El alemán

Roberto Luque Escalona

Escritor e historiador cubano, tiene varios libros publicados, entre ellos "Los niños y el tigre" y una biografía crítica de Ernesto Ché Guevara. Roberto Luque Escalona fue en Cuba un baluarte del Comité Cubano Pro Derechos Humanos y del grupo Criterio Alternativo, motivos por los que fue encarcelado por la policía política. Luque cuenta con una columna semanal en el periódico El Nuevo Herald, de Miami, y participa activamente en el debate cultural y político de nuestra época.

Su apellido es medio famoso (es decir, famoso hasta la mitad) y a mí, particularmente, me cae muy mal su primera parte: Brecht. Al escucharlo me vino a la memoria el mas célebre personaje de la kurtura socialista, un bicho híbrido de jerifalte y vaca sagrada. Y ya que hablo de vacas, fue él quien dijo aquello de "Abrazáte al carnicero pero cambia el mundo"; es necesario aclarar que el carnicero de referencia no es uno de esos señores que cortan y despachan la carne en las carnicerías, sino tipos como Stalin, Honecker, Ceaucescu y Esteban Dido. Tan mal me cae Bertold Brecht, que me ha estropeado el recuerdo de Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno, uno de mis cuentos favoritos cuando era niño.

Por suerte, el apellido del hombre de quien quiero hablarles no se detiene en Brecht; sigue de largo hasta ser Bretchtmann. Heinrich Bretchmann es su nombre completo. Es un alemán de Essen que hace diecisiete años comenzó una tenaz actividad en defensa de los derechos humanos en Cuba. Diecisiete años de redactar y enviar cartas tanto a los organismos internacionales como a representantes diplomáticos de la tiranía; de desfilar con pancartas por las calles de una y otra ciudad; de huelgas de hambre.

Esto último me ha impresionado de manera particular pues, a diferencia de ciertas "sabandijas del periodismo" (al que la frase le parezca fuerte puede buscarse un médium que lo comunique con José Ortega y Gasset; la frase es suya), yo sé lo que esas tres palabras significan, como sé también lo que es hablar fuerte donde otros no se atrevieron ni a suspirar.

Las huelgas de hambre requieren de un físico sólido. El Mahatma Gandhi tenía una apariencia de fragilidad… y una salud de hierro; no le dolían ni los callos que seguramente adornaban sus pies de tanto andar por los caminos de su enorme país. Además, es necesario un espíritu fuerte, del que carecen algunos que siendo feroces en Miami fueron mansos en Cuba. A esos, que ni se les ocurra intentar una huelga de hambre; a los cinco o seis días ya estarían llorando y llamando a su mamá.

Fortaleza física y espiritual: Heinrich Bretchtmann carece de la primera; es un hombre poco saludable. Pero la segunda le sobra. Fue precisamente la mala salud lo que provocó su temprana jubilación; el hecho de que haya dedicado sus años de jubilado a la causa de un pueblo extraño es, en cambio, una muestra de sanidad espiritual. Mientras otros aplauden al déspota lejano y no padecido, mientras defienden una forma de vida que no estarían dispuestos a compartir, Heinrich Brechtmann arriesga su ya precaria salud y hace todo lo que está a su alcance para ayudar a las víctimas de la todavía aplaudida tiranía.

Algún día habrá que hacer el recuento agradecido de los extranjeros que no compartieron la indiferencia ni la frivolidad. En esa lista de amigos aparecerán nombres famosos como el de Ives Montand, y desconocidos como el del pescador ecuatoriano protector de balseros que vive en Bahamas. Por supuesto, no podrá faltar el de Heinrich Brechtmann, quien a estas horas ya debe encontrarse en Miami para participar en el Congreso Anual sobre Derechos Humanos que se inicia mañana en nuestra ciudad. En nombre de los que estuvimos hasta hace poco allá y sabemos lo que vale la solidaridad de un hombre libre para aquellos que no lo son, le doy la bienvenida.

Nota del editor: La sociedad Internacional para los Derechos Humanos de la que el señor Brechtman es directivo, fue fundada en 1972 por rusos demócratas exiliados en alemania occidental. En sus primeras directivas tomaron parte el fundador del movimiento de derechos humanos en la antigua Unión Soviética, Andrei Sajárov, así como el disidente y ex-escritor yugoeslavo Milovan Djilas, quienes aún eran perseguidos políticos en sus países. De la misma manera participaron el líder del movimiento Carta 77, de Checoeslovaquia, Václac Havel, el sindicalista polcao Lech Walesa, el escritor disidente polaco Jasek Kurón, así como el escritor contestatario ruso Vladimir Bukowisky. En su junta directiva actual participa Elena Bonner, viuda de Andrei Sajarov y presidenta de la Fundación para los derechos Humanos "Andrei Sajárov", así como el premio nobel de la paz, arzobispo sudafricano Desmond Tuto y el hoy presidente de la República Checa Václac Havel, entre otros. La sociedad Internacional para los derechos humanos IGFM tiene su sede central den Frankfurt, Alemania y cuenta con un comité latinoamericano en la ciudad de Miami.

Este artículo fue publicado originalmente en El Nuevo Herald, de Miami, en 1996.