SolidaridadSEBASTIAN
ARCOS
CAZABON La historia está llena de ironías,
algunas tristes, otras justas. Por ejemplo: ¿no es una triste ironía
que Fidel Castro, símbolo internacional del antimperialismo, haya
terminado convirtiendo al dólar en la moneda nacional de Cuba? El
anticapitalista por excelencia, el representante de los oprimidos,
promoviendo la inversión de capital extranjero y defendiendo el
apartheid turístico. El socialismo --dicen los manuales-- es el camino
hacia el comunismo. El socialismo --dicen los cubanos-- es el camino más
largo entre el capitalismo y... el capitalismo.
Que los primeros extranjeros encarcelados por reunirse con disidentes
cubanos hayan sido dos ciudadanos checos es un ejemplo de ironía justa.
Mientras democracias venerables como Suecia y Francia --tan activas
cuando se trata de ayudar a los movimientos de izquierda-- miran hacia
otra parte, dos ciudadanos de un pequeño país que hasta ayer formaba
parte del imperio comunista se toman el inmenso trabajo de ir a Cuba, no
a Varadero acompañados de una ardiente criolla, sino a darle una
palmada en la espalda a dos disidentes en Ciego de Avila. ¡Qué
decencia la de esos checos! El régimen cubano dice que violaron la ley
que prohíbe a visitantes extranjeros relacionarse con la oposición. ¿Que
esa ley no existe? Pues se inventa. Escuchen bien los proponentes de los ``contactos
constructivos'', que éste es el primer mensaje del dictador detrás del
arresto de los checos: los extranjeros son bienvenidos a Cuba a explotar
mano de obra semiesclava, a prostituir a las cubanas, a las playas dónde
no pueden ir los cubanos, pero no a reunirse con disidentes. ¿Se
acuerdan del ``internacionalismo proletario''? Eso está bien para
invasiones militares en Angola y Afganistán, alentar guerras civiles en
Centroamérica, y colaborar con la ETA, pero no para llevarle una
computadora a un pacífico disidente. ¡Eso es una intervención en los
asuntos internos del país! ¿Se acuerdan de la ``ley del embudo''? ¿Y por qué a dos ciudadanos checos, cuando tantos
extranjeros antes que ellos, incluyendo jefes de estado y cancilleres,
se han reunido con disidentes? Porque la República Checa ha llevado por
los últimos años la iniciativa contra el régimen cubano en la Comisión
de Derechos Humanos de la ONU. Porque el presidente Havel ha expresado
de muchas maneras su apoyo a la oposición pacífica cubana. Para La Habana, Pilip y Bubenik son ``agentes del
imperialismo'', tenebrosos espías enviados con la misión de
``desestabilizar el país''. En Miami, algunos voceros del castrismo
compararon el ``delito'' de los checos con los de los espías de la Red
Avispa. Nada más descabellado, aun si fueran ciertas las acusaciones
ridículas del régimen cubano. Las avispas vinieron a Miami a sacar
información; los checos fueron a La Habana a llevar información. La
dirección del movimiento lo indica todo. Cuando un régimen teme más a la información que
pueda entrar al país que a la que pueda salir, nos da una buena
indicación de su catadura moral. ¿Y no significa esto que tienen razón los que
proponen inundar la isla de inversionistas y turistas? Todo lo
contrario. Claro que Castro le teme al intercambio de información, pero
el dictador lleva más de 40 años en el poder por villano, no por imbécil.
La política de contactos constructivos funcionaría
si el de Cuba no fuera un régimen totalitario encabezado por un tipo
ambicioso y sin escrúpulos, pero ése no es el caso. El dictador cubano
entiende perfectamente el doble filo de la política, y por eso está
dispuesto a permitir sólo el mínimo de apertura económica suficiente
para que su régimen sobreviva --que es insuficiente para que el país
prospere-- con tal de controlar las consecuencias políticas. Si las
consecuencias políticas se tornan peligrosas, el dictador está
dispuesto y preparado para terminar con el turismo y la inversión sin
importarle las consecuencias económicas. Ese es, repito, el principal
mensaje tras el arresto de los checos: los extranjeros vienen a Cuba a
hacer lo que Castro quiere que hagan, no lo que ellos quieran hacer. Desde su papel en la exitosa transición democrática de la República Checa hasta su celda en Villa Marista, Ivan Pilip y Jan Bubenik han ayudado a la causa de una Cuba democrática como pocos. En el futuro, Cuando Cuba sea tan libre como lo es hoy la República Checa, habrá oportunidad de honrarles como se merecen. Hasta ese momento, muchas gracias por recuperar para los cubanos el verdadero significado de la palabra solidaridad. |