El ejemplo de Gustavo Arcos Heberto Padilla Poeta y escritor cubano, quién es la figura más conocida internacionalmente de la disidencia intelectual cubana.
No hay día que no nos lleguen noticias de la lucha ejemplar de Gustavo Arcos en la denuncia de la constante violación de los derechos humanos en Cuba. Cuando creía que Castro había neutralizado al Comité de derechos Humanos, en la Isla, con la salida al extranjero de Ricardo Bofill se produce un relevo que le da nuevas fuerzas a ala organización y ahora es Gustavo Arcos el presidente del Comité. Con la misma tenacidad con que Bofill llevó a cabo su lucha para poner al descubierto la verdadera naturaleza del régimen castrista, Gustavo Arcos se enfrenta al hombre que traicionó el proyecto democrático del movimiento revolucionario en el que él fue uno de los principales protagonistas. Desde el ataque al cuartel Moncada Castro dictó la condena de Arcos, quién expresó su desacuerdo con el asalto, aunque participó en él y fue gravemente herido. Pero aquel desacuerdo constituía para Castro la desconfianza de su capacidad de dirigente. No obstante, Arcos no se apartó del movimiento revolucionario y fue también expedicionario del Granma, se destacó en la lucha, todos sus compañeros reconocían y admiraban su coraje y su modestia. Al triunfar la revolución, todo el mundo esperaba que Arcos ocuparía una alta posición en el primer gabinete, presidido por el doctor Miró Cardona. Pero fue nombrado embajador en Bélgica en 1959. Lo vi en más de una ocasión a mi paso por Bruselas. Un hombre sereno, modesto, inteligente, pero de quién iba desapareciendo gradualmente el entusiasmo. El ritmo que tomaban las cosas en Cuba lo afectaban profundamente. Permanecía, sin embargo, callado, lo que no hacían los muchos diplomáticos cubanos que traté en Europa. Ninguno ocultaba su inquietud, su preocupación por el curso de una revolución cada día más antidemocrática. La figura del Comandante en Jefe lo decía todo. El hombre de Raúl Castro No era amigo de Arcos; para mí simplemente era el embajador, el ex-combatiente del Moncada y la Sierra, el amigo de Carlos Franqui y de Guillermo Cabrera Infante, que trabajó con él en Bélgica, como consejero cultural. La embajada de Cuba allí no tenía muchos empleados, pero había uno, un tipo silencioso, sombrío, con la pinta típica del resentido. Su nombre era Aldana y su ocupación la de vigilar a Gustavo Arcos y a Guillermo Cabrera Infante; pero a Arcos sobre todo. Este Aldana era el hombre de Raúl Castro en el Ministerio del Interior. No informaba al ministro Ramiro Valdés, sino al propio Raúl directamente. Al poco tiempo, Aldana había armado lo que Fidel Castro necesitaba para liquidar a Arcos. Aldana lo acusó de hacer comentarios críticos contra el mandatario cubano. El 15 de marzo de 1966, Raúl Castro ordenó su detención y Arcos fue incomunicado en una celda del Departamento de Seguridad del Estado. Su hermano Sebastián, que era teniente en la Marina de Guerra, con un pasado revolucionario de primera línea, logró entrevistarse con Raúl Castro y con Ramiro Valdés. El primero se limitó a escuchar su queja sin dar explicación alguna sobre la detención de Gustavo y el segundo le hizo saber que la acusación provenía del señor Agustín Aldana. Según escribe Sebastián Arcos en una carta dirigida al buró político del Partido Comunista de Cuba, el ministro Ramiro Valdés le dijo en su entrevista que "el señor Aldana era un trapalero y que se le estaba vigilando como posible agente del enemigo". Por supuesto, después de esas entrevistas Sebastián Arcos fue licenciado de las Fuerzas Armadas. Desde entonces, no sólo Gustavo Arcos, sino todos sus familiares han sufrido toda clase de humillaciones y abusos y han cumplido condenas por delirante acusaciones de "delitos contra la Seguridad del Estado" pero el Comandante en Jefe no les permite la salida del país. Cuando Rosina, la madre de Gustavo y Sebastián, logra una entrevista con Carlos Aldana, como vocero de Raúl Castro, lo hacen saber que la salida de Gustavo será conseguida "cuando la coyuntura de la comunidad cubana y el exterior sea favorable al gobierno cubano". Capacidad de resistencia Hoy, Gustavo Arcos y su familia batallan abiertamente en el Comité de Derechos Humanos que fundó Ricardo Bofill. Los años de cárcel y las campañas difamatorias típicas de la tiranía castrista no han menguando la capacidad de resistencia del valeroso combatiente de los años cincuenta. No ignora él los peligros que corre su vida. Lo dice claramente en una carta dirigida a Haydeé Santamaría en 1967. "Estoy consciente de lo que mi actitud pueda acarrear en cuanto a mi libertad física y más en cuanto a mi propia vida física, pues conozco por experiencia los métodos estalinianos, inhumanos y fariseos de varios de los que hoy dominan en Cuba. Estoy dispuesto a afrontarlos". A los 22 años de escritas estas palabras, Gustavo Arcos permanece en primera fila. Nunca han sido puestas más altas la dignidad y la entereza humanas. Nota del editor: Este artículo fue publicado por primera vez en El Nuevo Herald, de Miami, en 1989. |