El sindicalismo independiente de Cuba Vicente Escobal Raveiro Vicente Escobal Raveiro es un joven intelectual cubano y ha sido en los últimos años uno de los pensadores más activos y lúcidos de la disidencia cubana. Es el fundador y director del Instituto de Estudios Sindicales Independientes y uno de los promotores de las organizaciones sindicales de oposición civil al castrismo. Ha sido agredido y perseguido por la policía política cubana. Introducción En el documento que hizo circular el Partido Comunista de Cuba con motivo de su próximo V Congreso, resaltan tres conceptos inusuales en los textos oficiales cubanos: democracia, unidad y derechos humanos. Es curioso que en el citado documento partidista se mencione reiteradamente la palabra democracia, un término tan vilipendiado por los dogmas totalitarios. La democracia, para que sea real, requiere de un conjunto de elementos que no viene al caso enumerar ni examinar; no es ése el propósito de este análisis. No obstante, es oportuno recordar que en una sociedad de partido único, de ideología única, sin opciones políticas, ni económicas, ni sociales, ni jurídicas no existe el menor vestigio de democracia. La democracia no depende de la interpretación que de ella se haga ni de las criticas que por una u otra causa se le señalen. La democracia está orientada a la liberación integral del ser humano y toda acción que trate de distorsionar, suprimir u obstaculizar el ejercicio y desarrollo de esa liberación recibe el nombre de tiranía. La dignidad de la persona no tiene su fundamento sólo en la unidad. La unidad no puede sustituir el sentido de la solidaridad; el ser humano siempre trasciende las estructuras políticas, económicas, sociales y jurídicas, las cuales deben estar exclusivamente a su servicio y en función de sus intereses más auténticos. El carácter personalista del ser humano merece ser preservado porque cuando se intenta masificar la sociedad en nombre de una falsa unidad se corre el riesgo de desunirla y fraccionarla para establecer categorías y diferencias ajenas a la condición humana, tales como explotados y explotadores, capitalistas y proletarios, gusanos y revolucionarios, escorias y patriotas, etc. La unidad de la persona humana no debe sustentarse porque no tiene vigencia a partir de la ideología que esa persona abrace. Los derechos humanos son integrantes e indivisibles. El ejercicio de los derechos humanos: sólo se realiza plenamente cuando todos los ciudadanos de una nación están seguros de sus derechos, los conocen, exigen a las autoridades su cumplimiento y crean instituciones ajenas al poder del Estado que los promuevan y garanticen su defensa. Nadie está facultado pare afirmar: éstos son los derechos humanos que yo reconozco, porque eso equivaldría a excluir y deslegitimar el resto de los derechos. Los derechos humanos tienen una connotación moral y no son, ni pueden ser una ideología. Si el sentido de la vida o la fuerza de una ideología quieren determinarse exclusivamente a partir de un análisis parcial de los derechos del ser humano, las decisiones gubernamentales inspiradas en esa tesis carecen de autoridad y son consecuentemente violatorias de esos derechos. Para hablar de derechos humanos hay que hablar también de derechos políticos, sociales, económicos, religiosos y culturales que respondan no sólo a los intereses del Estado o de los partidos políticos, sino esencialmente a la dignidad humana. Democracia, Unidad y Derechos Humanos se extienden más allá de la visión de un partido o de una ideología. Nadie puede conceder derechos por decreto ni limitarlos o ignorarlos. Nuestro Punto De Vista Cuba jamás estuvo dividida en grupos de intereses ni un solo partido dirigió el destino de este pueblo, poniendo obstáculos a la libre emisión del pensamiento, conculcando el derecho de reunión y asociación pacificas, interviniendo sistemáticamente en la vida cotidiana de los ciudadanos, creando un asfixiante sentimiento de indefensión por la ausencia de instituciones independientes. En Cuba las diferencias se originaban en la desigualdad de enfoques relativos a ciertos temas políticos y económicos concretos. Sin embargo, existía algo que expresaba en el ejercicio de las relaciones interpersonales y políticas una sensación de convergencia hacia un objetivo común: era el sentido de la cubanía, de la identidad nacional, la convicción absoluta de que la Patria es de todos y debe edificarse pare el bien de todos. Si algo define al actual programa del Partido Comunista de Cuba es justamente la superficialidad con que aborda el tema sociolaboral. Cuba asiste a un momento de su historia particularmente critico que angustia y preocupa al ciudadano. La inseguridad en el mañana toma cada día más espacios en la sociedad y el tema de las carencias materiales y espirituales acapara el cotidiano diálogo entre familiares, amigos y colegas. Mucho del sufrimiento que acompaña a este fenómeno se debe a la injusticia manifestada en condiciones lesivas de trabajo y salarios de miseria que impiden al trabajador enfrentar y resolver decorosamente sus más apremiantes necesidades personales y familiares. Entre los variados y múltiples escollos que están afectando al desarrollo de la producción y los servicios en Cuba, se destaca con particular notoriedad la apatía del trabajador por la falta de incentivos. En efecto, la promoción de una sólida conciencia laboral no debe reducirse ni condicionarse a efímeras campañas propagandísticas cargadas de retórica y permeadas de intereses ideológicos generalmente intrascendentes y coyunturales. La unidad de la clase trabajadora no debe basarse en la adhesión a la figura de un líder, un partido o una ideología, los trabajadores constituyen de por si la única fuerza material e intelectual capaz de forjar un mundo nuevo, y para ello sólo necesitan que se les reconozcan y respeten sus derechos, que se garantice su dignidad, que no se les manipule ni se les obligue a transitar por caminos opuestos a sus prioridades e intereses más auténticos. Democracia Obrera El sistema totalitario trata de desarraigar del obrero su sentimiento como trabajador, para de esa forma manipularlo y fragmentarlo bajo los absurdos dogmas de la "dictadura del proletariado". El proletariado no necesita dictaduras ni dictadores. Las dictaduras llámense como se llamen sólo entrañan violaciones, abusos, privilegios, injusticias y arbitrariedades. La clase obrera cubana reclama democracia sin paternalismo ni tutelaje. Democracia obrera para organizar sindicatos libres y elegir a sus representantes; democracia obrera para reclamar derechos, denunciar injusticias y formular reivindicaciones sin el miedo a la represalia, la coacción o el despido. Para que desaparezca el fantasma del chantaje moral y el soborno ético; pare que el salario satisfaga plenamente las necesidades más urgentes. Democracia obrera para no sufrir la terrible humillación de no poder adquirir con el dinero ganado honradamente lo que otros adquieren con una moneda extranjera. El sindicalismo al que aspiramos se sustenta en las mejores tradiciones obreras cubanas, enriquecidas con la experiencia de otras naciones que en circunstancias similares a las nuestras han logrado desarrollar y consolidar un movimiento sindical con una sólida base social y en congruencia con las condiciones especificas de cada sociedad. El movimiento sindical debe estar regido por una clara noción clasista que deseche los anacrónicos sofismas que intentan atribuir a la lucha de clases un valor excepcional en el terreno de las reivindicaciones socio-laborales, junto a otros desgastados presupuestos con los que se ha intentado viciar y vaciar a los sindicatos, convirtiéndolos en una mesa muda y amorfa, hábilmente manipulada por sórdidos intereses. Los sindicatos no pueden tener un programa político porque su actividad es otra, pero los trabajadores organizados de manera autónoma y democrática pueden y deben ofrecer sus impresiones y evaluaciones sobre todo aquello que directa o indirectamente afecta a la sociedad. El Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos no se identifica con ninguna corriente ideológica, no estamos en momento de elecciones. Las ideas del sindicalismo no constituyen una ideología, aunque ésta no nos sea indiferente en cuanto a su contenido social y ético. Los sindicatos no pueden desarrollar su labor inspirados en una propuesta política, pero nos interesa conocer el grado de compromiso social que tales propuestas contienen. Nuestro modo de enfocar y examinar los fenómenos sociales no nos comprometen con las ideologías ni nos obliga a inclinamos o sentirnos presionados por ningún proyecto ideológico. Los que decidimos emprender el camino del activismo sindical independiente en Cuba, lo hemos hecho por pura vocación humanista, clasista y democrática, pero no queremos ser tampoco fiscales, ni jueces de las ideologías, pues en su momento la historia se encargará de esa labor. Nosotros somos personas que creemos en los altos valores de la democracia y en los principios universalmente admitidos como derechos inalienables de la persona humana. Contenido Ético De La Actividad Sindical El discurso sindical y las luchas socio-laborales de los trabajadores tienen un alto contenido ético y son portadores de un transparente mensaje a los políticos y a todos los que se ocupan y preocupan de los problemas que atañen a la sociedad: los conflictos laborales deben ser claramente identificados, enfrentados y resueltos por los propios trabajadores. Repudiamos toda intromisión de los partidos en el ámbito sindical y laboral, y abogamos porque la actividad sindical quede libre del pesado fardo de la retórica, el oportunismo, el populismo y la fatídica demagogia. El centro de nuestro interés es el trabajador, nuestro preferencial sujeto, el recurso más importante de cualquier sociedad. Pero interpretamos al trabajador como a un ser integral, dinámico y concreto, capaz de transformar y hacer evolucionar la sociedad, la economía, la política, la ciencia y la cultura. Si algo ocurre en Cuba que nos alarma y preocupa es que los problemas no se reconocen. El propio marxismo, cuyas tesis no respaldamos en sus postulados metodológicos y filosóficos tiende a la búsqueda incesante de soluciones a través de la dialéctica aplicada al hombre, la historia y la sociedad. El inmovilismo jamás propiciará el desarrollo de las ideas. Un largo proceso de maduración de éstas y otras consideraciones tuvo como punto culminante la creación del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos y con posterioridad del Instituto Cubano de Estudios Sindicales Independientes, dos instituciones proscritas por el gobierno cubano a las que se han pretendido relegar inútilmente al anonimato y la sombra, porque cada día crece entre los trabajadores cubanos la inaplazable necesidad de crear un movimiento sindical que promueva y garantice sus derechos a partir de una reforma sindical completa y efectiva, de manera tal que puedan removerse todos los incentivos para la corrupción, la coacción y las arbitrariedades. Aspiramos a que esta reforma no se ocupe sólo de los síntomas que señalan claramente la existencia de innumerables irregularidades, sino que se dirija a las raíces sociales y legales de un movimiento sindical antidemocrático e insuficiente. Entre los trabajadores cubanos avanza el descontento y la frustración; los salarios son bajos, las condiciones de empleo son deficientes, la centralización administrativa propicia un sistema de decisiones arbitrarias, las reclamaciones y los conflictos son interpretados como acciones antisociales o contrarrevolucionarias, los despidos son selectivos y generalmente por consideraciones ideológicas, el Partido Comunista traza sus directivas al movimiento sindical y cualquier posición de disentimiento puede sufrir toda clase de abusos, yendo desde amenazas hasta injustificados e ilegales despidos. La Intromision Del Estado En Los Sindicatos El rasgo más debilitador del sindicalismo cubano es su total falta de independencia, que es una de las principales barreras a la justicia. Los sindicatos oficiales a todos los niveles no son contrafuerza institucional significativa a los abusos del poder ejercido por una élite burocratizada y burocratizante. Las raíces del sistema sindical vigente en nuestro país están claramente caracterizadas por un profundo y nocivo involucramiento del Estado en el movimiento obrero. Casi la totalidad de los dirigentes y activistas sindicales, desde la base hasta los más altos niveles de dirección nacional, son militantes del Partido Comunista; como resultado las organizaciones sindicales son dóciles apéndices de la administración y han sido muy poco activas en defender sus propios derechos y los de sus afiliados. La intervención del Estado en los sindicatos ha destruido la confianza obrera en el sistema sindical. ¿Por qué se mantiene en la actividad laboral un ambiente de indisciplinas, improductividad, desvíos de recursos, incumplimientos de las normas de protección de higiene, incremento de los accidentes mortales de trabajo, ausentismo, faltantes económicos y otras acciones netamente delictivas? ¿Cuáles son las causas del bajo aprovechamiento de la jornada laboral, la irrentabilidad en el sector estatal, la desorganización y el creciente desempleo y subempleo? ¿Es deseable un movimiento sindical absolutamente dependiente de las directivas estatales a espaldas de los intereses de los trabajadores? Las criticas y los disentimientos obreros no trascienden precisamente por la ausencia de un sindicalismo autónomo y por las manipulaciones que se hacen para silenciar todo brote de descontento. La imagen de adhesión al gobierno que pretende proyectarse es falsa; los trabajadores cubanos han sido "educados" de forma tal que todo cuanto se les solicite sea aceptado de forma "unánime y voluntaria". El manto de terror tendido sobre la sociedad cubana en general y los trabajadores en particular ha dado sus lacerantes frutos, pero la impopularidad gubernamental y el descontento popular crecen y se generalizan. El movimiento sindical independiente cubano posee pruebas irrefutables, basadas en testimonios debidamente comprobados, del sistemático y flagrante atropello de que es víctima la clase obrera en nuestro país, entre las que se destacan las siguientes:
La Realidad Socio-Laboral Nuestro país se ha convertido en un gigantesco laboratorio en el que se han ensayado toda suerte de experimentos económicos, políticos y sociales. No existe un programa de desarrollo armónico y coherente , todas las estrategias gubernamentales se diseñan a partir de factores coyunturales, sin otro interés que preservar el monopolio del poder. De Cuba se conoce muy poco en el mundo. Y nos estamos refiriendo a la realidad de la calle, de los talleres, de las fábricas, de los hogares. Toda la información que se publica por los canales oficiales está redactada conforme a la conveniencia del Estado y las escasas noticias que logran emitirse por canales irregulares e independientes están dirigidas a medios informativos radicados en el exterior, generalmente financiados par el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica. Esta ausencia de órganos noticiosos independientes nacionales nos obliga a acudir a otros medios, por lo que nos endilgan el falso apelativo de vende patrias al servicio de una potencia extranjera. El lamentable diferendo surgido hace más de treinta años entre los gobiernos cubano y estadounidense, es utilizado por la propaganda oficial como justificación pare reprimir cualquier actitud disidente u opositora. Para las personas que viven en países con sistemas democráticos resulta difícil creer que alguien pueda vivir en una sociedad como la cubana sin estar consciente de los múltiples defectos que la ensombrecen. Cuba se encuentra sumida en el hueco de la historia. Los cubanos que decidimos quedarnos en la Isla defendiendo nuestras ideas y promoviendo nuestros valores, sabemos que los preceptos de los principios de la vida difieren de la versión de las palabras y de los escritos. Solo la democracia le permite a un pueblo convertir la esencia del mundo circundante en un tema de conciencia y sólo mediante una democracia afianzada en los valores nacionales se puede obtener una comprensión más profunda del mundo exterior. El largo camino hacia la democracia, la independencia y la dignidad vuelve al hombre más tolerante, borrándose las barreras de la superficialidad y los análisis mediatizados. Las respuestas a las injusticias dejan de ser esporádicas y se exige más a si mismo y a los demás. Los cubanos vivimos con un sentimiento de algo inacabado, inconcluso; a veces nos desesperamos por encontrar el camino de la normalidad y entonces las únicas alternativas son las celdas de Villa Marista o la emigración: la prisión o el destierro se convierten en una obsesión existencial. La verdad absoluta requiere de una sinceridad absoluta. Si somos consecuentes con nuestras verdades, si somos serios en cuanto a "conciencia", si somos serios en cuanto a "compromisos morales" y "dignidad humana" tenemos que pensar y decir cosas más allá de la capacidad de perdón de nuestros adversarios. La rutina cubana coarta el derecho de los individuos a razonar y a expresar libremente sus puntos de vista. ¿Qué le ocurre al cubano que habla públicamente de Estado de Derecho, pluralismo político, democracia participativa, respeto por los derechos humanos? ¿Qué le ocurre al que critique pública y sinceramente o al que no aplauda los discursos o no se deje arrastrar por las consignas? Muchos cubanos creen que con su falsa actitud de adhesión van a recibir un Certificado de Buena Conducta. Y no es así, porque la adhesión interpretada ideológicamente debe ser incondicional, absoluta, aberrante. Una sola grieta es suficiente para marcar definitivamente al disidente. El camino de los luchadores por los derechos sindicales, que son definitivamente derechos humanos, es difícil y está compuesto de incertidumbres personales, trampas, escollos y obstáculos complejos. Pero aquí estamos, reclamando el espacio que necesitamos para que nuestras demandas se escuchen; aquí estamos, intentando organizar la vida sindical libremente, participando activa y directamente en la toma de decisiones políticas, económicas, sociales y culturales. Aquí estamos, preocupados por la desigualdad participativa frente a la del sindicalismo oficial que nada aporta. Aquí estamos, tratando de crear una cultura política que no ignore las circunstancias derivadas de la vida, sino que las enlace inteligentemente con las exigencias del trabajo diario. Aquí estamos, porque no nos sentimos representados en las estructuras institucionales por su carácter exclusivo y antidemocrático. Aquí estamos, superando el miedo a la libertad pero no con los mismos defectos del totalitarismo que pacíficamente combatimos, porque la "ética" totalitaria aborda la libertad como un acto de masas, descartando todo vinculo con la persona humana. Libertad, democracia, solidaridad humana y justicia social sólo se logran mediante la comunión de intereses e intenciones. No hay libertad sin tolerancia porque entonces habrá que aspirar a la libertad que se deriva o manifiesta de la "disciplina consciente" o el "centralismo democrático", con su profusión de imágenes degradantes y caricaturescas. La libertad sindical nos prepara para no tener que andar buscando verdades en otras fuentes ni en otras realidades. Nuestra valoración de la independencia sindical nos instruye y capacita en ese sentido, nos enseña a decir ¡Sí! donde otros dicen ¡No! y a decir ¡No! donde otros dicen ¡Sí! nos enseña a vivir como si fuésemos independientes, a diseñar proyectos democráticos como si viviésemos en una democracia. Y asumimos el gran compromiso de honor, no sólo con nuestras propias ideas ni con las ideas de nuestros hermanos de dolor e ideales, sino con nuestros conciudadanos, con aquéllos que no han perdido aún el miedo a la libertad. Aquí estamos Aquí estamos, como servidores heroicos y modestos "de una idea que nos calienta el corazón, como los amigos leales de un pueblo en desventura" Las palabras, a veces, no pueden establecer con la suficiente precisión las necesarias definiciones o distinciones. Debemos trazar una estrategia común contra los que intentan dividirnos para debilitarnos o para alterar nuestro rumbo. Unirnos no significa asirnos de las manos, y arrebujarnos en un rincón del buque que naufraga. La fuerza de la unidad puede surgir también de la calidad de las ideas, de no desgastarnos en discusiones estériles, de saber discernir lo útil de lo inútil y, sobre todo, especializarnos en la cultura del diálogo, de ese diálogo del que tanto se habla pero que tan poco se cultiva. Debemos generar ideas frescas, nítidas, que lleguen al corazón de cada ciudadano; ideas que aclaren, que desentrañen sospechas, ideas que descubran a tiempo donde puede aflorar una debilidad y germinar la discordia o la traición. Nosotros no podemos celebrar congresos, ni siquiera reunirnos en un reducido grupo; nuestros congresos están en las calles, en el vecino, en el compañero de taller o de aula, en el pariente, en el amigo, incluso en ese interlocutor casual que surge en una cola. Aquí estamos, sin el marco legal ni las condiciones materiales, sin tribunales independientes que nos juzguen, sin acceso a la prensa, sin garantías constitucionales que nos amparen. De la constatación de esas lacerantes realidades debemos extraer la fuerza de nuestra solidaridad. Aquí estamos, volviendo las espaldas a las flaquezas humanas y enfrentando la realidad que queremos modificar con la fuerza de nuestras convicciones y de los valores que la vida nos ha trazado. Lo que decide nuestra legitimidad o la justeza de nuestras ideas no es el número de personas que somos capaces de aglutinar o movilizar. La fuerza no radica sólo en la cantidad, como no depende tampoco del significado de las palabras. Las palabras pierden fuerza y coherencia en el intrincado laberinto de las ambigüedades y las ligerezas. La idea de que las sociedades sometidas a regímenes de inspiración totalitaria están condenadas a convertirse en sombras cada vez más languidecientes e irrecuperables se generalizó y difundió mundialmente. El rostro de Cuba se mantiene oculto tras una máscara impuesta por el dominio y el terror. Pero el lenguaje social ya no tiene nada que ver con la mentira oficial. La necesidad de rescatar la identidad perdida contradice las falaces interpretaciones oficiales. Fracaso tras fracaso las puertas de Cuba se abren hoy a una nueva fase de su trayectoria histórica. Hay una coincidencia de propósitos en los que proponen soluciones y trabajan por el tránsito hacia la democracia en Cuba. La forma de alcanzarlo es polémica y variable. Los cubanos escuchamos con amargura la idea de que fuimos condenados al comunismo por los apetitos del poder y que casi medio siglo de totalitarismo nos invalidan pare diseñar y proponer iniciativas. Es necesario, entonces, una reforma social, un diálogo vivo y real entre todos los cubanos; Cuba necesita con urgencia libertad para desarrollarse y desarrollo para vivir en libertad. El Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos y sus organizaciones independientes afiliadas, que tienen trazada una estrategia y un sólido programa social elaborado a partir de la rica experiencia acumulada, respeta cualquier propuesta que conduzca a la nación por los rumbos de la democracia Nuestro programa no es sectario, evaluamos la realidad nacional a partir de nuestras convicciones, surgidas al calor de la razón y no de la pasión. Sin ser populistas priorizamos a la persona humana, inspirados en las mejores tradiciones humanistas de los forjadores de nuestra independencia, nuestra cultura y nuestra civilización occidental. Nuestro interés es reconstruir la vida económica y espiritual de la sociedad cubana como fuerza dinámica, cumpliendo la parte del deber que nos corresponde en este serio compromiso. Aceptamos toda solución que hable el lenguaje de la armonía, que abogue por el respeto a la libertad sindical, los derechos humanos indivisibles e integrales en todos los órdenes de la vida, no abrazamos la filosofía de las tensiones ni queremos que se nos ofrezcan soluciones parciales que dañen nuestra percepción de como debe ser la Cuba a que todos aspiramos y cuales son los pasos que se deben hacer para lograrlo. Aquí estamos, porque no somos un movimiento partidista; reiteramos que somos respetuosos de las ideas políticas que con transparencia, patriotismo y lealtad a la causa de la democracia propongan soluciones definitivas y sobre todo justas. Somos una fuerza pensante, activa y creadora, sin presiones internas ni externas. Nos alimentamos de la matriz histórica y existencial del pensamiento democrático cubano y universal; creemos en "el poder de los sin poder" y en la capacidad de los cubanos para buscar las vías que nos conduzcan a nuestra definitiva independencia. Todo mensaje que sea portador de estas ideas lo aceptamos y deseamos que nuestro mensaje reciba idéntico tratamiento. La verdad no sólo hace libres a los hombres, sino que es la columna central y el eje para construir una sociedad nueva. Aquí estamos, apegados a nuestros principios, inclinados creativamente hacia la verdad, albergando una esperanza que no nace del saber que pasará mañana, sino de la plena conciencia de las fuerzas que hoy están operando en la sociedad cubana. Estamos identificados con los que hablan de gobernabilidad en democracia, sindicalismo libre, justicia social, pluralismo político, elecciones multipartidistas, libre acceso a la información, respeto a los derechos humanos y economía de mercado, y somos absolutamente solidarios con el destino de esas ideas y su victoria final. Conclusiones y Recomendaciones No queremos finalizar este análisis sin antes definir nuestra posición de una forma diáfana y concluyente: buscamos nuevas vías más allá del comunismo; reconocemos que cada persona es libre y responsable de hacer las propuestas que estime más convenientes y extraer las correspondientes conclusiones a partir de su experiencia personal y social. Lo peor es que no se haga o no se diga nada y que todo quede igual, atrapados en las redes del inmovilismo o los rechazos a ultranza. Si se proponen soluciones serias nada puede quedar igual que antes. En el ámbito sindical cubano hay un amplio abanico de soluciones al margen del discurso oficial, rico en modificaciones de fondo para concretar en el plano del pensamiento las políticas y las categorías sustentadas en propuestas y posiciones que, compartidas o no, merecen respeto, receptividad y atención. Nuestro programa de tránsito hacia la plena democracia sindical se fundamenta en diez principios básicos, congruentes con nuestro Programa de Acción y Declaración de Principios y que son los siguientes:
Estas diez propuestas buscan el equilibrio y la equidad, conscientes de la enorme responsabilidad que asumimos ante los destinos materiales y espirituales de la nación cubana Hay valores, aspiraciones y objetivos comunes a todos los cubanos más allá de enfoques u opiniones políticas; más allá hasta del propio hecho de abrazar una ideología o pertenecer a una organización política. Aquí estamos; nada podrá eximirnos de la responsabilidad que tenemos todos para con CUBA, su historia, su presente y su futuro. La Habana, 31 de julio de 1997.
Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente por la Revista Lux, en Miami, Florida. |