DERECHO A SER LIBRE Y RESPETADO

PUNTOS DE VISTA PARA LA REVISTA “Siglo XXI”, de Marta Frayde, Febrero 2l del 2002

En correspondencia con los preparativos que venimos llevando a cabo para la 58 Asamblea de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que en breve comenzará sus sesiones de trabajo en Ginebra, Suiza, hoy queremos continuar el análisis del contenido de la Declaración Universal de Derechos de la Persona, en relación a los atropellos que el regimen cubano comete contra esas facultades del pueblo.

En esta dirección me referiré al Derecho al Trabajo,   y a la libre elección de ese trabajo.  En  el artículo número 23 de la citada Carta de Derechos, se expresa de manera muy clara que toda persona tiene derecho al trabajo sin discriminación alguna.

Es decir, este código de comportamiento sobre las facultades que posee cada persona al nacer , y que debe ser de obligatorio cumplimiento para todos los estados que firmaron,     el día l0 de dicembre del año l948,      la Declaración Universal de Derechos Humanos y, mas aun, para aquellos Gobiernos que como el castrista, han sido virtualmente miembros permanentes de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU,   para juzgar y condenar a otros,  esta ley de leyes,    dispone de forma muy diáfana, que a la hora de dar un empleo a un ciudadano cubano,   Fidel Castro y sus agentes, juridicamente,   no pueden discriminarlo en razón de sus opiniones políticas, ni de sus creencias religiosas, ni porque no pertenezcan a clanes ideológicos como lo son el Partido Comunista de Cuba y todas sus tribus adyacentes.

Sin embargo, en la nación de los cubanos resulta bochonorso y altamente ofensivo a la dignidad humana,  que al menos el 90 por ciento  de los habitantes de este páis estén,   de facto,      discriminados para poder trabajar en aquellas plazas de labor y en todos los centros de trabajo  de los  sectores mejor remunerados. En este terreno, muy en especial,  constituye una ofensa al honor de la inmensa mayoría del pueblo cubano, que en el sector de las inversiones extranjeras, en el que se paga a los empleados una parte de los salarios en divisas libremente convertibles, solamente puedan laborar los caciques de la Isla, sus familiares, sus allegados y los protegidos que forman parte de ese reducido grupo de los,  nominalmente,  probados incondicionales al Fidelismo.

Todavía peor es que para los graduados universitaros y para todos aquellos ciudadanos que mediante sus esfuerzos personales, con los sacrificios de los padres, y muy en particular,  con los dineros del pueblo,  que son los que pagan los sistemas educativos del país,   llegan a obtener calificaciones técnicas y profesionales y, sin embargo,  para todos   ellos están totalmente cerradas,    por DISCRIMINACION FLAGRANTE,   las puertas de los mejores empleos, sino cuentan con el aval de la policía política y de los comisarios de Fidel Castro, quienes mediante todo un turbio sistema de intrigas y patrañas de la peor naturaleza, termina situando en las mas ventajosas  posiciones de trabajo a sus compinches, a sus amantes, a sus parientes y a cuanto ente servil sea capaz de responder a un llamado para, como complemento esencial, hasta esté dispuesto a participar en una turba de asalto para golpear a disidentes y destruírle sus hogares,    y para incluso,   llegar a  asesinarles mediante linchamientos,  como ocurrió en l980 durante el exodo del Mariel.

Por la existencia de todas estas atrocididades,  es por lo que el movimiento cubano en pro de los derechos humanos se ha multiplicado y se ha extendido por todo el país,    y es por estas razones por las que nuestras denuncias poseen un eco mundial.

Esta nota para Contacto Cuba es de Ricardo Bofill