Oscar Elías Biscet

Reinaldo Bragado Bretaña
Noviembre 25, 2002

Finalmente, el doctor Oscar Elías Biscet fue liberado. Una de las figuras más destacadas del movimiento de derechos civiles en Cuba ya está de nuevo en libertad. Biscet tuvo que cumplir injustamente casi tres años de prisión. Como a casi todos los activistas, lo condenaron por motivos que nada tenían que ver con su verdadera lucha. Las autoridades penitenciarias adelantaron unas tres horas su salida de la cárcel, en la región más oriental de Cuba, para evitar que los periodistas extranjeros estuvieran presentes. De todas formas, al llegar por la noche a su casa de La Habana, la prensa recogió las imágenes y fueron trasmitidas a todo el mundo. Tuve la oportunidad de verlas a las cuatro de la madrugada del viernes, es decir, pocas horas después de que Biscet arribara a su casa y cuando, me imagino, todavía no había conciliado su primer sueño en libertad.

Debemos recordar que Biscet es médico y que fue el creador de la Fundación Lawton.  Su trabajo comenzó con un marcado acento religioso –matiz que él siempre acentúa- cuando se opuso al aborto, práctica legal y generalizada dentro de la isla, pero sobre todo apoyada por las autoridades de la dictadura. También Biscet logró el famoso ayuno de Tamarindo 34 –dirección de la casa donde se llevó a efecto-, por donde pasó la mayoría de la oposición demostrando apoyo y solidaridad al ayuno que llegó a unos cuarenta días consumiendo sólo líquidos. La dictadura se molestó muchísimo con Biscet y su ayuno e hizo todo lo posible por descalabrar esa actividad que logró captar la atención de la prensa internacional. Además de los activistas, por Tamarindo 34 pasaron agentes de Castro de todo tipo, hasta pintorescos agentes que radican en Miami y actúan como supuestos periodistas.

Ahora, con Biscet en libertad, el mapa del movimiento de derechos civiles adquiere otra presencia importante. Biscet basa su lucha en principios religiosos y la experiencia de la prisión, la cual no deseo a nadie, consolidó sus fundamentos. El mismo declaró, al salir en libertad, que la “fuerza del Señor” fue la que hizo posible que soportara la cárcel. Para que el mosaico de los activistas estuviera completo, la presencia del creador de la fundación Lawton era necesaria. Si nos fijamos, se nota a las claras que el espectro del movimiento tiene miembros que proceden de casi todas las variantes de la sociedad cubana, tanto por edades como por la extracción política y social. En resumidas cuentas, se trata de buenas noticias y el equilibrio de las ideas y filiaciones es un condimento imprescindible para que el movimiento se fortalezca.

Creo que hay que trabajar –desde el exterior de la isla- para que el doctor Biscet sea reconocido internacionalmente mucho más. En un mundo como el de hoy, conectado por la información a una velocidad de vértigo, es una tarea que se hace menos dura que cuando no teníamos ni siquiera un periodista independiente dentro de la isla. Se debe laborar en la búsqueda de reconocimientos para Biscet, y me refiero a premios, distinciones, invitaciones a conferencias –aunque la dictadura no lo deje asistir- publicación de sus trabajos, entrevistas, en fin, todo lo que ayude a que adquiera una mayor dimensión, mayor que la ya alcanzada.

Nosotros, los que vivimos fuera de la isla, sabemos la importancia que tiene para los ojos de Occidente una distinción académica o de alguna fundación de derechos humanos. Debemos facilitarle el trabajo a Biscet buscándole el reconocimiento que merece por sus propios méritos. Dado su historial, tengo todas las esperanzas puestas en que Biscet, ahora en libertad, va a ser una pieza caída del cielo para que el tejido de la sociedad civil en Cuba se fortalezca. El -con su propio carisma, sus convicciones religiosas y lo que ha aprendido en estos tres años de prisión-, es una preciosa adquisición para la democracia en Cuba. Desde aquí vaya un fraterno abrazo para Biscet y los suyos. Y que no tenga dudas el doctor Biscet, su nombre es querido por muchos tanto dentro como fuera de la isla.