Andrés Oppenheimer y Sam Dillon: de la abulia a la desinformación

Eddie López Castillo

Profesor de idiomas y ex-diplomático cubano. Fue encarcelado en 1967 y en 1980 como prisionero de conciencia.Fue uno de los fundadores del CCPDH y en la actualidad es uno de sus pricipales directivos.

Quizás, porque saben que fui uno de los que participé en la fundación del Comité Cubano Pro Derechos Humanos muchos amigos se han comunicado conmigo para saber mi opinión sobre La Hora Final de Castro, el libro del periodista de THE MIAMI HERALD, Andrés Oppenheimer.

Creo que el libro del Sr. Oppenheimer ha sido suficientemente elogiado. Su información sobre el caso del General Arnaldo Ochoa, fusilado, y la conexión cubana con el narcotráfico es devastadora para Castro. Este es su gran mérito. Por otra parte, sus entrevistas con numerosos personajes nos muestran, con realismo y colorido, cómo piensan actualmente los cubanos de la Isla, pero, tratándose de un libro sobre Cuba nosotros, los activistas disidentes, estamos en la obligación, si él accede, de ayudarlo en su investigación. Y la mejor forma de hacerlo es con algunas observaciones críticas sobre el tratamiento dado en esa obra al Movimiento Cubano Pro Derechos Humanos y la Democracia creado en 1976.

En este contexto me resultó desconcertante que en dicho libro hubiera capítulos dedicados a los "babalaos" y a los nietos de Ernesto Guevara, "Che", y no hubiera ninguno dedicado al movimiento de derechos humanos, un fenómeno político relevante, en décadas de lucha anticastrista, el único que, dentro de la Isla, no ha podido ser aplastado y que sigue creciendo en magnitud e importancia. Un movimiento que es sobresaliente desde el punto de vista de las ideas, ya que, al utilizar los recursos de la desobediencia civil y la resistencia pacífica, ha estado dándole un viraje a los viejos métodos de la política cubana, eternamente caracterizados por la violencia.

Evidentemente, el Sr. Oppenheimer no podía olvidarse de hacer un análisis más adecuado sobre el papel político y social que dentro de la Cuba estalinista, la fase más trágica de la ideología comunista, si no me equivoco, ha jugado la aparición de un movimiento contestatario similar al fundado por el científico Andréi Zájarov en la desaparecida Unión Soviética, y en la ex-Checoslovaquia por Vaclav Havel.

Oppenheimer escribe en su libro, es cierto, sobre este tipo de lucha a cara descubierta frente a Castro, e incluso aparece una foto de Gustavo Arcos Bergnes, pero, en lo fundamental, solo para hacer resaltar su enfrentamiento con algunas corrientes del exilio, un derecho de ambas partes, y caracterizándolo como un fenómeno marginal en la actual crisis de la sociedad cubana. Sin embargo, en ninguna parte de su obra, Andrés Oppenheimer aborda los aspectos esenciales que definen a nuestro movimiento de oposición abierta como la simiente del surgimiento de una nueva sociedad civil, que va institucionalizándose, poco a poco, en esas agrupaciones populares de resistencia cívica que brotaron en Cuba con la fundación del Comité Cubano Pro Derechos Humanos en 1976.

Por otra parte, confieso que, también, me desconcertó que un periodista investigador como el Sr. Oppenheimer, capaz de rastrear múltiples detalles sobre la historia de las operaciones cubanas de narcotráfico afirme que los representantes de ese movimiento cubano en favor de los derechos humanos en el exterior sean solo nada menos que algunos amigos y conocidos suyos.

Tal afirmación no es cierta, por parcial e incompleta. En realidad, esa representación para el trabajo de apoyo desde el exterior surgió a principio de los años ochenta. En ese momento, el Comité Cubano creó una delegación en Miami, y encargó a la doctora Martha Frayde y a otras fuerzas en Europa, la promoción de la solidaridad internacional con los luchadores internos y la divulgación a los cuatro vientos de los documentos de denuncia que se elaboraban dentro de la Isla, desde las mismas prisiones, como el caso del Combinado del Este, en la ciudad de la Habana. Este trabajo lo ideó Ricardo Bofill con la colaboración de algunos de nosotros, sustentándose desde esta propia ciudad. Bofill salió al exterior en 1988, y en compañía de una parte de los que formábamos el Ejecutivo, entre otros, Adolfo Rivero Caro y Enrique Hernández Méndez, se comenzó a desplegar una intensa actividad para crear Comités Nacionales Pro Defensa de los Derechos Humanos en Cuba en diversas partes del mundo, siguiendo esta directiva para el fomento de la resonancia internacional de nuestro Movimiento Pro Derechos Humanos y Democracia.

Bajo los auspicios de Martha Frayde se fundó el Comité Cubano Pro Derechos Humanos en España. Esta delegación, a fines de 1991, organizó en Madrid una Conferencia Internacional para el Debate sobre la Problemática Cubana. Este evento contó con la participación de cincuenta especialistas de varios continentes, incluidos el Premio Nobel, Sr. Octavio Paz y el escritor Jorge Semprún. A este seminario asistió como panelista el Sr. Daniel Morcate, a la sazón editorialista de THE MIAMI HERALD, y hoy importante funcionario de la televisión en Miami.

A partir de los vínculos que Bofill forjó con la Sociedad Internacional para los Derechos Humanos de Alemania desde 1985, logramos fundar en 1989, con la representación de esta entidad en Italia, el Comité Italiano para los Derechos Humanos en Cuba, que preside Laura González, que, desde entonces, ha propiciado la celebración de cinco importantes Conferencias Internacionales en Roma para debatir la cuestión cubana.

Esta misma Sociedad Internacional de Derechos Humanos de Alemania a la que pertenece nuestro Comité hizo posible el desarrollo de un Forum Internacional sobre Cuba que ayudamos a celebrar en abril de 1981 en Moscú. En colaboración con la entidad Cuba Democrática, que dirigen Eduardo Manet, Lázaro Jordana y otros artistas cubanos radicados en Francia, nuestro CCPDH ha participado en dos trascendentales simposios en París, que han dejado establecido un riguroso trabajo de apoyo a la causa cubana pro libertad y derechos humanos. En esta misma dirección nuestro Comité en el Exterior ha organizado otras importantes delegaciones en el exterior.

En Suiza, tenemos la valiosa ayuda del ex-embajador Orlando Blanco, que atiende las gestiones de los documentos y denuncias que llegan de Cuba con destino a la Comisión de Internacional de Derechos Humanos, a la Cruz Roja Internacional, a la Organización Internacional del Trabajo y a otras instituciones de nuestro interés que funcionan en Ginebra. Asimismo, en New York, creamos un frente de trabajo ante las Naciones Unidas que atiende la periodista Carmen María Rodríguez.

Además, otras agrupaciones del amplio espectro de la disidencia cubana, también, poseen representación en el exterior y cada año llevan a cabo importantes tareas en las reuniones de la Comisión Internacional de Derechos Humanos de la ONU ante los relatores de la ONU para Cuba, y despliegan una sistemática labor con organizaciones como Amnistía Internacional, la Comisión de Derechos Humanos de la OEA y otras agencias. Todos estos esfuerzos, incluso reconocidos por importantes órganos de la prensa europea internacional y estadounidense, el Sr. Andrés Oppenheimer los ignora paladinamente en su tratamiento del tema.

Y todo esto es una sola muestra de las actividades cotidianas en este bregar que despliegan personas como Frank Calzón, Carlos Alberto Montaner, Ariel Hidalgo, Ruth Montaner, los amigos de Puerto Rico, organizaciones como Cuba Independiente y Democrática (CID), la Plataforma Democrática Cubana, el ex-Club, y otros.

¿Por qué cuesta tanto trabajo reconocer la obra de estos precursores? Es muy cierto que los disidentes son atacados y rechazados por un sector que, siempre, ve en los derechos humanos un tema con implicaciones comunistoides y que no les perdonan haber adquirido una resonancia en la opinión pública que ese sector considera que debe ser un monopolio de su sola exclusividad. Pero, además, hay otros sectores pertenecientes a la llamada "izquierda liberal" que nos desprecian e ignoran, tal vez, por estimarnos unos intrusos en este campo de batalla de las ideas, en esta esfera de la filosofía del hombre, en este terreno de la razón y la lucidez frente a la fuerza y al oscurantismo del que son intérpretes como intocable fuero particular.

La preocupación mayor que nos causan las lagunas del libro del Sr. Oppenheimer sobre Cuba consiste es que es, sin lugar a dudas, una obra muy importante, que va a ser tenida en cuenta en todos los estudios de rigor que en el futuro se hagan sobre Cuba. El menosprecio del Sr. Oppenheimer a los luchadores que idearon, fundaron, pusieron en marcha, sufrieron penalidades y dieron la resonancia que hoy se ha ganado el movimiento interno de los cubanos en pro de los derechos humanos y la democracia es, por ello, alarmante.

Otro ejemplo de falta de información lo apreciamos con el reportero Sam Dillon, quién en 1988 fue enviado a Cuba por The Miami Herald. En compañía de Enrique Hernández Méndez, entregué a este periodista las denuncias sobre la condena a muerte que en esos momentos pendía sobre Arturo Suárez Ramos. También le entregamos los documentos sobre el asesinato a patadas del joven de 14 años Owen Delgado Temprana, en los sucesos de la embajada del Ecuador, y cuya madre, Elsa Temprana, había sido condenada a 30 años de cárcel. Le hicimos llegar la denuncia sobre el fusilamiento de los tres hermanos García Marín y sobre el encarcelamiento injusto de Gustavo Arcos Bergnes. Ni una sola línea sobre estos atropellos escribió el señor Sam Dillon cuando publicó su artículo sobre el Comité Cubano. Todo lo contrario. Su historia sólo trató de discusiones y trastornos internos de aquel maltrecho y perseguido Comité de Derechos Humanos. Dillon no habló de los activistas muertos de hambre y agredidos, sólo se refirió a los defectos de aquellas víctimas y en especial hizo un perfil de Bofill presentándolo como un "loco perverso". Como es natural, Castro no podía desperdiciar esta oportunidad y por lo tanto, publicó íntegramente el artículo de Sam Dillon contra el CCPDH en el periódico Granma. Yanet Chusmir, editora ejecutiva en esos momentos del Herald, se negó rotundamente a publicar nuestra respuesta a aquella infamia que hasta el día de hoy The Miami Herald no ha rectificado.

Sin embargo, hubo periodistas que con toda dignidad fueron objetivos: Alfonso Chardy, del propio Herald, Oscar Haza, de la televisión de Miami, Santiago Aroca, de la prensa española, Lucio Lami, de la italiana, Jesús Aznar, de EFE, y muchos otros.

Como es natural, sabemos de la resistencia, a veces hasta brutal, que toda nueva idea conlleva, no importa la necesidad o los beneficios que aporte. La corriente de pensamiento y los hombres que fundamos dentro de Cuba ese movimiento de oposición civilista, en cierta medida hemos sido una vanguardia. El trato que hemos recibido en el libro del Sr. Andrés Oppenheimer, es, también, parte del precio que por esas razones cada día debemos pagar.

Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente en El Nuevo Herald, de Miami, en 1991.