|
FUSILAMIENTOS CRONICA DE OPINION PARA LA REVISTA SIGLO XXI, martes 3 de diciembre del año 2002 Como anteriormente les contaba, el espanto ante el fusilamiento de los tres hermanos García Marín todavía me invade de una manera lacerante. Pero, en modo alguno se trata de que ese asesinato, por medio del pelotón de fusilar, de Ciprián García Marin, de Ventura García Marín y de Eugenio García Marín haya sido un hecho aislado. Todo lo contrario. Antes de que el movimiento cubano de derechos humanos conmoviera a sectores de la opinión pública y a importantes organizaciones internacionales de defensa de los derechos de la persona, y de esta manera se frenara, en parte, a este ritual de exterminio de opositores, los crimenes políticos de Fidel Castro utilizando los escuadrones de la muerte para fusilar, eran un recurso consuetudinario en el modus operadi castrista. Nosotros hemos hecho y seguimos elaborando las denuncias de estos sucesos de sangre, cometidos por Fidel Castro, como parte de su demencial carrera por perpetuarse en el poder omnímodo y, dejar una suerte de dinastía con las riendas de Cuba en las manos. Ha sido de esta manera, que los fusilamientos contra los ciudadanos, para dar escamientos de terror contra la población potencialmente explosiva, dejaron de ser constantes. En el orden de la ignominia, tenemos documentados en los archivos del Comité Cubano Pro Derechos Humanos mas de quinientos casos de fusilamientos de seres humanos, que no habían cometido delito real alguno, pero que, fueron condenados a muerte y ejecutados, mediante farsas judiciales, que no contaron con las más elementales garantías procesales. En la memoria tengo los rostros, porque los conocí personalmente en el presidio político, de Ramón Vera Chaviano, de Omar Villavicencio; de Emilio Roloba Carduliz, de Ramón Tolego Lugo, de Armando Hernández, de Juán Antonio Sánchez y de decenas de otras víctimas del terrorismo de estado en Cuba. En otras circunstancias, asesinaban directamente a los oposicionistas y, mas tarde, decían a los familiares que sus parientes se habían suicidado. Así ejecutaron al Secretario General del Sindicato de Trabajadores de la Fábrica de Tabacos H. Uppman, Eurípides Núñez, al profesor e historiador Javier de Varona, al comandante del Ejercito Rebelde y ex Ministro de Comercio Exterior Alberto Mora Becerra; al Presidente del Tribunal que absolvío a los pilotos de la Fuerza Aerea, Comandante y abogado del ejercito rebelde Féliz Pena; al ex Miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba Osvaldo Dorticós Torrado; a la asaltante al Cuartel Moncada Haydé Santamarina; al ex Vice Ministro del Ministerio del Interior Eddie Suñol Ricardo y a cientos mas de potenciales disidentes. A estos asesinatos políticos, presentados como fusilamientos o suicidios hay que agregar la multitud de muertes clinicamente inducidas, como la del ex General de División José Abrantes; la del ex Jefe de los Servicios de Inteligencia y Subversión Manuel Piñeiro Losada; la del dirigente comunista Anibal Escalante y otras no menos escandalosas. Fidel Castro jamás podrá disfrutar de impunidad ante su carrera de criminal, porque el movimiento de derechos humanos ha levantado las actas acusatorias y, no permitirá la obstrucción de la justicia. Para Contacto Cuba, les comentó, Ricardo Bofill |