LOS
OPOSITORES Y LOS ESPIAS
EL
PENSAMIENTO DE LA REVISTA “Siglo XXI”, Lunes 25 de Diciembre del año
2000 El juício a la red
“Avispa”, de espías
castristas en Miami, está
siendo presenciado con aburrimiento y repugnancia por nuestra parte. Aburrimiento porque la historia de conspiraciones
abyectas de Fidel Castro
para tratar de ganarle a sus adversarios políticos es un viejo asunto,
que se remonta a sus días de pandillerismo
en los años 40. Y,
repugnancia, porque
el contraste entre la manera gangsteril en que actuaron los espías de
Castro, preparando
asesinatos y robos, engañando a sus esposas y a los
amigos íntimos para traicionarlos, constituye las antípodas a
la conducta que emplean los disidentes cubanos, proclamando a toda voz
sus verdades y a cara
desacubierta enfrentando el terrorismo del regimen.
En verdad, lo que
todo esto deja
al desnudo es el abismo moral existente entre los servidores de Castro y
nosotros. Por cierto, también respondemos así
cuando alguien nos habla sobre el peligro que representan las
infiltraciones de provocadores pagados para traicionar que,
sistematicamente, Castro
trata de penetrar en las organizaciones contestarias.
Siempre hemos sabido que las fuerzas de corrupción subversiva
del G-2,
nos han enviado a decenas de rufianes
y, no para informar como pensamos
los activistas cívicos, porque esas son opiniones que las
proclamamos a voz en cuello en todas las esquinas. El movimiento de derechos humanos de Cuba, por
haberse preparado sometido a persecuciones
y provocaciones atroces de la policía,
desde temprano en los años sesenta , muy duramente aprendió las
lecciones acerca de la guerra
sucia, hamponeril, que Fidel Castro utiliza tratando de colar a sus
gamberros encubiertos, no
para que reporten sobre las ideas en defensa de las libertades públicas
que sustentan los
disidentes, porque esas él las conoce perfectamente, sino para que
siembren intrigas entre los opositores civiles, para que traten de
dividirlos mediante patrañas y mentiras de la peor naturaleza, y para
que intenten destruír los hogares de sus oponentes,
extorsionando y chantajeando a los familiares, y en fín,
llevando a cabo cuanto crimen y vileza pueda imaginarse, con el objetivo
de ganar por esos medios una batalla de las ideas, que en justa lid
Fidel Castro tiene perdida desde hace mucho tiempo. Por ello, nunca
hemos temido a las soeces tareas de insertar porristas
dentro del activismo de derechos humanos
. En realidad, lo que ciertamente ha ocurrido es que,
con el paso de los años, somos
nosotros los opositores los
que hemos tenido que correr para auxiliarr a muchos de esos jefes y
oficiales policiacos que nos trataron de aniquilar, cuando ellos mismos
cayeron en desgracia y, a su vez, Castro ordenó pulverizarlos. Así, un día presenciamos a un hijo del General José
Abrantes, aquel gran
mariscal de la Seguridad del Estado y Ministro del Interior, pidiéndonos
salvar a su padre, a quien
Fidel Castro había metido en la cárcel e intentaba asesinar.
Llegamos tarde y a pesar de múltiples gestiones no pudimos
rescatalo, pero sí
logramos proteger a otro de nuestros verdugos del pasado,
cuando lo trituró su misma rueda. Me refiero al general Patricio
de la Guardia, cuyos familiares nos pidieron ayuda, y nuestras
instituciones humanitarias lo salvaron
de un asesinato planeado. Por estas razones vivimos sin temor a los provocadores y con la frente y las
conciencias muy en alto. |