Notas sobre la disidencia cubana Alberto Baeza Flores Fragmentos del libro inédito de Alberto Baeza Flores. Corresponden solamente a acontecimientos acaecidos entre los años 1976 y 1983. Aberto Baeza Flores fue un destacado escritor chileno que vivió y creó una familia en Cuba. Baeza recibió numerosos premios a su obra poética y ensayística y escribió crónicas en numerosos periódicos. En especial fue columnista del Diario Las Américas. Baeza Flores falleció en 1997. El abogado y escritor Manuel Penabás, quien al fallecimiento de Baeza quedó como albacea literario de parte de su obra, es quien tiene a su cargo la publicación del libro "Notas sobre la disidencia cubana", y quién ha facilitado este fragmento para su publicación. Primera parte Singular origen Los primeros documentos del Comité Cubano Pro Derechos Humanos conteniendo denuncias y pronunciamientos que pueden encontrarse en lugares como Amnistía Internacional y la Comisión de Derechos Humanos de la Naciones Unidas datan de enero de 1976. En estos escritos se protesta por las condiciones de vida crueles e inhumanas que Castro impone a los prisioneros políticos cubanos. Las principales denuncias del CCPDH en esta época consisten en alegatos contra la pena de muerte "como método del stalinismo en Cuba para exterminar a oponentes políticos mediante farsas judiciales que carecen de las elementales garantías procesales y en las que los supuestos abogados defensores de los reos no son más que asalariados de la parte acusadora". Todas estas denuncias aparecen firmadas solamente por Ricardo Bofill, quien se identifica como ex preso político cubano y presidente del Comité Cubano. En ningún sitio se puede hallar un documento fundacional de la organización que explique sus bases o de cuenta de sus integrantes . Todo parece indicar que en sus primeros años el Comité contó solamente con Bofill. Aunque un hombre solitario no es una Institución de Derechos Humanos ni es nada, quizá el temor a las represalias y a la cárcel, de la que Bofill había salido hacia un tiempo incluso hasta 1979 estaría en libertad condicional impidió trasmitir la idea y crear propiamente una agrupación. De todas formas esta fue la manera de romper el hielo del terror y echar las raíces para la creación del movimiento disidente y de derechos humanos en Cuba y así poner a andar la primera entidad civil de oposición a Fidel Castro que se fundaba en la Isla, después de instaurado el Estado Policía Comunista. Las evidencias apuntan a que Martha Frayde, una ex embajadora de Cuba ante la UNESCO, que había sido amiga de Castro y que renunciara a su cargo en París y regresara a Cuba para protestar por lo que ella consideraba "abusos de poder", fue la primera persona a quien Bofill propuso formar parte de aquel inusual comité. La doctora Frayde, a cuya consulta privada de ginecología asistían varias esposas de diplomáticos occidentales acreditados en La Habana, fue la misma que puso en contacto a Bofill con la Embajada inglesa y, por esta vía, salieron hacia Europa los primeros documentos de aquel bisoño grupo de Derechos civiles criollo. Otro de los textos de aquellos años salvado es una carta de Bofill a Rodrigo Carazo Odio, entonces Presidente de Costa Rica, en la que se expresa que el Programa del Comité de Derechos Humanos consiste en los 30 artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos. En otra parte de esta misiva Bofill apunta que " el CCPDH aspira a la reinstauración de un Estado de Derecho Democrático en Cuba que descanse sobre un sistema integral de libertades públicas que garanticen la inviolabilidad del individuo". Más adelante, estos papeles también dicen que el Comité se ha inspirado en el ejemplo del Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales promovido por la República de Cuba en la década de los años 40. A esta institución Bofill la califica como "virtualmente el primer tribunal de Derechos Humanos de todo el Mundo". El Comité y la CIA A fines de 1976 llego la primera debacle para el bizarro movimiento de Derechos Ciudadanos. Martha Frayde fue arrestada, acusada de ser "agente de la CIA" y condenada a 29 años de cárcel. Aunque la represión contra la doctora Frayde estuvo relacionada a sus vínculos con otras personas ajenas al proyecto de Bofill, este golpe paralizó de momento el incipiente activismo humanitario de oposición política al Castrismo. En realidad, parece que Martha Frayde fue víctima de una trama montada por la policía política de Castro para involucrarla a ella y a otros profesionales contestarios en un burdo caso de espionaje. A través de provocadores al servicio del G-2 le propusieron a la ex diplomática salir clandestinamente del País. El objetivo era el de silenciar de una vez a Martha Frayde Barraqué. Sin embargo, la resistencia de esta vieja luchadora social fue ejemplar durante todo el proceso de interrogatorios, extorsiones y torturas psicológicas a que fue sometida en el cuartel de la Seguridad del Estado conocido como "Villa Marista". No pudieron arrancar una sola palabra de Martha sobre Bofill y su Comité, a pesar de que se les habían hecho sospechosas las visitas de éste a la casa de la calle 19 en el Vedado. Hasta ese momento la seguridad no había podido vincular a Ricardo Bofill con las denuncias de crímenes políticos y atrocidades contra los Derechos Humanos en Cuba que, aunque con muy poco relieve, habían comenzado a aparecer en Europa Occidental como resultado de su labor. El sentido de misión Tal vez el atropello cometido contra Martha Frayde le imprimió una suerte de mística al Comité de Derechos Humanos. Bofill siempre subraya que ellos, más que activistas, siempre han sido víctimas que denuncian en primera persona los horrores que han tenido que padecer en carne propia. El propio Ricardo Bofill había estado injustamente en la cárcel. Fue condenado a doce años de cárcel por "propaganda enemiga". Había sido un prisionero de conciencia. No cometió delito real alguno y paso años encerrado y sometido a tratos brutales. Incluso el periódico Granma, informando el 2 de Febrero de 1968 sobre las acusaciones contra Ricardo Bofill dice que "al detenido se le ocupó, debajo del asiento de su automóvil, un escrito en el que tergiversa totalmente la Historia de la Revolución Cubana". En diciembre de 1976 la historia, como tantas otras veces, se repetía con Martha Frayde. Casi siempre estas acciones de terrorismo de estado paralizan a la ciudadanía. Bofill confiesa que, en los primeros días después de la condena de la doctora, él fue presa del pánico. No obstante, más tarde escribió un articulo titulado "Patraña de Castro contra Martha Frayde", que un tiempo después fue reproducido en parte en España y en Francia. Este caso se convirtió en la primera causa célebre del CCPDH. Las denuncias fueron de tal magnitud que apenas tres años después Fidel Castro tuvo que poner en Libertad a Frayde. En las protestas que el Comité envió por estos años a las organizaciones internacionales de derechos humanos se detallan numerosas agresiones de las autoridades cubanas contra sus oponentes políticos. Líderes sindicales, profesionales , campesinos, obreros, empresarios, religiosos, intelectuales, ciudadanos de todas las procedencias, encarcelados, golpeados, aniquilados, sin causas penales legítimas. "La Justicia Trocada En Cruel Instrumento De Venganzas Políticas Por Parte De Fidel Castro", subraya Bofill en una denuncia de aquellos tiempos. Nombres como los del poeta Angel Cuadra, el pescador Ernesto Díaz Rodríguez y el escritor Armando Valladares, quien en esa época estaba en un sillón de ruedas como resultado de una huelga de hambre, aparecen en las textos del Comité a fines de los años 70. El romanticismo Fidel Castro había llegado al poder por medio de la violencia y la violencia extrema ha sido la constante permanente de todo su poder. A este régimen de fuerza descarnada, armado de pies a cabeza y con el cuerpo de sicarios, delatores y policía política mayor de las Américas, Bofill se propuso enfrentar con una agrupación opositora basada en los Derechos Humanos que, en 1978, solo contaba con otros tres miembros. Además de Martha Frayde, quien por esta fecha seguía en la cárcel, se habían sumado al Comité el ex diplomático Eddie López Castillo, quien había estado varios años en el presidio político junto a Bofill y, una exiliada republicana española residente en Cuba, la abogada Rosa Díaz Albertini, para cuyo apartamento frente a la Sección de Intereses de los Estados Unidos de América en Ciudad de La Habana, Bofill mudó el centro de discretísimas gestiones del Comité en ese entonces. Cuando algunos diplomáticos extranjeros, a quienes este grupo visitaban, preguntaban por la dirección del CCPDH o por el carácter legal de la entidad, la respuesta parecía quedar en el aire " bueno, la verdad es que nuestro Comité Cubano Pro Derechos Humanos solo existe en nuestros corazones No hay libros de actas no existen edificios ni oficinas, nosotros solo somos ex prisioneros políticos cubanos que conocemos de primera mano los horrores que siempre ha cometido Castro contra sus oponentes". Con este discurso, que más parecía el de unos provocadores del G-2 que el de unos activistas de Derechos Humanos, el trío de la temeridad llegó a principios de 1979 a la residencia del flamante Cónsul General de Costa Rica en Cuba, Oscar Vargas Bello, quien era una persona cercana al Presidente de esta Nación, Rodrigo Carazo Odio. A1 fin había aparecido una Sede Diplomática que abría sus puertas sin recelos y extendía su mano amiga a los disidentes habaneros. El Gobierno de Costa Rica ofreció al Comité Cubano la posibilidad de hacer llegar directamente las denuncias a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. A través del Cónsul Vargas, Díaz Albertini, López Castillo y Bofill conocieron al Embajador de Venezuela, Profesor César Rondón Lovera y al Embajador Español, Manuel Ortíz Sánchez. Ahora, un corresponsal extranjero en Cuba, el periodista de la agencia española EFE, García Muñoz, quiso oír a los denunciantes, aunque de momento no pudo trasmitir ni una palabra. Por ultimo, llego la decisión de visitar a los norteamericanos. Bofill hizo contactos con Barbara Hutchinson, la encargada de Prensa de la Sección de Intereses de los americanos frente al Malecón de La Habana. La señorita Hutchinson preparó una recepción y proyectó un filme sobre Martin Luther King a los activistas cubanos. En 1979 también llegó el quinto miembro a las filas del Comité. Se trató, casi como es natural, de otro ex preso político. Alvaro de Insua, un ex investigador en estadística matemática de la Academia de Ciencias que había sido encarcelado por su colaboración con el sociólogo norteamericano Oscar Lewis, cuando éste investigaba los problemas de la Cultura de la pobreza y el marginalismo en Cuba. Cuando Lewis descubrió que en Cuba también había marginalismo como resultado de la pobreza fue expulsado sumariamente de Cuba e Insua fue encerrado por "propaganda enemiga". Alvaro de Insua estuvo entre los asistentes a la proyección fílmica de la Hutchinson y colaboró de cerca con el Cónsul de Costa Rica en asuntos humanitarios. En la actualidad Alvaro de Insua es periodista de Radio Martí. Eddie López y Rosa Díaz Albertini viven exiliados en Miami y Marta Frayde dirige el Comité Cubano y una revista en España. La utopía de crearle a Fidel Castro un grupo disidente que denunciara sus crímenes ante sus propias narices y de, virtualmente organizar de esta forma una suerte de desobediencia civil para comenzar a promover dentro de Cuba la defensa integral de los Derechos Humanos, quedo realizada. En 1979 el Comité Cubano Pro Derechos Humanos comenzó a existir en propiedad. Sin embargo, no duraría mucho con aquellos bríos iniciales. Las Trincheras de Ideas, de que una vez hablara José Martí volvían a demostrar su fortaleza frente a las trincheras de piedras. Veneros para la disidencia cubana La BBC de Londres y otras emisoras internacionales llevaron a Cuba el mensaje de Andrei Sakharov y de otros líderes disidentes de la Europa del Este que habían tomado al tema de los Derechos Humanos como la base central del nuevo tipo de oposición civilista que surgía en casi todo el ámbito del Mundo comunista de Europa del Este. Ricardo Bofill fue el interprete cubano de estas enseñanzas. A pesar de que en Cuba habían disidentes desde los años sesenta, muchos de ellos relevantes como el comandante Huber Matos, en la cárcel desde el año 1959; Alberto Mora, ex Ministro de Comercio Exterior; Gustavo Arcos, ex Embajador y asaltante al cuartel Moncada; la propia Marta Frayde; Arnaldo Escalona, ex abogado del Partido Comunista y otros, fue Bofill el forjador de la idea de organizar un movimiento disidente y el creador del primer embrión de Institución de derechos humanos y de oposición civil a Castro dentro de la Isla. Anterior al Comité Cubano Pro Derechos Humanos los pocos disidentes que había en la Isla casi no se comunicaban unos con otros. El escritor Heberto Padilla, quien fue el máximo exponente de la ruptura política entre los escritores cubanos, estaba aislado. El dramaturgo René Ariza estaba en la cárcel y sin contactos con nadie. El novelista Reinaldo Arenas también estaba incomunicado. Después de su salida del presidio político Bofill sostenía intercambios frecuentes de ideas con intelectuales contestarios como Elizardo Sánchez, Carlos Quintela, Arnaldo Escalona, José Solís, Adolfo Rivero Caro y otros, quienes habían sido sancionados en 1968 en la llamada Causa de la "Microfracción". Aunque el hervidero de pensamiento disidente de estas figuras de la oposición civil cubana de la época siempre representó una fuente de inspiración para Bofill, ellos no tomaron parte en el primer período del Comité Cubano Pro Derechos Humanos. Los esfuerzos iniciales para echar a andar el CCPDH los llevó a cabo Bofill solo junto a Martha Frayde, a Eddie López Castillo, a Rosa Díaz Albertini y, durante un corto periodo de tiempo ante de ir otra vez a la cárcel en 1980, junto a Alvaro de Insua.
Otra vez a la cárcel Es casi seguro que durante el año 1979 la Seguridad del Estado de Castro identificó a Bofill y al grupo del Comité como los autores de las denuncias sobre violaciones de los Derechos Humanos en Cuba, que estaban llegado desde la Isla a instituciones europeas que batallan por esos derechos. Sin embargo, también todos los elementos de juicio a nuestra disposición indican que Castro decidió aplastar a estos activistas presentándolos como "delincuentes comunes" y "espías a sueldo de la CIA". Por estos meses, Bofill comenzó a recibir mensajes de supuestos patriotas que, por su conducto, querían hacer llegar "documentos con secretos militares cubanos de suma importancia" a Bárbara Hutchinson de la Sección de Intereses USA. Así mismo, diversos provocadores comenzaron a acercarse a Bofill para ofrecerle hasta cinco mil pesos para que, "con sus influencias con los americanos ayudara a conseguir unas visas para viajar a Estados Unidos". Solo la experiencia acumulada desde los años sesenta con estos aspectos de la guerra sucia que Castro impone contra sus oponentes , pudo evitar que Bofill y otros disidentes cayeran en estas trampas. Por estos mismos tiempos se estaba llevando a cabo en Cuba la excarcelación de más de tres mil prisioneros políticos que salían del encierro y partían al exilio en Venezuela , Costa Rica y Estados Unidos. De manera particular, el exilio forzoso impuesto a una figura cimera de la lucha por la democracia en Cuba como el comandante Hubert Matos trajo el desaliento a los activistas del Comité. Además, con la campaña de provocaciones que la Seguridad del Estado había montado contra Ricardo Bofill y otros disidentes, ellos sintieron que una nueva catástrofe se les venía encima. Ante el espectro de otra cárcel atroz casi todos decidieron intentar salir al exilio. La única excepción en ese momento fue la de Elizardo Sánchez. quién nunca había estado preso y solo conocía esos horrores por los relatos de sus amigos. Pero, de una manera decidida, Sánchez Santa Cruz planteó que era necesario quedarse y seguir batallando dentro de la Isla. Por aquellos días nadie siguió sus pasos y el resto de la oposición civil comenzó los trámites para el asilo fuera de Cuba. Elizardo tan solo gestionó una salida temporal para buscar asistencia médica para un hijo seriamente enfermo. De esta forma brotaba por primera vez la premisa de quedarse y seguir haciendo oposición civilista dentro de Cuba. El año 1980 trajo consigo convulsiones políticas y sociales nunca vistas anteriormente en el País . Es sabido que 10 mil ciudadanos buscaron refugio en la Embajada del Perú de la Habana y que, posteriormente, más de 100 mil cubanos salieron desde el Puerto del Mariel hacia los Estados Unidos. Fidel Castro reaccionó a estas humillantes derrotas con la ira y la sed de venganzas que le son características. Para "dar un escarmiento a la contrarrevolución" Castro ordenó lo que en la práctica fueron pógromos fascistas contra los hogares de los aspirantes a salir de Cuba. Miles de personas fueron brutalmente golpeadas y sus domicilios fueron asaltados y destruidos por turbas de gamberros a las ordenes de policías del G-2 vestidos de civil. No menos de 40 personas fueron virtualmente linchadas en todo el territorio nacional como parte de estas acciones fascistas. En el paroxismo de su furia criminal, Castro ordenó montar un simulacro de "fuego perpetrado por la contrarrevolución" en el mayor circulo infantil de la Nación. Mediante esta patraña, Castro puso en serio peligro la vida de cientos de niños para poder echar la culpa del supuesto sabotaje a sus opositores y lanzar las turbas a atacar y destruir a los inconformes. En el círculo infantil Le Van Tham de Marianao estuvo a punto de ocurrir una verdadera matanza, como denunció en esos momentos el periodista Rolando Cartaya, al precio de una descomunal golpiza a manos de rufianes de Castro. Ante la magnitud de estas atrocidades Ricardo Bofill y Rosa Díaz Albertini decidieron denunciar ante el Mundo lo que estaba ocurriendo en Cuba. A estos efectos redactaron un documento titulado "La Crisis de los Derechos Humanos en Cuba: Horror y Muerte", que distribuyeron con la ayuda del Cónsul de Costa Rica, Oscar Vargas Bello. A su vez, también a comienzos de 1980 a la policía política de Castro le había fallado lo que tal vez constituyó la operación de provocación más importante que lanzaran contra los disidentes cubanos. Se trató de dos franceses, cuyos nombres reales eran Dominique Huguet y Claude Huget, que vinieron a La Habana con la misión de filmar un "video concluyente", sobre las posibilidades reales de derrotar a Fidel Castro. Los "cineastas" hicieron contacto con los disidentes cubanos y pidieron "filmar entrevistas con opositores y con ex prisioneros políticos recién salidos de la cárcel. Pero, además de esta parte publica del trabajo de los "reporteros" al final del viaje Dominique pidió a Bofill que " con mucho cuidado los llevara hasta las cercanías de la base militar de 'La Lima', que rodea la Prisión Combinado del Este en las afuera de la Capital Cubana, para poder contar con testimonios gráficos sobre los planes de Castro para, en caso necesario, matar a todos los presos de ese Centro". Con un nudo en la garganta Bofill se dio cuenta de que ya su arresto era solo cuestión de horas o de algunos días. Así mismo fue. A1 fracasar la maniobra con los provocadores franceses, Fidel Castro dio órdenes al general José Abrantes de encarcelar a la mayoría de aquellos disidentes buscando cualquier pretexto. Mediante estas directivas Adolfo Rivero Caro fue arrestado y acusado de venta ilegal de cuadros. Elizardo Sánchez fue arrestado y acusado en construcción ilegal de una vivienda. A Eddie López Castillo lo arrestaron cuando llevaba encima unos dibujos sobre los fusilamientos en Cuba y lo acusaron de propaganda enemiga. A Enrique Hernández, un ex diplomático y ex profesor de economía que hasta ese momento había tenido pocos contactos con el CCPDH, lo arrestaron y lo acusaron de salida ilegal del país. A Ricardo Bofill lo arrestaron y lo acusaron de tenencia ilegal de divisas. Todo ocurrió como ellos lo esperaban en cuanto a la represión bestial. Pero, a diferencia de los éxitos del G-2 en cuanto a interrogatorios de detenidos, de este grupo no pudieron obtener ni una sola declaración incriminatoria de unos contra otros. Según cuenta Oscar Peña, quién después sería directivo del Comité y el miembro de la Iglesia Testigos de Jehová Juan Olivera Alberto, quienes por aquellos días estaban también presos en Villa Marista, a los cinco disidentes se les oía gritar de celda a celda. "somos libres porque nuestros pensamientos no han podido ser aherrojados con cadenas ni por grillete alguno". Como es natural, el precio a pagar por esas rebeldías fue muy caro. Todos los activistas fueron encerrados junto a criminales comunes y en áreas de la cárcel en las que los hechos de sangre pululaban. Muerte y resurrección Según han relatado algunas personas cercanas en ese tiempo al General Abrantes después caído en desgracia y muerto en la cárcel a mediados de 1980 la Dirección General de Contrainteligencia del Ministerio del Interior le informó a Fidel Castro que, "el foco contrarrevolucionario enmascarado en el asunto de los derechos humanos ha sido extirpado de raíz". A estas alturas Martha Frayde había salido al exilio y se encontraba en España. A Rosa Díaz Albertini, a Carlos Quintela, a la familia Escalona y a José Solís optaron por echarlos del país por la vía del puente marítimo del Mariel. A Elizardo Sánchez y a Eddie López Castillo los encerraron en la Prisión de la Cabaña y a Adolfo Rivero Caro, Enrique Hernández Méndez y a Ricardo Bofill, los confinaron en la cárcel Combinado del Este de La Habana. Desde allí Bofill comenzó nuevamente y con otra membresía el bregar del Comité Cubano Pro Derechos Humanos. En este periodo se sumaron propiamente al grupo Enrique Fernández Méndez y Adolfo Rivero Caro. Además, por estos días ingresaron al equipo disidente personas que hasta aquel encuentro en la cárcel no eran conocidas por Bofill. Este hecho produciría un vuelco total en la balbuciente organización opositora, pues hasta ese momento Bofill jamás habló con un extraño sobre la existencia y la labor del Comité y, aun entre los amigos de años, guardaba el más absoluto secreto sobre todo el proyecto. En el Combinado del Este Bofill sumó al Comité al medico preso Miguel Pinto Pereira, quien fue de inestimable valor para establecer contactos, a través de la Embajada de Portugal en Cuba, con la Doctora Martha Frayde en Madrid. También se dio ingreso al siervo de circuito de la Iglesia Testigos de Jehová Saúl Reyes Riaño. En el círculo que colaboraba con el Comité también estuvieron los médicos presos Mario Zaldívar e Ignacio Vildosola. Un tiempo más tarde y en esa misma cárcel ingresarían al Comité quienes posteriormente llegarían a ser destacadas figuras del movimiento cubano de derechos Humanos como Gustavo Arcos, Sebastián Arcos, Samuel Martínez Lara, Ariel Hidalgo Guillén, Aramís Taboada, David Moya, Ernesto Díaz Rodríguez, Teodoro del Valle y otros luchadores. Nota del editor: El texto íntegro del citado libro de Baeza Flores sobre la disidencia cubana, se encuentra en proceso de edición. |