La gran ironía de la riña entre Cuba y ArgentinaAndrés Oppenheimer
Algunos de nosotros lo
recordamos bien. Y dos funcionarios norteamericanos que encabezaron los
esfuerzos del presidente Jimmy Carter por condenar los abusos a los
derechos humanos del régimen militar argentino me confirmaron esta
semana que Castro le dio un apoyo diplomático crucial a la junta
militar argentina. Ese detalle pasó casi
inadvertido la semana pasada, cuando Castro acusó al gobierno del
presidente Fernando de la Rúa de estar supuestamente planeando repetir
el voto argentino contra Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU) en abril. Castro, que vivió
durante tres décadas de la ex Unión Soviética, acusó a la Argentina
de ``lamer la bota yanqui'', y arremetió contra la política económica
argentina. El gobierno argentino
reaccionó con previsible indignación, enviando una nota de protesta y
llamando a su embajador en La Habana para consultas ``por tiempo
indefinido''. El canciller argentino, Adalberto Rodríguez Giavarini,
dijo que el discurso de Castro bordeaba en la ``irracionalidad'', además
de ser una intervención en los asuntos internos de Argentina. Ojalá el canciller argentino
hubiera ido más lejos. Podría haber dicho que hubiera deseado que
Castro apoyara al gobierno democrático de Argentina como apoyó en su
momento a la dictadura militar de derecha que hizo desaparecer entre
9,000 y 30,000 personas. En efecto, en 1980 y 1981,
cuando el gobierno de Carter trató de lograr una condena a Argentina en
la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, Cuba
se opuso tenazmente y ayudó a crear un bloque de países para frenar la
moción. Patricia Derian, quien fue
subsecretaria de Estado para los derechos humanos del gobierno de
Carter, me señaló esta semana que ``los argentinos y los cubanos
trabajaron juntos para bloquear la moción de condena durante todo el
pe-ríodo de la junta militar''. Roberta Cohen, la asistente
de Derian, participó personalmente en los debates en Ginebra en 1980,
en que Estados Unidos buscaba una condena que mencionara explícitamente
las desapariciones forzosas en Argentina. ``Fue una negociación muy difícil:
los rusos y los cubanos no querían hacer nada contra Argentina'',
recordó Cohen. Al final, la junta militar
argentina y Cuba lograron que se aprobara una resolución débil, en que
se condenaban las desapariciones en general pero sin mencionar a la
Argentina. ¿Por qué le dio Castro todo
su apoyo diplomático a la dictadura militar argentina, incluso cuando
Cuba estaba dándole refugio a guerrilleros de izquierda de ese país? ·
Primero, porque
Castro temía que una condena de la ONU por violaciones a los derechos
humanos en Argentina sirviera como precedente para una condena similar
contra Cuba.
Podría seguir con muchos
otros ejemplos del apoyo de Cuba a la dictadura argentina, que llegó a
su punto culminante con el entusiasta apoyo de Castro a la desastrosa
invasión argentina de las Malvinas en 1983. Pero la explicación es muy
simple, y ojalá los pocos admiradores que le quedan a Castro en América
Latina la entendieran: Castro y los generales argentinos tenían mucho
de parecido; en especial, una aversión común a la democracia y los
derechos humanos. Por eso no debería sorprender a nadie que se llevaran
tan bien. |