internacional. Como se dijo en su momento, la redacción de las palabras de Padilla era casi policial. El poeta sabía lo que estaba haciendo y el mundo supo leer entre líneas. Pero la anécdota que Tania me hizo de aquella fatídica jornada me ilustró mucho y me sirvió años después para explicarme su conducta, para encontrarle sentido a sus declaraciones cuando, el 5 de septiembre de 1990, alabó públicamente a la dictadura de Fidel Castro y criticó al movimiento de Derechos Humanos, precisamente ella que era una de sus máximas figuras. Ese día, cuando Padilla terminó de hablar, algunos amigos lo rodearon, los que no tenían miedo a "ensuciarse", es decir, a perjudicarse mostrando públicamente su amistad al hombre sobre el que Castro había descargado todo su poder. Allí, rodeado de íntimos entre los que estaba Tania, Padilla susurró: "pero se mueve". Padilla apeló a la famosa frase de Galileo Galilei, pronunciadas en italiano (Eppur, si muove), quien se vio obligado a retractarse por haber declarado, después de Copérnico, que el planeta Tierra giraba sobre su eje, lo cual encendió la ira de la Iglesia ya que ese postulado es contrario a lo que establecen las Escrituras. Años después, cuando Padilla finalmente pudo exilarse en Estados Unidos y libre ya de presiones, contó su verdad en el prólogo de su novela "En mi jardín pastan los héroes" y en su libro "Mala memoria". Padilla, desde entonces, con un intenso trabajo periodístico, se ha convertido en una pluma de permanente crítica a la dictadura, como lo hizo en su poemario "Fuera del juego". El miércoles 5 de septiembre de 1990 -ya Tania llevaba veinticuatro horas de libertad después de siete meses de prisión en Villa Marista, sede de la Seguridad del Estado de Castro-, Tania ofreció una conferencia de prensa en su casa para los periodistas nacionales y extranjeros acreditados en la isla. La periodista Mirta Ojito -hoy en el New York Times-, de "El Nuevo Herald", diario de Miami, publicó un reportaje al día siguiente, el 6 de septiembre, bajo el título de "Ex disidente alaba castrismo". Ojito apunta que Tania acusó a sus compañeros de lucha de ser "manipulados" por el gobierno estadounidense. Cito a Ojito: "Díaz Castro señaló que no veía la necesidad de defender los derechos humanos en un país donde la medicina y la educación gratuitas son accesibles para todos. También declaró que no creía que el pluripartidismo fuera necesario en Cuba: 'Ni hay necesidad ni el pueblo lo aceptaría. Además, eso crearía división y caos'. Agregó que su encarcelamiento bajo un cargo de asociación ilícita estaba justificado. Díaz Castro, que es Secretaria general del Partido Pro Derechos Humanos, fue sorpresivamente liberada el martes sin fianza en espera de ser llevada a juicio". Hasta aquí la cita de Ojito. Si observamos, hay tres puntos fundamentales en las palabras de Tania que son el caballo de batalla de la propaganda de la dictadura. Ella, por supuesto, estaba siguiendo un guión redactado por su instructor de Villa Marista, el oficial Rodolfo Pichardo Olano. La medicina gratuita, la educación gratuita y, cómo iba a faltar, el rechazo al pluripartidismo. Pero sigamos con el reportaje donde Ojito cita otras palabras de Tania: "Si llego a ser condenada en este juicio, lo que es muy probable, estoy dispuesta a cumplir cualquier sanción, porque realmente me siento culpable... de haber participado con un grupo de personas que sienten este odio por la revolución". Muy bien, ahora estamos frente al viejo argumento que señala a los "desviados" como amargados, llenos de odio, automarginados y resentidos. Es el discurso que usa cualquier oficial que "atiende" a un intelectual díscolo. Muchos de los exiliados cubanos que viven en Miami reconocieron estas palabras con facilidad, porque las escucharon de los labios de sus respectivos instructores en las celdas que les tocaron en suerte. Si no lo creen, lean lo que sigue escribiendo Ojito: "Tania expresó su arrepentimiento por sus actividades anteriores y dijo que había sido disidente del gobierno de Fidel Castro porque 'tenía una venda en los ojos' y 'actuaba con resentimiento y amargura'". Tania continúa en la conferencia de prensa de la siguiente forma, y sigo citando a Ojito: "Desde que llegué a la Seguridad del Estado llegué dialogando... primero discutiendo, y terminamos conversando. Se mostraron muy humanos conmigo, muy respetuosos". Las mismas palabras que Padilla pronunció cuando se retractó públicamente bajo la presión de la Seguridad del Estado. La dictadura de Castro, además de férrea, no tiene imaginación ni siquiera para variar en dos o tres líneas un viejo guión. Continúo citando el reportaje de Ojito: "[Tania] añadió que estaba 'desilusionada' con varios de sus colegas del movimiento de los derechos humanos porque, según ella, éstos se han dejado utilizar por Estados Unidos y estaban más interesados en derrocar al gobierno comunista de la isla que en defender esos derechos. "[En Cuba] los activistas por los derechos humanos no son más que soldados y confidentes de la Sección de Intereses de Estados Unidos, señaló. Específicamente atacó a Gustavo Arcos Bergnes, secretario general del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, que ha sido nominado para el Premio Nobel de la Paz de este año. "[Tania] negó que sus declaraciones estuvieran condicionadas por su próximo juicio, o que hubiera hecho algún trato con las autoridades. Junto con otras cuatro personas, Díaz Castro afirmó en julio en un programa de la televisión cubana que la crisis de las embajadas que culminó esta semana en Cuba, luego de casi dos meses, formaba parte de un complot organizado desde marzo por diplomáticos de Estados Unidos y la República Federal Alemana. "Díaz Castro indicó que ella accedió voluntariamente a ser entrevistada en el programa de televisión y que no fue presionada en modo alguno por las autoridades. Reinaldo Bragado, escritor que participó en el movimiento de derechos humanos en Cuba, dijo que el caso Díaz Castro es similar al renombrado caso del escritor Heberto Padilla en 1970, quien fue obligado a autocriticarse públicamente por sus posiciones contra el gobierno. 'El acuerdo que ella hizo con la seguridad tiene que cumplirlo', indicó Bragado. 'El precio puede ser la libertad que ahora disfruta, o indulgencia en el juicio, o la supuesta generosidad de la revolución de manera que la dejen libre'". Aquí termino con el reportaje de Mirta Ojito. Al parecer, nada nuevo puede ofrecer Fidel Castro después de tantos años de ejercicio ininterrumpido del poder. Esa clase extraña y siempre peligrosa para los dictadores, los intelectuales, tiene que ser sometida al mismo y viejo guión que se basa en las palabras del dictador de 1961, y si se trata de activistas de derechos humanos además de intelectuales, la orden es triturarlos en vida. En occidente, el solo hecho de que Tania ofreciera una conferencia de prensa en su casa con la asistencia de los medios de la dictadura, fue suficiente para comprender lo que estaba sucediendo. Nunca, por supuesto, los medios oficiales cubanos enviaron corresponsales a ninguna actividad del movimiento de derechos humanos. En este caso sucedía todo lo contrario, la policía política aportaba el guión, Tania actuaba bajo presión y sin la más mínima posibilidad de defensa, y la dictadura generosamente enviaba sus cámaras de televisión. Telón. Pero después del telón no llegaron los aplausos. Por acá, en los países libres, ya hemos visto muchas veces la misma película. Pero sigamos con la prensa. The Miami Herald, periódico de lengua inglesa, publicó el miércoles 20 de febrero de 1991 un reportaje en su sección "Living" titulado "Switching" (yo lo traduciría como "Cambiando de bando"), firmado por la periodista norteamericana Mimi Whitefield, quien hizo el reportaje desde La Habana, es decir, consiguió un permiso de la dictadura para entrar al país. Whitefield comienza su artículo como sigue: "Tania Díaz Castro abandonó su casa de fantasmas, la vieja casa de principio de siglo en la calle Lealtad, de techos de 18 pies de alto y elegantes arcos, donde alguna vez acogió reuniones furtivas de activistas cubanos pro derechos humanos y transcribió los comunicados en su máquina de escribir". Whitefield declara en su reportaje: "Seis meses atrás el nombre de Díaz Castro figuraba prominentemente en los informes de organizaciones internacionales de derechos humanos. Era una disidente cumpliendo su segundo período de cárcel por levantar un escandaloso archivo sobre los derechos humanos en Cuba. Para la comunidad cubana exiliada de Miami ella era Tania la valiente, y Tania la víctima". El reportaje "Cambiando de bando", continúa como sigue: "Ella [Tania] calificó a los miembros del Partido Pro Derechos Humanos de Cuba -grupo que ella cofundó- de 'soldados' de la Sección de Intereses de los Estados Unidos. Dijo que a los Estados Unidos le preocupaban poco los derechos humanos en Cuba y que usaban el tema para destruir a Fidel Castro". Este es otro aspecto importante para la propaganda de la dictadura, vincular a los activistas de derechos humanos, o mejor aún, al movimiento completo, con el gobierno de los Estados Unidos. En territorio cubano, el exponente del tenebroso Uncle Sam es la Oficina de Intereses de ese país. Se trata de la tradicional acusación de "lacayos del imperialismo", la retórica antimperialista dirigida a seguir los consejos de Gustave de Lebon en su obra "Sicología de las muchedumbres": si quieres mantener la cohesión interna y no tienes un enemigo externo, invéntalo. Además, para el consumo externo, es el disfraz gastado de víctima del imperialismo, los harapos del pobrecito miembro de tercer mundo expoliado hasta morir por el primer mundo. La izquierda internacional, ésa que alguien ha catalogado con precisión de "izquierda caviar", todavía tiembla de emoción cuando alguien levanta la bandera desprestigiada de la lucha contra el imperio voraz. Así que no había mejor acusación contra el movimiento de derechos humanos que catalogarlos de agentes del imperialismo, "soldados" de la geofagia del coloso del norte, en otras palabras, de agentes de la tenebrosa CIA. Aunque muchos crean que hoy día ni los niños se asustan con semejantes cuentos, lo cierto es que un verdadero ejército de profesionales en eso de defender los intereses del prójimo, ahora desempleados debido al desplome del Muro de Berlín, se reaniman en su agonía ideológica cuando escuchan los manidos discursos de los cuales vivieron sin trabajar durante años, salivan con los ojos entornados cuando alguien les sopla al oído la mentira que quieren oír. Whitefield continúa desde las páginas de The Miami Herald citando las declaraciones de Tania: "Ellos [los exiliados de Miami] piensan que estoy bajo presión, sobornada, manipulada por la Seguridad del Estado. No es cierto, no soy una persona fácil de presionar". Paso a explicar este pasaje de Whitefield, pero lo haré con una sola pregunta: ¿será esta precisa declaración la forma que tenía Tania de susurrar, a su manera y bajo las circunstancias que le tocaron, "pero se mueve"? Pero ahora vienen las opiniones de la propia Whitefield vertidas en su artículo: "La transformación de Tania Díaz Castro es la historia de muchas cosas: ambiciones políticas en ambos lados del Estrecho de la Florida, la lucha de una escritora por ser escuchada en una sociedad donde la conformidad es el camino más fácil, y la historia de una mujer que encuentra intolerable ser una forastera. "Es, también, la historia de una persona que ha sido reinventada y usada como un símbolo, tanto por el gobierno cubano como la comunidad exiliada, para avanzar sus propias agendas, y de un país de humo y espejos donde las cosas con frecuencia no son lo que parecen". Hay algo que se hace difícil entender, sobre todo cuando las premisas sobre las que se levantan los avatares sociales de casi un siglo, son falsas. Y falta muy poco para que finalice el presente que nos deja, como herencia y como maldición, uno de los mayores mitos de la historia. Los que vivimos en este planeta hemos tenido que enfrentar uno de los más perfectos y grandes mitos del acontecer histórico: considerar al comunismo -incluyendo todas las gamas del marxismo leninismo, stalinismo, maoísmo, castrismo, etc., y sin olvidar las variantes religiosas como la teología de la liberación- como una ideología política. Esa confusión, esa gran mentira, ese mito descomunal, nos hace cuesta arriba cualquier paso que deseamos dar por el bien de nuestros países. En realidad, la mejor coartada para los ladrones que abundan en todas las latitudes es vestirse de marxistas. Se trata de una categoría superior de delincuencia: los ladrones vulgares asaltan bancos, los comunistas asaltan países con los bancos incluidos, el cielo, la tierra y las vidas de los seres humanos. Es un robo absoluto, una obra maestra de la apropiación ajena. A nadie se le ocurre decir que el famoso gangster norteamericano de origen italiano Al Capone fue injusto con uno de los miembros de su hermandad de delincuentes cuando lo asesinó a sangre fría, nadie lo señala por haber violado el código mafioso que exige cierto proceso previo a la "ejecución". Nadie se ve obligado a señalar que Al Capone, su familia de gangsters y su código mafioso, todo junto, no es más que una barbarie incivilizada. Eso está implícito cuando se habla de personas de esa calaña. Nadie tiene que perder tiempo colocando en el lugar que le corresponde a hombres como Capone. Pero sucede que con los comunistas no es así. Las personas que tratamos de denunciar los abusos de los comunistas o buscar ayuda para nuestra causa, debemos comenzar por explicar a los escépticos víctimas del mito que Castro, por citar un ejemplo, es un bandido. Dura labor. Cuando denunciamos que en Cuba el único renglón exitoso de la economía es la construcción de prisiones, el asombrado víctima del mito señala que es imposible, que no puede ser que así sea, que no imagina a Castro, el alfabetizador y vacunador de niños, excelso criador de vaquitas, el que concede becas a los pobres del tercer mundo, como un cruel carcelero. Y entonces hay que comenzar por el principio la larga historia hilvanada de mentira en mentira. Basta recordar que Carlos Marx levanta toda su teoría sobre la base del odio, del resentimiento que tiene todo frustrado cuya única suerte fue que un amigo -Federico Engels- lo mantuviera económicamente. Despojar a los que tienen algo y preconizar la lucha sangrienta entre los distintos niveles de las sociedades fue su lema. Al eminente Marx nunca se le ocurrió mejor solución que derramar sangre -la ajena-, y sus seguidores lo consiguieron hasta que el famoso "fantasma que recorre Europa" del manifiesto comunista convirtió a millones de seres humanos tras la cortina de hierro en verdaderos fantasmas vivientes sin la menor esperanza de un futuro decente. Ese mito que nos deja el siglo es uno de nuestros peores enemigos. Hay que escribir constantemente en su contra para darle la sepultura que merece en la memoria de la humanidad. Tenemos que "despojarnos" de ese tenebroso fantasma al que Carlos Marx dio vida para despojarnos de la nuestra. Si echamos una mirada a las grandes figuras del comunismo vemos que, los preocupados defensores del pueblo ruso terminaron viviendo en los palacios de los zares; por acá, en nuestro hemisferio, tenemos que los sandinistas se mudaron -¿para dónde mejor?- para las casas y las propiedades de los miembros del régimen anterior y de los nicaragüenses acaudalados que tuvieron que salir huyendo de su país; y Castro y su gente, al principio de la llamada revolución, se mudaron para los propiedades de la burguesía cubana que huyó a cualquier país que le quisiera dar asilo, y después no le bastó y construyeron mejores y más modernas propiedades en los terrenos que pertenecieron a alguien que ya no estaba, ya sea porque se asiló o porque lo fusilaron. Entonces, si ha sido así sin excepción, tenemos que el comunismo no ha sido más que una cobertura, un barniz político para delincuentes comunes. No se puede entender de otra manera tanto despojo, atropello y crimen en nombre de una ideología. De ahí que los párrafos citados antes sean totalmente descabellados. De sus aseveraciones se desprende que los del lado de acá del Estrecho de la Florida desean el poder y que sus luchas son de carácter político con la finalidad de ocupar la dirección del país. De acuerdo a esto, la situación cubana no es más que un simple caso de facciones encontradas aspirando a ocupar la dirección de la nación. Los extranjeros que lean esos párrafos del The Miami Herald pensarán, por sus aseveraciones, que en Cuba no se ha producido un proceso social anormal y violento, con despojo de propiedades, genocidio y crímenes de lesa humanidad. Esa agitada vida política de Miami no es más que la actividad de los opositores políticos de los actuales gobernantes -Castro- trabajando en plena campaña. Pero sucede que en el caso cubano se produjo una toma del poder por la fuerza y la sociedad civil fue aniquilada por Castro. Los violados y despojados, los que sufrieron prisiones injustas, destierro y separación familiar no fueron los opositores políticos del dictador, sino simplemente toda la población afectada por la persecución desplegada por la tiranía. Los que supuestamente tienen una agenda que "avanzar" como opositores políticos no son más que mecánicos, panaderos, albañiles, maestros, médicos, ingenieros, contadores, etc., que nunca fueron políticos y que hoy tampoco lo son. Esa gama de desterrados son personas ajenas a la política que claman justicia contra los atropellos. No se puede acusar a una persona afectada por un delincuente que presenta una queja ante un tribunal, que desea ocupar el lugar que el delincuente ostenta en la sociedad. Si se le aplicara esa simple ecuación el enfrentamiento entre los violados y los violadores en el caso cubano a Little Big Horn, tendríamos que decir que las flechas que los indios americanos lanzaban al general Custer eran el resultado de la misma cultura política que Custer encarnaba: deseo de ocupar el poder. De aplicar el esquema al caso judío, la persecución de nazis es el resultado del mismo embotamiento político que tuvieron los seguidores de Hitler al querer exterminar a la nación judía. Los judíos no desean que se haga justicia, quieren el poder, siempre de acuerdo a la interpretación de los dos últimos párrafos citados de Whitefield. No se puede objetar que la función de una persona que ha sufrido una violación de derechos humanos es denunciarla sistemáticamente, no sólo por reclamar justicia para su caso, sino para que no se repita algo similar en otro miembro de la especie. Esa actitud es la que se espera de un habitante del mundo de hoy con un mínimo de sensibilidad. Quiero agregar que muchos de los que hoy están contra la dictadura de Castro, una vez derrocada, volverán a sus funciones normales, sus profesiones u oficios, sin importarles para nada el poder y, tal vez, sin tan siquiera regresar a Cuba porque ya sus lazos familiares y económicos se establecieron en este país. Un médico cubano despojado de su hogar y su país, un plomero golpeado en actos de repudio organizados por la dictadura por el solo hecho de querer abandonar Cuba, o un joven que cumplió ocho años de prisión por "diversionismo ideológico", el cual consistió en escuchar a los Beatles y leer a Milovan Djilas, no tienen agenda política alguna, sólo claman por justicia. Atribuir a las víctimas ambiciones políticas es tratar de igualar a las víctimas con los victimarios. Es la confusión lógica que genera el gran mito del siglo XX, considerar el comunismo como una simple ideología en combate con su contrario. En el mismo artículo de Whitefield se citan las declaraciones de Ricardo Bofill: "Pensamos que ella [Tania] era uno de nosotros. No era un persona creada artificialmente que se nos acercó". Más adelante, Whitefield habla sobre el proceso de reflexión de Tania durante su encierro. Y cito: "Ella [Tania] llama a sus recientes seis meses en prisión 'un refugio para la reflexión' y la lectura. Su dieta literaria: economía, política, los discursos de Castro, Lenin, una historia de Cuba, La vida de Sandino". Con esa dieta literaria es realmente asombroso que Tania aún conserve alguna neurona funcionando correctamente. Además, obligar a alguien a leer semejantes mamotretos es la tortura más refinada y efectiva a la que puede ser sometido cualquier ser humano. Si yo hubiera estado en su caso, después de leer el primer discurso de Castro hubiera confesado cualquier cosa, incluso, haber sido el verdadero autor material del asesinato de John F. Kennedy en Dallas, aunque en esa época yo sólo contaba con diez años de edad. La poeta Belkis Cuza Malé, en el artículo de Whitefield, declara: "Estamos seguros que está diciendo lo que dice porque el gobierno o la policía le han dicho lo que tiene que decir". Y cuando Tania declara que la Declaración Universal de Derechos Humanos es un "documento burgués", Belkis comenta que "Nadie habla así, usando las palabras del estado. Es una señal, nos está enviando un mensaje". Belkis tenía razón: ese mensaje era el "pero se mueve" de Tania. El artículo de Whitefield cierra con una declaración de Ricardo Bofill, quien también "supo escuchar" el mensaje de Tania. Dice Bofill: "Nosotros no vamos a olvidarla y no vamos a dejar de defenderla. La consideramos como una víctima del sistema". Al parecer, del lado de acá del Estrecho de la Florida, muchos detectaron el susurro de Tania cuando nos dijo, entre líneas, "pero se mueve". |