REVOLUCION CULTURAL A LO CASTRISTA

ACOTACIONES DE LA REVISTA “Siglo XXI”, miércoles 27 de Diciembre del año 2000

Ahora Fidel Castro se ha entregado a la tarea de ensayar un nuevo guión para otro capítulo de la pantomima nacional.  En esta oportunidad se trata de una supuesta “revolución cultural” que ha puesto en marcha para hacer de Cuba “el país mas culto del mundo”.  Descontando  el gingoísmo de pacotilla y la arrogante soberbía,  hiriente para la cultura de otros pueblos,  que este desatino supone, el propio plantamiento castrista llega plagado de errores,  inexactitudes y tergiversaciones tan pedestres que, de hecho, lo convierten en una suerte de nueva farsa digna del teatro bufo cubano, al estilo de Enrique Arredondo, de  Candita Quintana y de los Fonomemecos.

Tan solo si tomamos en cuenta el disparate que Fidel Castro acaba de pronunciar,  en relación a este tema de su “batalla cultural”,  durante la última sesión de ese circo que son las sesiones de la llamada “Asamblea Nacional del Poder Popular, todo el asunto queda convertido en una suerte de comedia de entuertos .

Se trata de que nada menos que el Señor Comandante, en esta oportunidad, tuvo el antojo arbitrario de colocar el nacimiento de la Cultura Cubana hace l32 años, es decir, en el inicio de la Guerra de los l0 Años en l868. Esta especie de decreto castrista, sobre el comienzo de la historia cultural de Cuba, de un plumazo deja fuera de esos análes de las crónicas príncipes del pensamiento cubano, entre otros acontecimientos capitales en la formación de la nacionalidad y por lo tanto de la cultura cubana, nada menos que  a toda la Obra de José Antonio Saco, y en especial  a su Estudio sobre la Vagancia en Cuba. 

A su vez, el nuevo comandante en Jefe para la historiografía  de la sabiduría de los cubanos, también borró de un tirón a  toda la obra del poeta y pensador José María Heredia; a la  del economista Francisco de Arango y Parreño; así como a toda la creación filosófica de José Agustín Caballero, de Félix Varela  y a la de José de la Luz y  Caballero.

Y, eliminó,  seguramente  con un disparo de sus queridos misiles militares ,  el legado de difusión del saber criollo y universal de las gacetas “El Papel Periódico de La Habana”  y  el “Siglo”; sin olvidar que con esta profesión de supremo árbitro de los análes culturales cubanos,  Castro volvió a fusilar al poeta Gabriel de la Concepción Valdés, Placido, está vez asesinando a su obra de patriotismo literario.

Los escritos de Juán Francisco Manzano; los descubrimientos  de  Alejandro de Humboldt;  las Tertulías de Domingo del Monte, y los aportes científicos de Tranquilino Sandalio de Noda sobre El Tabaco;  de Alvaro Reynoso en torno a la Industria Azucarera y de Felipe Poey y su Ictiología Tropical,  no corrieron mejor suerte ante el censor supremo, Fidel Castro.

Además, toda esta aberración es solo en cuanto a  la guillotina, estilo lecho de procusto a lo Castro, para el entorno cultural cubano antes de l868. Las reflexiones sobre la estela de la  trituradora castrista para eliminar del panorama cultural cubano actual a toda obra de arte,  o de esfuerzo intelectual,  que contradiga sus dogmas, ese es otro capítulo aun mas enagenante,  que trataremos en un comentario posterior.