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Publicado
el viernes, Una de las conclusiones más interesantes de una encuesta del
exilio cubano dada a conocer esta semana en Miami es que, en contraste
con lo que opinaban hace una década, cada vez más exiliados están de
acuerdo en que la solución a la tragedia de Cuba deberá venir desde
dentro de la isla. La encuesta, realizada por Bendixen & Associates, y financiada
por el Grupo de Estudios Cubanos, una organización de una decena de
acaudalados hombres de negocios del exilio cubano, muestra un creciente
apoyo del exilio a una transición pacífica en la isla, y una creciente
simpatía hacia los disidentes en la isla.
Entre las revelaciones de la encuesta realizada en diciembre del
2000, y que según sus organizadores tiene un margen de error del tres
por ciento:
Una mayoría del 58 por ciento de los exiliados considera que
los disidentes en la isla son ``patriotas'', mientras que un 19 por
ciento considera que son `` `fidelistas' disfrazados''. El restante
23 por ciento no sabe, o no quiso opinar.
``Ha habido un cambio dramático en el exilio cubano'', me señaló
Bendixen esta semana. ``Cuando hace unos diez años hacía la
pregunta [en Miami] sobre si los disidentes eran ``patriotas'' o `` `fidelistas'
disfrazados'', sólo un 12 por ciento decía que eran ``patriotas''.
¿Por qué son importantes estos datos? Porque ayudan a desplazar
el eje de la lucha contra la dictadura cubana desde Miami hacia la
isla, adonde siempre debería haber estado, y adonde Castro menos
quiere que esté. Y porque desbaratan los alegatos de Castro de que
está luchando contra una ``mafia de Miami'' que quiere adueñarse
de la isla.
Una de las cosas que recuerdo más vívidamente de mis viajes a
Cuba a fines de la década de los años 80 y principios de la de los
90 --antes de que el régimen cubano me prohibiera volver a entrar
en la isla-- era la gran muralla de sospechas que existía entre las
fuerzas pro-democráticas en Miami y en Cuba.
Muchos líderes del exilio creían que en su mayor parte los
disidentes en la isla eran agentes de Castro, mientras que muchos
disidentes creían que la mayoría de los exiliados cubanos era
gente sedienta de venganza que quería convertir a la isla en un
protectorado norteamericano.
Castro logró convencer a gran parte del mundo de que no había
una oposición interna en la isla. Recuerdo que los embajadores
latinoamericanos y europeos en La Habana me repetían como loros las
calumnias propagadas por el régimen sobre los disidentes: decían
que este disidente era un borrachín, que tal otro era mentalmente
inestable. La conclusión a la que uno llegaba --de creerles-- era
que a los disidentes no se los podía tomar en serio.
Eso era, y sigue siendo, una tontería. De hecho, en su mayor
parte los disidentes son hombres y mujeres admirables, que tal como
ocurrió en la ex Unión Soviética y Europa del Este pasarán a la
historia como héroes de la lucha por la democracia.
Es cierto que las fuerzas pro-democráticas de Miami y Cuba
siguen teniendo diferencias en temas como el embargo de Estados
Unidos a la isla. Mientras que el 55 por ciento de los exiliados
cubanos apoya el embargo, según la encuesta de Bendixen, la mayoría
de los disidentes que entrevisté en La Habana estaba en contra de
las sanciones económicas, o creía que deberían ser usadas como
una ficha de negociación.
Sin embargo, las diferencias se están reduciendo. Los disidentes
cubanos ya se dieron cuenta que la mayoría de los exiliados cubanos
es gente bien intencionada que quiere la democracia, y la mayoría
de los exiliados ya se convenció de que los disidentes en la isla
son gente valiente que lucha por lo mismo que ellos.
``Hay un consenso cada vez mayor en que la solución tiene que
venir de adentro, con ayuda de afuera'', me señaló Alina Fernández
Revuelta, la hija ilegítima de Castro, que describió a éste como
``un tirano'' en una entrevista que le hice en La Habana, y ahora
vive en Miami. ``El au-mento de las llamadas telefónicas entre
Miami y La Habana ayudó a que la gente se acercara''.
Ojalá que, a pesar de sus diferencias, ambas partes sigan acercándose
en el futuro, y que la creciente simpatía de los exiliados por los
disidentes se traduzca en un mayor apoyo a su causa.
La nueva encuesta demuestra más que nunca que el presidente
vitalicio de Cuba no está luchando contra una supuesta mafia de
exiliados sedientos de venganza, sino contra su propio pueblo.
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