LOS ALIADOS DE CASTRO

COMENTARIOS DE LA REVISTA "SIGLO XXI". Martes l8 de Abril del año 2000

Uno de los mas claros indicadores del bando a que pertenece el regimen de Fidel Castro en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU es el del tipo de aliados con que cuenta. En este terreno, tal vez ninguna otra sociedad de los castristas en Ginebra es tan ilustrativa, como la alianza en materia de rechazo a la vigilancia internacional sobre los derechos humanos que sostienen con los esclavistas del Sudán.

De la misma forma, Castro va de la mano con la República Popular China en el máximo foro mundial para la defensa de los derechos del ciudadano, satisfecho de que el Partido Comunista de este País haya ordenado recientemente el encarcelamiento de miles de activistas religiosos.

En este mismo orden de alineación, hasta el derrocamiento del General Suharto en Indonesía, esta tiranía asiática fue un seguro apoyo para los castristas en la Asamblea Anual de Derechos Humanos en cuestión. Debe recordarse que Suharto subió al poder tras un golpe de estado y con la masacre de al menos 500 mil simpatizantes del comunismo.

Tampoco pueden olvidarse los lazos fraternales de Fidel Castro con los genocidas de Kampuchea, en especial con aquel carnicero de Kiu Sampan, a quien designó como su confidente principal dentro del monstruoso escenario Cambodiano.

Lejos de causarle el menor desvelo, este tipo de asociación con elementos criminales ha sido una de las constantes mas significativas en toda la trayectoría de Castro. Recuérdese su hermandad en los años 40 con aquellos asesinos, como Justo Fuentes y Emilio Tró, hasta el día en que cayeron bajo las balas de otras bandas gangsteriles, rivales en el saqueo y la extorsión.

Sin embargo, a contrapelo de este modus operandis, el movimiento de derechos humanos y la sociedad civil independiente de Cuba, de manera sistemática, ha ido sumando aliados en el campo de la confrontación pacífica de las ideas. Nuestros colegas por todo el mundo son personas como el grupo de intelectuales mexicanos, entre ellos los escritores Carlos Monsiváis, Homero Aridjis, Héctor Aguilar Camín y Enrique krause, entre otros muchos, quienes dirigieron una carta abierta al Presidente de México, Ernesto Zedillo, con el fin de que su gobierno votara condenando a Castro en la citada Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

En este mismo sentido, los colegas de la disidencia cubana, en Ginebra y en todas partes, son personas como el escritor y presidente checo Vaclav Havel, y como su delegado principal en el cónclave de derechos humanos de que les hablo, Martin Palous, quien fue prisionero de conciencia en la antigua Checoslovaquia estalinista, como lo hemos sido muchos opositores civiles cubanos.

Porque, es bueno apuntar, que ni siquiera en las campañas de mentiras y desinformación de Castro contra nosotros los disidentes, han podido acusar a alguien de haber asesinado o tener las manos manchadas de sangre. Ni ha habido nunca un activista nuestro acusado de ordenar o participar en una golpiza, o en el asalto a un hogar. En estas filas no hay nadie inculpado de haber ordenado el asesinato de viejos compañeros, como ha hecho Fidel Castro con Arnaldo Ochoa, con Tony de la Guardia, con José Abrantes, con Humberto Sorí Marín, con Aramís Taboada y con multitud de otros entre sus ex correligionarios.