| LA
DESOBEDIENCIA CIVIL NO ES UN RECURSO DE LUCHA PARA LOS TIRANOS
ENFOQUES DE LA REVISTA
"SIGLO XXI". Febrero 28 del 2000.
Fidel Castro acaba de tropezar con otro desastre en sus intentos por apoderarse de los procedimientos de acción política a través de la desobediencia civil, con el fracaso de la ridícula huelga de hambre que trató de llevar a cabo el oficial de su régimen, José Imperatori, en la Capital de los Estados Unidos. Todo parece indicar que no hay maneras para que Fidel Castro entienda que el tema general de la lucha por los derechos humanos, con sus métodos de activismo basados en la resistencia pácifica, es un área totalmente ajena y contradictoría con el modus operandis y la imagen pública de violencia, bravuconería, terrorismo de estado, lucha armada y agresiones físicas contra sus oponentes , que han constituído la esencia de todos los andares Castristas en este mundo, desde los días en que preparaba atentados frente a sus contrincantes políticos en la Universidad de La Habana, hasta ahora, que órdena asaltar hogares de ciudadanos indefensos, como acaba de ocurrir con el domicilio de la familia de disidentes Sigler Amaya, en el Matancero Municipio de Pedro Betancourt. En este orden de cosas, Fidel Castro una vez mas es cegado por una soberbía ilimitada que le obnubila el entendimiento, haciéndole creer que impunemente él puede apropiarse de las fórmulas civilistas que ha introducido en el escenario político y social cubano el movimiento de derechos humanos. Ya el año pasado, en ocasion del V Congreso del Partido Comunista de Cuba, Fidel Castro trató robarle, al menos de nombre, el programa a las organizaciones de oposición democrática de Cuba, cuando dió instrucciones para que como lema de ese Congreso se expresara que el Partido Comunista era el Partido de los Derechos Humanos. Como era de esperar, Castro y sus adláteres, ni siquiera se atrevieron a entregar a los Delegados a ese evento una simple declaración universal de Derechos Humanos. Seguramente, alguién a última hora le recordó al primer comandante, que con esa declaración de Derechos Humanos en la mano, cualquier participante a ese Congreso partidario pudiera haber exigido el respeto a sus facultades, para criticar y pedir cuentas a la jefatura del País por la ruína y la depauperación del pueblo cubano, como resultado de 40 años de aventuras demenciales. Sin embargo, a pesar del fracaso de aquella intentona castrista para usurpar el tema de los Derechos Civiles, ahora Fidel Castro vuelve a sus maniobras, esta vez con la payasada de un representante de la fuerza brutal del castrismo, José Imperatori, simulando la conversión de su alma al pacifismo inerme de los huelguistas de hambre. Los que si deben estar muy orgullosos por haberse anotado otra resonante víctoria, son los miembros de la resistencia civil y pacífica cubana, quienes una vez mas contemplan, extasiados, el triste espectáculo de un ya no tan arrogante Castro, tratando de entrar por la puerta trasera y a escondidas, en estos dignísimos ámbitos del bregar ciudadano a través de la desobediencia civil.
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