PROHIBIDA LA DECLARACION DE DERECHOS HUMANOS EN CUBA

LAS IDEAS EN LA REVISTA “Siglo XXI”, miércoles 27 de Diciembre del año 2000

La Declaración Universal de Derechos Humanos, el documento mas importante de toda la cultura humanística de la historia,  no solo es un texto que no se enseña en el sistema escolar cubano, ni tampoco forma parte de los programas de las carreras universitarias relacionadas con el tema;   sino que, además, en la práctica, esa Declaración de Naciones Unidas para los Derechos del Ciudadano es considerada como un material de propaganda enemiga,  y su distribución puede conducir a la cárcel, de acuerdo con las normas represivas impuestas a la sociedad cubana por Fidel Castro.

En consecuencia, ayer hablábamos de la farsa que representa esa cacareada “revolución cultural’, que los castristas andan tratando de instigar, como un engranaje mas de la maquinaria de desinformación y manipulación de la opinión pública cubana.

Ni siquiera es preciso llevar a cabo un análisis muy riguroso para darse cuenta que todos esos alardes baratos de supuesta “culturización popular” desatada por Fidel Castro, no es mas que otro espejismo mendaz  para, entre otras motivaciones, tratar de soslayar la ruína total que aplasta a toda la Nación Cubana.

Porque, señores, en un país adonde los libros de mas 20 Premios Nóbel, tanto de Literatura como de la Paz, estén prohibidos y su tenencia también puede constituír un delito contrarrevolucionario, de ninguna manera puede ser una tierra adonde se promueva el menor esfuerzo por enriquecer la cultura de la población. 

Para nadie es un secreto que en la Cuba bajo el dominio de Castro, las obras de los premios nóbel de literatura Alexander Soljenitsin, Ivan Bunin, Boris Patesnark, entre otros, están censuradas, como también ocurre con los escritos de los premios nóbel de la paz Andrei Sajarov, Lech Walesa, Mijail Gorbashov y muchos mas.

Las películas “La Confesión”, de Constantin Costa Gavras; “Troksky”, de Joseph Losey;  “Nadie Escuchaba”, de Néstor Almendros; “Rebelión en la Granja”, de Patrick  Gribellman; “Quemados por el Sol”, de Nikita Mijailov, y cientos de otras obras fílmicas,  no pueden ser exhibidas en Cuba, y  su circulación en videos ha formado parte de la acusación de propaganda enemiga contra varios disidentes.

Como era de esperar, los libros de escritores cubanos como Carlos Alberto Montaner; Luís Aguilar León; Reinaldo Arenas; Carlos Franqui; Reinaldo Bragado; Raul Rivero; Tania Díaz Castro y otros autores de la oposición al castrismo, son escritos considerados subversivos.

Entonces, cómo los castristas van a poder hablar de promoción cultural cuando los dones mas preciados de la cultura en nuestros días son la libertad de expresión; la libertad de comunicación; el libre flujo y la discusión abierta de todas las ideas; la confrontación de pensamientos discrepantes; el debate lúcido en la batalla de los criterios contrapuestos y, en fin,  el pleno ejercicio de la libérrima capacidad de los seres humanos de seleccionar que que es lo que quieren leer, ver, escuchar y compartir.

Cómo puede alguién creer que en un país que hasta el acceso a la televisión, la radio y la prensa extranjera están prohibidos y el uso de internet es solo con permiso de la policía, pueda en alguna medida ser una nación donde se respeten los valores culturales.