ASESINATOS EN DICIEMBRE DE 1981

PUNTOS DE VISTA DEL COMITE CUBANO PRO DERECHOS HUMANOS PARA LA REVISTA ELENA MEDEROS, lunes 2 de diciembre del año 2002

Nunca podré olvidar aquel llamado a las tres de la madrugada. Para colmo de circunstancias fatídicas, el guardia portador del siniestro reclamo tenía figura patibularia y, le decían Castro. Sus órdenes, en la puerta de la galera, cayeron como lozas de plomo sobre nuestras espaldas. ¡Ciprián García Marín, Eugenio Garcia Marín y Ventura García Marín! ¡Que recojan todas sus pertenencias! ¡Están de conduce!

Todos sabíamos que los tres hermanos García Marín estaban condenados a muerte. Pero nadie podía creer que aquella absurda sentencia podría ejecutarse. El mas elemental sentido común; la noción mas primaria de justicia, indicaban que aquel crimen no podía llevaría a cabo. Todos estábamos equivocados. Un nudo nos cerró las gargantas. Los ojos se nublaron. Presenciábamos así, el comienzo del macabro ritual para el fusilamiento de los tres hijos menores de Margarita Marín Thompson, quien, a aquella hora, se despertó sobresaltada en su celda de la prisión de mujeres, “Manto Negro”, adonde estaba cumpliendo los veinticinco años de cárcel, que Fidel Castro, también, le había impuesto por ser la madre de los hermanos García Marín y, porque no los había denunciado cuando planeaban buscar asilo político en la Nunciatura Apostólica de Ciudad de La Habana.

La condena a muerte y el fusilamiento de Ventura García Marín, de Ciprián García Marín y de Eugenio García Marín es, probablemente, la página más negra en la historia de los asesinatos políticos, que son decenas de miles, de Fidel Castro. El crimen contra estos tres muchachos se perpetró, como un acto de venganza y de escarmiento, por la ira desatada contra ellos por Fidel Castro, a causa de la humillación que había recibido con los sucesos del asilo masivo de ciudadanos, en la Embajada del Perú, en Ciudad de La Habana y, por el escándalo que provocaron las decenas de miles de cubanos, que huyeron del manicomio comunista cubano, por el Puerto del Mariel .

A las cinco de la mañana, aquel dos de diciembre, una rotunda descarga de fusilería rusa acabo con las vidas de aquellos tres jóvenes cubanos, que recién comenzaban a vivir. Durante mis largos años en el presidio político, presencié la partida de otros muchos cubanos que iban a ser asesinados en el paredón de fusilamiento, como parte del estado de ley marcial permanente, que Fidel Castro ha sostenido en la antigua República de Cuba, desde l959, para mantener a la población sometida al despotismo. Pero ningún otro crimen ha sido tan devastador. Ninguna otra despedida final trajo por consiguiente estragos tan desoladores, a pesar de que, incluso, la última vez que pude ver a mi padre vivo fue, nada menos, que en el recinto de visitas del cuartel del G-2, conocido por Villa Marista.

Hoy recordaremos en una misa a los tres hermanos García Marín y, una vez más, elevaremos una plegaría a Dios para que los tenga en la Gloria.

Les habló, para contacto Cuba, Ricardo Bofill