CARLOS QUINTELA

OPINIONES DE LA REVISTA “Siglo XXI”,
lunes 8 de enero del año 2000

Carlos Quintela hasta la hora de su muerte fue el disidente y el amigo fraterno por antonomasía.  Al igual que muchos otros líderes revolucionarios, que muy temprano en los años sesenta, rompieron con Fidel Castro y con el Partido Comunista, Carlos Quintela actuó contra todos sus intereses materiales y pasó a formar parte de las filas de la oposición civil al regimen castrista. Decoro por el que tendría que pagar altísimos costos en agresiones y sufrimientos.

Mientras la mayoría de sus compañeros de luchas políticas, a pesar de sentirse horrorizados por las atrocidades de Fidel Castro, sin embargo acataron la ideología y los mandos oficiales, Carlos Quintela, al igual que Adolfo Rivero, que Sixto Quintela, que Rosa Berri, que Eurípides Núnez, que Enrique Hernández Méndez, que Ramón Calcines, que José Solís, que Anibal Escalante, que Inaudis Kindelán y que decenas de otros precursores de la batalla disidente de las ideas en Cuba, tomaron el camino del enfrentamiento abierto contra la ignominia.

De la misma manera en que, desde otras riberas filosóficas y estratégicas, lo habían hecho antes  Húbert Matos, Manuel Urrutia, Mario Chanes de Armas, Pedro Luís Boitel, Humberto Sorí Marín,  David Salvador, Rolando Cubelas, Ramón Guín, Elena Mederos, Gustavo Arcos Begnes, Marta Frayde, Jesús Yánez Pelletier, y multitud de otras figuras de las lides revolucionarias.

Desde aquel entonces, Carlos Quintela representó uno de esos centros pensantes de la resistencia civil al Castrismo que,  a partir de los años 70 comenzarían a constituírse en organizaciones para la defensa de los derechos humanos.

Cuando Carlos Quintela, José Solís, Rosa Berri y otros amigos de esa generación salieron al exilio, de inmediato comenzaron a recabar apoyo para el movimiento de derechos humanos y pro democracia y, de manera especial, para los que estábamos en el presidio polítco por batallar a favor de esos principios. Ellos comenzaron esa larga tarea de explicar en el destierro patriótico cubano,  sobre la legitimidad de ese nuevo tipo de resistencia cívica, que se había inaugurado en Cuba con la aparación de la disidencia organizada.

A la hora de su desaparición física, Carlos Quintela se marcha con la satisfacción del deber cumplido.  La desobediencia civil y opositora a Fidel Castro se ha ido  haciendo un acontecimiento irreversible de la realidad política cubana dentro de la Isla, y entre los exiliados cada día gana mas en repaldo solidario.

Precisamente, el valiente llamamiento al Pueblo de Cuba para que sea protagonista de su futuro democrático, efectuado por el Movimiento Cristiano Liberación, y firmado por Oswaldo Payá Sardiñas, es difundido a toda la opinión pública y recibe apoyo internacional en los mismos momentos en que Carlos Quintela fallece.

Durante este bregar por el retorno de un estado de derecho garante de las libertades públicas de la sociedad cubana han perecido miles de sus activistas en todas las vertientes de lucha.  Carlos Quintela es uno de ellos. Pero entre las filas de los perseverantes eternos en la Isla y en el exilio, y  entre los que cada día se suman a estas vanguardias,  hay decenas de miles que defienden sus mismos valores.