|
Prólogo |
|
En Cuba, actualmente el movimiento de derechos humanos representa la principal oposición interna a la dictadura de Fidel Castro. En este libro, mi amigo, Reinaldo Bragado, ha querido hacer la crónica de sus orígenes. Es un cronista autorizado porque fue un destacado participante. Los antecedentes de este movimiento se encuentran en la oposición al viraje comunista de la revolución, a principios de los años 60. Aquel movimiento, que costó la vida de miles de combatientes y la prisión de muchos miles más (el llamado "presidio histórico"), representó una primera oposición, de carácter armado, al establecimiento de una dictadura totalitaria en Cuba. Sin embargo, enfrentado a la masiva popularidad de Fidel Castro en la atmósfera revolucionaria de los años 60 (1), aquel movimiento fue prácticamente aniquilado. Por aquella época, el mundo entero parecía estar avanzando hacia el comunismo.
Sin embargo, el contraste entre la promesa y la práctica de la revolución cubana no tardó en generar descontento dentro de las mismas filas de sus partidarios. Una manifestación del mismo fue el llamado proceso de la "microfracción" de 1968 contra un grupo de militantes comunistas que, en su mayoría, fueron a dar a la cárcel. Entre ellos estaban Ricardo Bofill Pagés y otros que estarían entre los primeros activistas de los derechos humanos.
|
|
![]() |
|
Logo del Comité Cubano Pro Derechos Humanos |
Al calor de los Acuerdos de Helsinki de 1975 y de la aparición de los primeros organismos de derechos humanos en la URSS y otros países socialistas, Bofill fundó en 1976, junto con la Dra. Marta Frayde y unos pocos colegas, el Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH) con el objetivo primario de denunciar las violaciones de los derechos humanos en Cuba. En contraste con la primera oposición, el nuevo movimiento proponía las tácticas de la desobediencia civil y la resistencia pacífica como formas de lucha por la transformación del sistema (2). Sin embargo, a fines de 1976 la Dra. Frayde fue detenida, condenada a 29 años de prisión por "espionaje" y la actividad del CCPDH se vio reducida al mínimo. Eventualmente, la Dra. Frayde fue liberada y se estableció en España donde mantiene su activismo y dirige una publicación del CCPDH sobre los derechos humanos en Cuba.
En 1980, Bofill y los pocos disidentes que quedaban en libertad -Elizardo Sánchez Santacruz, Edmigio López Castillo, Adolfo Rivero Caro y Enrique Hernández Méndez- fueron encarcelados con distintos pretextos. Sin embargo, el movimiento se reorganizó en la prisión y, a mediados de los años 80, cobró nuevo vigor cuando sus integrantes fueron saliendo de la cárcel. Entre 1980 y 1985, el CCPDH denunció que, sólo de la prisión del Combinado del Este, habían sido llevados a fusilar Ciprián García Marín, Ventura García Marín, Eugenio García Marín, Ramón Toledo Lugo, Armando Hernández, Omar Villavicencio, y Ramón Vera Chaviano entre varias decenas más.
También debe destacarse que en el presidio político, Combinado del Este de La Habana, surgió un creciente trabajo cultural contestatario que dirigió Ariel Hidalgo, quién fue el creador de las revistas El Disidente y Aurora, que no sólo circularon dentro de la cárcel, sino que también llegaron al exilio.
Este periodo coincidió con la presidencia de Ronald Reagan. Su histórica decisión de fortalecer la lucha anticomunista condujo en 1985 a la creación de Radio Martí, que le dio al pueblo cubano una fuente de información independiente y una forma de hacerse oír a la oposición interna (3). En 1985, Mijail Gorbachov llegaba al poder en la URSS dando inicio a la perestroika y el glasnot.
El 10 de diciembre de 1987, Bofill, Reinaldo Bragado, Rolando Cartaya, Rafael Saumel, Edmigio López, Raúl Montesinos y Tania Díaz Castro se reunieron en el apartamento de esta última para grabar una mesa redonda sobre la situación de los derechos humanos en Cuba. Cartaya actuó como moderador. Radio Martí recibió la grabación de la reunión y ésta fue transmitida, bajo el nombre de "Coloquio de La Habana", los días 5, 6 y 7 de febrero de 1988. Fue la primera vez que, desde la misma isla, oposicionistas que estaban en la calle denunciaban, a través de un medio de comunicación de masas, las violaciones de los derechos humanos en Cuba.
Pocos días después, el 11 de febrero de 1988, en casa de los esposos Carlos Valdés y Alicia Fernández en el Vedado, el CCPDH organizó la primera exposición de arte disidente a la que asistieron alrededor de 200 personas, entre ellos periodistas extranjeros, diplomáticos y delegados de Americas Watch y del Comité de Abogados de Nueva York. Se presentaron cuadros y esculturas de Raúl Montesinos así como de Nicolás Guillén Landrián, Teodoro del Valle, Roberto Bermúdez, Carlos Quintana y Santos Martínez. También se expusieron poemas de destacados presos políticos como Ernesto Díaz, Armando Valladares, Alfredo Mustelier y el Dr. Alberto Fibla. En esta actividad, al igual que en el "Coloquio de La Habana", el CCPDH insistía en su posición de luchar abiertamente contra el régimen pero de forma pública y no violenta.
En marzo de 1988, Bofill y sus compañeros fueron objeto de una furiosa campaña de ataques en la prensa radial, escrita y televisiva que se inició con un editorial del periódico "Granma", órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, ("Un Quinto de Columna", 3/16/1988). Confieso que no me hizo ninguna gracia ver mi nombre en ese editorial. Anteriormente cuando esos ataques aparecían en el periódico los opositores solían estar presos o fusilados. Y nosotros seguíamos en la calle. En todo caso, fue un grave error del gobierno. Aunque hubo quienes creyeron las calumnias de "Granma", la gran mayoría comprendió que se había abierto una "fisura" en el monolito totalitario. Esa fisura seguiría ensanchándose inexorablemente.
Fidel Castro y su gobierno revolucionario habían jugado tradicionalmente el papel de fiscales de los países occidentales por cuanta violación de los derechos humanos se producía fuera del campo socialista. Confiado en esa situación y un tanto desconcertado ante la nueva forma de oposición del CCPDH, el gobierno cubano decidió invitar a una delegación de Naciones Unidas para que visitara a Cuba y comprobara in situ la situación de los derechos humanos. Fue otro grave error.
La comisión, presidida por Alioune Sene, de Senegal, e integrada además por Sefi Attah, de Nigeria, Todor Dichev, de Bulgaria, José E. Ingles, de Filipinas, Michael Lillis, de Irlanda, y Rafael Rivas Posada, de Colombia, llegó a La Habana el 16 de septiembre de 1988. Para asombro y desconcierto del gobierno revolucionario, el CCPDH movilizó a más de mil personas que se identificaron con nombre, apellido, dirección y número de carnet de identidad, para que le dieran a la Comisión su testimonio personal sobre las violaciones de los derechos humanos. Fue, sin duda, un hecho sin precedentes en la historia de los países comunistas. El 21 de febrero de 1989, la Comisión publicó un informe (E/CN, 4/1989/46) de 400 páginas que recogió esos testimonios para la historia.
Pero la importancia del documento no fue simplemente histórica. Al año siguiente, en la reunión anual de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas reunida en Ginebra, una proposición de la delegación de Estados Unidos consiguió, por primera vez, que el gobierno cubano fuera censurado por sus violaciones de los derechos humanos. Ante la opinión pública internacional, el gobierno cubano pasó de acusador a acusado. Es conveniente precisar la importancia política de esta victoria.
Es indiscutible que el poder parece ser un atributo personal y residir en la persona misma. Pero aunque los caudillos exuden autoridad con su voz bronca y sus ojos feroces, sólo se trata de una ilusión. Una persona manda porque otras la obedecen: el poder es una relación. Nuestra época nos ha dado un ejemplo antológico. Entre los miembros del comité que intentó el golpe de estado contra Mijail Gorbachov en 1992 estaban el ministro de las Fuerzas Armadas de la Unión Soviética, el jefe de la KGB, el ministro del Interior y el vicepresidente de la nación. Pocas veces un grupo de hombres ha parecido tener un poder más abrumador y aplastante. Y, sin embargo, estaban desprestigiados. Habían perdido su autoridad. Fue por eso que nadie obedeció sus órdenes, y su aparente poder se deshizo como una corona de ceniza.
La autoridad de los dirigentes está sustentada, básicamente, en el prestigio. Pero el prestigio no es una magnitud fija sino fluctuante que se refleja directamente en el poder efectivo del dirigente. Es por eso que, en determinadas circunstancias, estos pueden permitirse tomar ciertas medidas que, en otras, les resultan imposibles. Todo político sabe intuitivamente que, si su autoridad está muy menoscabada, pudiera no ser obedecido. Y eso es extremadamente peligroso porque el prestigio es una característica volátil, muy parecida a la fe. Aunque relativamente fácil de mantener, su pérdida o quebrantamiento se propaga con enorme rapidez. Quien tenga que explicar su autoridad ha dejado de tener a su favor el peso de la inercia social y lo más probable es que la vea desmigajarse con pasmosa celeridad. De aquí que toda lucha política sea siempre, esencialmente, una lucha por el prestigio. Y esto es válido, inclusive, para las dictaduras, es decir, para los gobiernos que se sustentan básicamente en la fuerza y no en la voluntad popular.
En este sentido, la pérdida de prestigio de Fidel Castro, y por consiguiente su pérdida de poder real, ha sido enorme. Es cierto que esa pérdida no ha traspasado cierto nivel crítico y que Castro mantiene el control del aparato del estado. Pero deducir de eso que su poder está intacto es un grave error que puede conducir a un pesimismo y una consiguiente capitulación política, menos justificados hoy que nunca antes. Hay que recordar que, en los años 60, su prestigio le permitía encarcelar y asesinar con total impunidad. Esa situación cambió radicalmente en la década de los 80, en buena medida, gracias al trabajo pionero del CCPDH. (4)
Es conveniente subrayar también que el principal acusador del gobierno de Fidel Castro nunca ha sido el gobierno de Estados Unidos sino el pueblo cubano mismo. Los diplomáticos norteamericanos se limitan a transmitir las denuncias hechas por cubanos dentro de Cuba. La diplomacia norteamericana simplemente le ha prestado una tribuna a los que habían sido víctimas inermes de la represión. Por su parte, el gobierno cubano siempre ha podido convocar a sus acusadores ante la prensa internacional y demostrar que esas denuncias son simples infundios. Al gobierno cubano le basta con demostrar, por ejemplo, que la matanza del "Canímar" de 1980, el hundimiento del remolcador "13 de marzo" de 1994 o el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate de 1994, fueron fabricaciones de la CIA.
El 20 de junio de 1988, Bofill, el Dr. Samuel Martínez Lara y Tania Díaz Castro fundaron el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba (PPDHC). Su objetivo era preservar al CCPDH como organismo de derechos humanos y crear un instrumento de lucha abiertamente político. Fue el primer partido político disidente que convocó a luchar por el tránsito pacífico a la democracia.
A fines de 1988, Bofill y otros activistas marcharon al exilio desde donde han continuado su labor. Pero el movimiento de derechos humanos y de oposición en Cuba había llegado para quedarse. El Partido Pro Derechos Humanos llamó a recoger firmas para exigir un plebiscito nacional, similar al que se llevó a cabo en Chile en ese mismo año (5). El PPDH logró conseguir alrededor de 10,000 firmas pero Martínez Lara y Díaz Castro fueron encarcelados y estuvieron un año en las mazmorras de Villa Maristas. Finalmente, Tania Díaz Castro, chantajeada con amenazas contra su hija, hizo un acto de contrición ante las cámaras de la televisión cubana y se retiró de la disidencia. Martínez Lara partió al exilio, desde donde ha seguido en contacto con el partido.
Actualmente, hay dos Partidos Pro Derechos Humanos (PPDHC). Uno de ellos está dirigido por Lázaro García Cernuda y está en contacto en el exterior con Samuel Martínez Lara y Evelio Ancheta. Otro PPDHC, dirigido por Odilia Collazo, está unido con el Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna. El PPDHC tiene un alcance nacional y cuenta con activistas tan intrépidos como Daula Carpio Matas, Lilian Meneses Martínez, Illeana Penalvar Duque, Danilo Santos Mendez, José Antonio y Alvarado Almeida que hicieron una famosa hulega de hambre en Santa Clara que empezó en 1997 y se prolongó hasta 1998 en solidaridad con sus compañeros presos: Roxana Carpio Matas, en la cárcel de mujeres de Guamajal; José Manuel Yera Benítez, en la prisión de Las Grimas e Iván Lema Romero y Vicente Garcia Ramos, ambos la prisión de La Pendiente, acusados todos de "asociación para delinquir."
El PPDH, también en sus inicios, contó en sus filas con numerosos líderes de notable talento. Entre ellos, se destacaron el joven David Moya, el profesor Hirán Abí Cobas, el ingeniero Roberto Bahamonde, el abogado Pablo Llabre y Jesús Yanez Pelletier.
Tras los pasos del CCPDH fueron surgiendo otras organizaciones que habrían de jugar un papel destacado en la lucha por la libertad y la democracia. Tal es el caso de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, presidida por Elizardo Sánchez Santa Cruz; el Movimiento Cristiano Liberación, dirigido por el activista católico Oswaldo Payá Sardiñas; el Partido Solidaridad Democrática que dirige Héctor Palacios Ruiz junto con Fernando Sánchez López, Adolfo Hernándes Saínz, Rogelio Travieso Pérez y Gisela Delgado Sablón; el Bloque Democrático José Martí, que dirigen Orlando Morejón Piton y Félix Pereda; el Partido Demócrata Cristiano que preside la Dra. María Valdés Rosado y el Partido Cubano de Renovación Ortodoxa, derivado del Movimiento de Seguidores de Chibás fundado por Diosmel Rodríguez en 1992 y entre cuyos principales dirigentes dentro de la isla están Diógenes Rodríguez, Luis Díaz, Manuel del Río, Antonio Alonso, Mirna Riverón, Delio de la Cruz y Gladys González
En 1989, el annus mirabalis, el mundo entero observó fascinado el colapso del comunismo en la Europa del Este. Por entonces, yo tenía un comentario semanal por Radio Martí, que mantuve durante varios años. Así tuve el privilegio, y el placer, de hacer la crónica del colapso de los regímenes comunistas de Polonia, Hungría, la República Democrática Alemana, Checoslovaquia y Rumania. Fueron barridos por un incontenible movimiento de masas pese a llevar 40 años en el poder. Muchos cubanos confiaban en que el desmoronamiento del sistema llegaría a Cuba, aunque estuviera fuera del espacio geopolítico europeo. En realidad, no había suficientes razones para que así ocurriera. Pero el impacto político y moral fue enorme. Quedó claro que largos decenios de poder totalitario, pese a un infatigable trabajo ideológico, no habían conseguido ni el más mínimo apoyo popular. Todos los artificios de la "democracia socialista" demostraron ser simples intentos de encubrir un fraude colosal. La misma población que supuestamente elegía a Ceaucescu con el 99 por ciento de los votos, se alzó en su contra, combatió contra la Seguridad y festejó su ejecución. La disidencia cubana había demostrado tener la razón histórica.
En 1990, encabezado por Gustavo y Sebastián Arcos Bergnes, Oscar Peña, Jesús Yáñez Pelletier y otros, el CCPDH llamó a un encuentro nacional de todas las partes del conflicto cubano. Esta propuesta tuvo importante repercusión en la disidencia y en el exilio. El CCPDH y su figura central, Gustavo Arcos Bergnes, se confirmaron en la vanguardia de la cruzada civilista por promover, a través de negociaciones, el tránsito pacífico hacia una sociedad cubana democrática. Era, y sigue siendo, una idea válida aunque el gobierno haya ignorado la proposición. Quizás sea conveniente detenerse en esto.
Algunos críticos insisten en que la oposición interna es demasiado débil como para ser un interlocutor válido del gobierno revolucionario. En efecto, el enorme contraste entre los generales, los ministros, los que disponen de los privilegios del poder totalitario y los disidentes desempleados y medios muertos de hambre no puede ser más chocante. Pero la "debilidad" de la disidencia cubana es más aparente que real. La disidencia cuenta con el respaldo del pueblo de Cuba, aunque la dictadura haya podido impedir, hasta ahora, que ese apoyo se organice. Y Castro lo sabe.
El gobierno revolucionario pretende que su único interlocutor real es el gobierno de Estados Unidos porque no puede aceptar la existencia de esa oposición interna. Muchas veces olvidamos que la tesis fundamental del régimen cubano, la tesis fundamental de todo régimen comunista, es ser un gobierno de la clase obrera, una "dictadura del proletariado" y, por consiguiente, tener el apoyo abrumadoramente mayoritario de la población. Es su mito básico. Para un régimen comunista esa popularidad es axiomática. Se deriva de la teoría de la lucha de clases. En efecto, supuestamente, la revolución socialista enfrenta una pequeña minoría de burgueses, dueños de los medios de producción, a la gran mayoría de los trabajadores que sólo son dueños de su fuerza de trabajo. Los intereses de estos dos grupos o clases son contradictorios, la economía es un juego de suma cero donde lo que gana uno, lo pierde otro. Los burgueses se hacen millonarios quitándole el producto de su esfuerzo a los trabajadores. Por esto, para los revolucionarios, la burguesía es la responsable de la pobreza y la pobreza es la responsable de todos los males: de la prostitución, de la violencia, de la mendicidad, de la delincuencia, del racismo, de la incultura, la caspa, el estrabismo y la falta de desarrollo en todos los campos y en todos los sectores.
Por consiguiente, en el esquema marxista, exterminar a la burguesía tiene que ser una maravillosa noticia para el resto de la sociedad porque significa eliminar el Gran Obstáculo para que florezcan todas las virtudes y desaparezcan todos los vicios. ¿Quién puede estar en contra sino los pocos que han visto perjudicados sus intereses económicos? Ahora bien, si los expropiados son liquidados como clase y abandonan el país, ¿qué oposición interna puede tener el régimen? Teóricamente, ninguna. o, en todo caso, la de algunos dementes. De ahí que se hayan internado disidentes en hospitales psiquiátricos. De aquí que se envíe a reprimir a las Brigadas de Respuesta Rápida, y no directamente a la policía o la Seguridad del Estado, para disfrazar esa represión de "acciones espontáneas de las masas." Hay que luchar desesperadamente para preservar el mito de la popularidad. Es un dogma indispensable, la fuente última de la legitimidad del gobierno.
Por esto la única oposición que el régimen puede justificar es la de los burgueses expropiados, que se marcharon del país, y la del "imperialismo norteamericano", su supuesto cómplice de explotación. Lo que no puede justificar, bajo ningún concepto, es una oposición popular interna porque, si esa oposición existe, el proyecto revolucionario ha sido una ilusión o ha sido un fraude. De aquí que esa oposición interna sea, precisamente, la principal fuerza en la lucha contra el régimen y la que mejor pueda asestarle un golpe decisivo. Y de aquí también que su gran tarea sea crecer y, sobre todo, hacerse visible. La existencia de un movimiento opositor de masas en Cuba es, en sí misma, un factor desestabilizador del gobierno. De aquí el terror que inspiraron las manifestaciones del Malecón en agosto de 1994.
Actualmente, en Cuba hay más de un centenar de organizaciones disidentes, varias de ellas nacionales, a pesar del constante hostigamiento, de la inhabilitación laboral, de las cárceles, las vejaciones, los ataques físicos y las amenazas contra familiares. Es una oposición muy poco visible pero ¿cómo podría ser visible sin acceso a ningún medio masivo de comunicación? Sin embargo, basta con meditar mínimamente sobre lo que significa ser un opositor declarado en una dictadura totalitaria, para darse cuenta de que esa disidencia representa una oposición de masas, sólo contenida por el régimen más represivo que haya conocido la historia de nuestro país. Si esa oposición cubana no es más visible es por la misma razón que tampoco era muy visible en Rusia, Alemania del Este, Hungría, Checoslovaquia, Rumania o Albania. 0 en la misma Polonia salvo un breve período. Lo sorprendente no es la debilidad de la oposición cubana sino su enorme fuerza potencial.
Es cierto que los dirigentes de la oposición cubana no son muy conocidos todavía. Pero, en Cuba, los jóvenes revolucionarios desconocidos de los años 30 se convirtieron en la plana mayor de la política cubana hasta el triunfo de Castro. Y los jóvenes revolucionarios desconocidos del 26 de julio llevan 40 años en el poder. A mediados de 1989, Vaclav Havel era un dramaturgo de mediano éxito y Lech Walesa un simple electricista. La historia, por supuesto, no se repite pero menospreciar a los disidentes es moralmente indigno y políticamente miope.
Algunos críticos hablan del "fraccionamiento" de la oposición, de su "división" y de la lamentable carencia de líderes a quienes seguir. Es natural que el modelo del partido marxista-leninista le parezca único e insustituible a los que, de una manera o de otra, han vivido bajo su influencia durante muchos años. La clave de la efectividad organizativa del partido comunista está en su centralización. Pero el partido marxista-leninista no fue concebido para enfrentar la represión de un estado totalitario. Un movimiento de oposición concebido dentro de ese esquema organizativo estaría condenado al fracaso. Fue por eso que, desde sus inicios, Bofill insistió en que el CCPDH era una especie de anti-modelo del partido comunista. En las nuevas circunstancias de combatir a una dictadura totalitaria, la clave de la efectividad organizativa está en la descentralización. El CCPDH ni siquiera tiene estatutos. Su programa es la Declaraci6n Universal de los Derechos del Hombre, 30 proposiciones aceptadas formalmente por casi toda la humanidad. Sus simpatizantes pueden desarrollar perfectamente su trabajo sin tener contacto con ninguna dirección. Y los que han conquistado alguna autoridad con años de trabajo son conocidos por todo el mundo.
Con el conjunto de la disidencia sucede algo parecido. Sin duda, sería conveniente que tuviera una sola gran organización dirigida por un líder universalmente reconocido. Pero sería conveniente, sobre todo, para la Seguridad del Estado. Hay que dejar de lado esos modelos abstractos, marxistas o de otro tipo, y pensar en la oposición cubana real. El régimen está deteniendo constantemente a disidentes, no ha dejado de hacerlo nunca. Y, sin embargo, ahora hay más organizaciones disidentes que nunca. Se dice que la oposición cubana "está dividida", que no tiene unidad. Es cierto que las organizaciones disidentes están dispersas pero, por el momento y dadas las condiciones en que desarrollan su trabajo, eso les conviene. La oposición ha ido adoptando las formas organizativas que una dura experiencia le ha enseñado como la más conveniente.
Deducir de una relativa dispersión que la disidencia cubana está dividida es un error. Dividido se dice de lo que carece de unidad fundamental. Pero basta preguntarse ¿qué es lo fundamental en la actualidad? Para darse cuenta de que la oposición cubana está sólidamente unida de un extremo al otro de la isla. Unida en la necesidad de liberar inmediatamente a todos los presos políticos. Unida en que se debe terminar con la represión política e ideológica. Unida en no reconocer al partido comunista como la "fuerza dirigente de la sociedad" (por la sencilla razón de que ha sido el propio partido comunista el que se ha dado ese título). Unida en la necesidad de algún tipo de consulta democrática, sea un plebiscito, sean elecciones supervisadas internacionalmente, como han aceptado los revolucionarios de Nicaragua, El Salvador, Guatemala o el mismo gobierno de México. Y unida en una plataforma todavía mayor: la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Ni siquiera tienen que reunirse para ponerse de acuerdo sobre todas estas cuestiones fundamentales. Ya lo está. Como vernos, no está tan dividida como proclama una critica superficial y frívola.
Las simpatías con la oposición cubana aumentaron desde el colapso de la Unión Soviética en 1991. Durante más de medio siglo, los marxistas del mundo entero habían estado comentando las sucesivas etapas de la "crisis general del capitalismo" y esperando su monumental colapso. Lo que ninguno vio fue la crisis general del comunismo. La revolución inevitable resultó ser la capitalista. En 1991, el sistema comunista se colapsó en su mismo centro. La Unión Soviética, el sistema socioeconómico que abarcaba "la sexta parte del planeta" y se había mantenido durante más de 70 años, se deshizo como un castillo de naipes. Millones de libros de Lenin "los más traducidos después de la Biblia" se convirtieron, por fin, en algo útil: pulpa de papel. La Biblia, por cierto, se ha seguido traduciendo. También se hizo patente que casi cuatro décadas de gobierno revolucionario habían hecho involucionar trágicamente a Cuba. En la práctica, las famosas "conquistas sociales" de la revolución desaparecieron con el cese de los subsidios soviéticos. Lo que no desapareció fue la falta de libertades.
En 1991, un presidente demócrata, Bill Clinton, llegó a la presidencia de Estados Unidos. Sería muy presionado por el ala izquierda de su partido. Clinton terminó con la tradicional política bipartidista de dar asilo a los balseros cubanos.
El 1996, Leonel Morejón Almagro y otros dirigentes surgidos de la lucha oposicionista, formaron Concilio Cubano como una gran asociación que comprendía alrededor de 105 organizaciones disidentes. Concilio Cubano pretendió reunirse el 24 de febrero de 1996 pero el gobierno revolucionario lo impidió. La prohibición de la reunión fue elocuente. ¿Qué peligro podía significar la reunión de unas cuantas decenas de opositores pacíficos para un gobierno que constantemente se jacta de su fuerza? Si el gobierno tiene razón al decir que la oposición es muy débil, la prohibición de la reunión fue totalmente irracional. Castro hubiera podido proyectar una favorable imagen democrática sin costo alguno. Ahora bien, si prohibir la reunión fue una decisión inteligente, entonces el gobierno miente cuando afirma estar convencido de que la oposición es débil. No hay forma de escapar de esta contradicción La idea de Concilio Cubano mantiene toda su potencialidad y sólo espera condiciones propicias para materializarse.
En junio de 1997, pocos días después de que el Partido Comunista de Cuba publicara el texto preparatorio del V Congreso del PCC, cuatro activistas cubanos de los derechos humanos distribuyeron a la prensa extranjera un análisis del manifiesto y de la situación cubana. Por escribir "La Patria es de Todos", mi amigo Vladimiro Roca (Partido Social Demócrata Cubano), Marta Beatriz Roque (Instituto Cubano de Economistas Independientes), Félix Bonne Carcacés (Corriente Cívica Cubana), y René Gómez Manzano (Corriente Agramontista) fueron detenidos el 16 de julio. A fines de agosto de 1998, cuando se escriben estas líneas, todavía están presos sin haber sido presentados a las autoridades. La Sociedad Internacional de Derechos Humanos, Amnistía Internacional y Freedom House son algunas de las organizaciones internacionales que están librando una tenaz campaña por su liberación.
Recientemente, en una reunión efectuada en La Habana en julio de 1998, Leonel Morejón Almagro dio a conocer un documento emitido por el Secretariado Nacional de Concilio Cubano. En el mismo se condena la violación del derecho laboral que significa que los inversionistas extranjeros no le paguen directamente a los obreros cubanos sino que le paguen en divisas al gobierno cubano que, a su vez, paga a los trabajadores cubanos salarios miserables en la depreciada moneda nacional. El documento recuerda a los inversionistas del exterior que la Organización Internacional del Trabajo, por el convenio 95, artículo 5, exige pagos directos al trabajador. A su vez demanda que sean puestos en práctica los "Principios Arcos" y llama a la opinión pública internacional a movilizarse en este sentido. El documento fue firmado por Gladys González Noy por la Concertación Democrática Cubana, Miriam García Chávez por el Colegio de Pedagogos Independientes de Cuba, Delio de la Cruz por el Partido Cubano de Renovación Ortodoxa, Sergio Pérez Font por el Proyecto Apertura de la Isla, Israel Rodríguez por el Movimiento Maceístas por la Dignidad, Magdalena Vélez por el Movimiento 13 de Julio del Remolcador 13 de Marzo, y Reynaldo Cosano Alén por la Coalición Democrática Cubana. Gustavo Arcos Bergnes y Jesús Yáñez Pelletier forman parte del trabajo del Concilio Cubano y el CCPDH ha propuesto a Leonel Morejón para el premio "Andrei Sajarov", de 1999, que otorga el Parlamento Europeo.
En el nuevo espacio político creado han surgido múltiples organizaciones independientes provocando un resurgimiento de la llamada "sociedad civil." La sociedad civil es la parte de la sociedad más allá de la familia y la localidad, autónoma, independiente y distinta del estado. Las organizaciones de la sociedad civil respetan las leyes generales de la sociedad pero se atienen fundamentalmente a los reglamentos libremente escogidas por sus miembros. En una sociedad capitalista normal la sociedad civil se fundamenta en la propiedad privada y está integrada, entre otras, por las empresas comerciales. La llamada "dictadura del proletariado," por el contrario, es profundamente hostil a la sociedad civil. El Partido Comunista sólo quiere organizaciones "independientes" en la medida en que éstas puedan serle útiles como "poleas de transmisión" hacia las masas, es decir, en la medida en que le sirvan para fortalecer su control sobre todos los aspectos de la vida social. Hay que recordar, una vez más, que la base del poder político está en la aceptación de la autoridad de los que dirigen. Por consiguiente, desarrollar áreas de actividad independientes del partido comunista significa rechazar su autoridad en la práctica y, por consiguiente, quebrantar de hecho su dictadura.
Sociedad civil
En el resurgimiento de la sociedad civil en Cuba han jugado un papel de enorme importancia la Asociación de Abogados Agramontistas, dirigida por Raúl Gómez Manzano junto con Leonel Morejón Almagro, Jorge Bacallao, Juan Escandel, Tony Varona, Félix Fleites, Salvador Batules, Amelia Rodríguez Cala y otros valerosos juristas.
El Instituto de Economistas Independientes, dirigido por Marta Beatriz Roque ha contado con los trabajos investigativos de Vladimiro Roca, Manuel Sánchez Herrero y Arnaldo Ramos Lauzurique que se discuten intensamente en el exterior. Marta Beatriz, indoblegable, es un ejemplo y una inspiración para todos.
El Buró de Prensa Independiente de Cuba, fundado por Yndamiro Restano dio origen a uno de los movimientos más fructíferos e importantes de los últimos años: los periodistas independientes. Los nombres de Raúl Rivero y Olance Nogueras se hicieron conocidos internacionalmente. Han ganado bien merecido prestigio asociaciones de periodistas como Cuba Press, con Ana Luisa López Baeza, Ricardo González, Ariel Tapia, Efrén Martínez, José Antonio Sánchez, Tania Quintero, Ramón Alberto Cruz Lima, Pablo Cedeño, Mario González, Guillermo Alvarez, Angel Delgado y otros.
Havana Press ha contado con Jesús Díaz Loyola, Héctor Peraza Linares, Joaquín Torres Alvarez, Nicolás Rosario Rosabal y Jorge Olivera, entre otros. Ambas agencias son miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Han jugado un papel importante, la Agencia de Prensa Independiente de Cuba con Néstor Baguer, Lucas Garvey, Ulises Cabrera, Arturo Díaz, Odalys Leiva y otros. Pinar Press (Pinar del Río) con William Cortés, Isaura Ortega, Roxana Valdivia y Claro Díaz. La Agencia Patria (Ciego-Camagüey) con Bernardo Fuentes, Oscar Ayala, Joel De Jesús Díaz y otros. La Cooperativa de Periodistas Independientes con Jesús Zúñiga, Manuel David Orrio, Manuel Vázquez Portal, Aurora García del Busto y Oswaldo Céspedes.
El Buró de Prensa Independientes de Cuba con Jorge Luis Arce Cabrera, Luis López Prendes y otros.
Oriente Press (Santiago de Cuba) con Rafaela Lassalle, Idel Infante, Angel Jiménez, Samuel Martí, Ruth Rojas y Milagros Linares.
El Centro Norte Press (Caibarién-Villa Clara) con Gustavo R.Rodríguez, Edel J.García, Arecenio Martínez, Quintín Santana y otros. La Agencia Prensa Libre Oriental con Juan C.Céspedes, Santiago Santana, Emily Rodríguez, Oscar del Río, Mirna Riverón, Deisy Carcassés, Diego Castillo y Adria Hidalgo. La Agencia de Prensa Libertad de Las Tunas, con Berta Mexidor, Magdelivia Hidalgo y Humberto Ramón Colás; la Agencia Cuba Verdad, con Mario J.Viera, Lázaro González y José Antonio Fornaris. También esta la agencia Nueva Prensa como Mercedes Moreno y Omar Rodríguez Saludes, entre otros.
Como una nueva vertiente de singular importancia ha surgido la Agencia de Prensa Sindical Independiente de Cuba con Carmelo Díaz Fernández y Víctor Manuel Domínguez y la Corresponsalía Sindical Villa Roja (Artemisa) con Rafael Peraza Font y Rafael Iturralde. También hay destacados periodistas no organizados como Monika de Motas (La Habana), Luis Solar Hernández, Haydée Rodríguez (Santiago de Cuba) y Joaquín Torres Alvarez, exdirector de Havana Press.
La Unión de Periodistas y Escritores Cubanos Independientes está dirigida por María de los Angeles González Amaro. En sus filas se han destacado periodistas como Nancy Sotolongo, cuya vocación investigativa es muy apreciada en el exterior, y José Ramón González.
Hay que decir que los periodistas independientes se han desarrollado profesionalmente. Han ido comprendiendo que el periodismo no es la expresión de opiniones personales sino un duro trabajo investigativo. Los periodistas son los ojos y oídos de los que no estamos en el lugar. Pero ¿cómo confiar en los ojos y oídos de otro, cuando la experiencia nos ha enseñado que hay tanta gente jactanciosa y superficial? ¿Cómo confiar en ellos si no los conocemos? La confianza no se regala. Y la que se regala, no vale nada. Hay que aprender a ganársela con la investigación seria, con el control de las fuentes, con el rigor. Hemos visto desarrollarse a Nancy, a Jesús. Pero tenemos un hambre insaciable de historia viva. No de leer sobre los hechos sino de estar presenciando los hechos. En todos los rincones del país. Y los buenos periodistas lo consiguen.
Son muchos los que pueden interpretar los hechos pero sólo los buenos periodistas pueden dar la materia prima para la reflexión política seria. Y esa no es una labor estéril porque ya la disidencia no está sola. Ahora son muchos los que anhelan la aparición de las nuevas y brillantes personalidades para darlas a conocer. Hay que aprovechar esta dura e insólita coyuntura.
Algunos de los mejores exponentes del periodismo independiente han tenido que salir al exilio. Es el caso de Olance Nogueras, Rafael Solano, José Rivero, Julio Martínez, Héctor Peraza, Roxana Valdivia, Lázaro Lazo, Nicolás Rosario Rosabal o Reinaldo Soto. Ellos no sólo dejaron su huella en Cuba sino que siguen luchando desde el exterior.
Las agencias Cuba Net, dirigida por Rosa Berre, José Alberto Hernández y Omar Galloso; Cuba Press, a cargo de Free Cuba Press, y Nueva Prensa Cubana, dirigida por la dinámica Nancy Pérez Crespo así como el trabajo de nuestra Iraida Montalvo, todos desde Miami, han permitido hacer conocer el trabajo de los periodistas independientes en el mundo entero a través de Internet. Rosa Berre es la esposa de Carlos Quintela, el bronco y agudo comentarista político-agrario de Radio Martí. Todos somos amigos de cuando el guarapo valía un medio y los "Fundamentos del Socialismo en Cuba" nos parecía un libro serio.
Un papel especial en estos esfuerzos por una nueva sociedad civil le corresponde al Colegio Médico Independiente que fundó la Dra. Hilda Molina, quizás si la personalidad científica cubana más importante que haya pasado a la disidencia. La Dra. Molina era diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular y es una de las figuras más prestigiosas de la oposición cubana. Me confieso su admirador. Junto a ella estuvo su hijo el Dr. Roberto Quiñones, ahora en el exilio. En la actualidad el Colegio Médico independiente es dirigido por la combativa Dra. Iraida de León junto con el Dr. Dezi Rivero Mendoza y otros galenos. Han jugado un papel importante el Dr. Omar del Pozo así como Jesús Marante Pozo, Jesús Martínez Carlé y muchos otros.
A finales del mes de marzo de 1998 el Colegio de Pedagogos de Cuba reorganizó su dirección, eligiendo a su ejecutivo nacional, integrado por Miriam García Chávez como presidenta, Juan Roberto de Miranda, Elsa García, Dulce María de Quesada, Dulce María Portela, Estrella García, Sara Franco, Carmen Landa y Celia Jorge Ruiz.
Los 200 miembros del Colegio de Pedagogos de Cuba, 130 profesores de la enseñanza media y superior, 60 maestros de la enseñanza primaria y 10 auxiliares pedagógicos plantean la despolitización de la enseñanza y el derecho preferencial de los padres a escoger el tipo de educación para sus hijos. Rechazan la política de separar a los niños y adolescentes de la influencia formadora de sus padres, exigen la autonomía universitaria, la libertad de enseñanza, incluida la religiosa y la libertad de opción de los estudiantes para escoger sus estudios sin intervención gubernamental. Reclaman así mismo la enseñanza de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en todos los niveles de la educación.
El Colegio de Pedagogos de Cuba fue iniciativa del profesor Roberto de Miranda, y se fundó en 1996. Desde entonces, a pesar de algunos tropiezos, ha ido creciendo. Miriam García estima que si no se toman medidas acertadas, las aulas cubanas se van a quedar sin maestros. La carga de trabajo docente, sumada a las guardias, los cursos remediales y otras actividades les ocupan gran parte de su tiempo a cambio de salarios que ahora son francamente miserables.
El Colegio de Pedagogos ha llamado la atención sobre el grave deterioro de las escuelas. En el municipio Plaza, por ejemplo, más de 130 escuelas necesitan reparaciones que no se pueden realizar porque las empresas de construcción carecen de los materiales necesarios. El techo de la escuela primaria Osmani Arenado, la mayor del municipio Plaza, donde estudió Adriana, se desplomó en el pasado curso.
Por su parte, también se ha desarrollado a todo lo largo y ancho de la Isla un movimiento sindical independiente que cuenta, entre otras organizaciones, con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos, que preside Pedro Pablo Álvarez Ramos y que integran, entre otros, Gladys Linares Blanco, el abogado Francisco Leblac Amate, Rómulo Michelena, la abogada Maydel Padilla Pérez y Julián Rodríguez Trujillo. También, entre estas organizaciones gremiales contestatarias, se encuentra La Unión Sindical Independiente de Cuba, que liderea Lázaro Cuesta Collazo. A su vez, la Unión Sindical Cristiana que preside Carmelo Díaz Fernández, posee activistas en numerosas provincias cubanas. Conjuntamente con estas organizaciones sindicales, se ha fundado el Instituto Cubano de Estudios Sindicales Independientes que promueve cursos e investigaciones para el estudio de la problemática sindical libre de Cuba. Este Instituto está a cargo del Licenciado Vicente Escobar Raveiro, quien es uno de los directivos más talentosos de toda la disidencia cubana.
Una organización de particular pujanza, capacidad organizativa y lucidez política ha sido la Alianza Nacional de Agricultores Independientes de Cuba (ANAIC) dirigida por Reynaldo Hernádez junto con un grupo de excelentes organizadores en las provincias orientales como Jorge Béjar, Antonio Alonso, Yoel Pérez, Elizabeth Béjar, Rigoberto Pérez, Lázaro Hernández, Andrés Pérez, Osmelier Hernández Rielo, Raquel Rielo, Reynaldo Hernández, Rafaela Cuería y Adrián Correa. Ha cobrado una particular importancia la Cooperativa Agropecuaria Independiente "Transición", en Loma del Gato, provincia de Santiago de Cuba, dirigida por Jorge Béjar, Antonio Alonso, Elizabeth Béjar, Camilo San Emeterio y Juan Berenguer. Reynaldo Hernández, ese joven y brillante dirigente, también orienta la Cooperativa Agropecuaria Independiente "Progreso I" en el municipio Niceto Pérez, junto con Lázaro Hernández, Raquel Rielo y Osmelier Hernández.
En un reciente documento, Reynaldo Hernández planteaba algunas de las reivindicaciones de la ANAIC:
"Liberalizar el comercio de los productos agrícolas, sólo sujeto al pago de contribuciones tributarias razonables, donde el productor pueda vender su cosecha a quien quiera y en cualquier parte del país, incluida la posibilidad de vender directamente a corporaciones de empresas extranjeras, incluyendo el turismo.
Que desaparezca el estado como intermediario en el comercio de la producción agrícola, así como que se eliminen cuantas trabas burocráticas pongan freno al buen funcionamiento de esta actividad. Que su función sea la de comprar como un cliente más, donde el campesino sea el que ponga precio a sus productos de acuerdo a las leyes del mercado.
Dar luz verde a cuantos proyectos de organización agrícola surjan en el país, sólo sujeto a los intereses y propósitos de los organizadores, apoyados con los recursos que el estado tenga a su alcance, sin limitar su capacidad de gestión ante instituciones internacionales en busca de apoyo económico, material y financiero, ya que esta iniciativa de las cooperativas independientes constituye la vanguardia en el despegue de la agricultura cubana hacia un próspero y floreciente desarrollo.
Dotar a los productores agrícolas con la cantidad de 2 a 5 caballerías de tierra en correspondencia con la disponibilidad de fuerza de trabajo, de manera que se pueda garantizar la máxima explotación de las tierras entregadas. Para ello es preciso disponer de la libre contratación de fuerza de trabajo con el propósito de que el agricultor pueda contratar trabajadores y con ello facilitar la creación de empleos, donde el trabajador agrícola reciba un salario justo y razonable.
Despenalizar el sacrificio de ganado mayor, que sólo quede sujeto a las regulaciones higiénico-sanitarias, eliminando el decreto ley 225, que conspira contra el desarrollo de la masa ganadera en Cuba.
Reconocer a la Alianza Nacional de Agricultores Independientes de Cuba como genuina representación del movimiento campesino independiente cubano, para junto al gobierno encontrar una salida a la crisis alimentaria que sufre el pueblo."
El Movimiento Cubano de Jóvenes por la Democracia, surgido en 1991 en Baracoa, Guantánamo, corrobora la singular pujanza del movimiento de oposición en las provincias orientales. Entre los dirigentes de este movimiento, en prisión, están su presidente Néstor Rodríguez Lobaina, Walter Estrada Leguren, Juan Carlos Herrera Acosta y Juan Rodríguez
Ultimamente están apareciendo bibliotecas independientes como la Félix Varela de Las Tunas, dirigida por el psicólogo Humberto Colás y su esposa Berta Mexidor, la de Santiago de Cuba, anexa al Museo Chibás, y la de Palma Soriano (6).
La represión contra el CCPDH no ha mermado nunca. Los hogares de Gustavo y Sebastián Arcos han sido asaltados por turbas parapoliciales. Oscar Peña, Jesús Yáñez Pelletier y Rodolfo González fueron agredidos en las calles por esas mismas turbas. En julio de 1996 había 134 activistas del Comité encarcelados que habían sido declarados "prisioneros de conciencia", por Amnistía Internacional.
El activismo político del CCPDH en el marco de la disidencia cubana en modo alguno ha disminuido su papel en la promoción y el monitoreo de los derechos humanos. Gustavo Arcos y Yáñez Pelletier han integrado el Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna. Semanalmente, Gustavo Arcos y otros activistas desde dentro de Cuba hacen llegar por vía telefónica las denuncias. Estas denuncias y documentos sobre la situación nacional son procesados por el CCPDH en el exterior y distribuidos en las instituciones mundiales especializadas. A partir de los textos y testimonios recibidos desde Cuba, el CCPDH en el exterior elabora un informe anual sobre el estado de los derechos humanos. Copias de este informe, que, infortunadamente, casi siempre cuenta con más de 500 páginas, se entregan, entre otros, al relator de Naciones Unidas para Cuba, a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU así como a gobiernos, parlamentos y otras entidades.
En la batalla internacional por el respeto a los derechos humanos en Cuba y en todo el mundo, el CCPDH ingresó en 1978 en la Sociedad Internacional para los Derechos Humanos (IGFM), que tiene su sede central en Francfort, Alemania. Desde 1992, el Comité en el exterior está a cargo de la División Latinoamericana de la IGFM que se encuentra en Miami. En esta dirección, el CCPDH trabaja en estrecha vinculación con la Fundación de los Derechos Humanos Andrei Sajarov, que dirige su viuda, Elena Bonner, desde Moscú. Colaboramos también con Amnistía Internacional, con el Comité Italiano para los Derechos Humanos que dirige Laura González en Roma y con otras entidades similares. La Dra. Martha Frayde dirige el CCPDH en España y Orlando Blanco lo hace en Ginebra.
Aún en nuestros días, una de las ramas de trabajo más importantes del CCPDH se desarrolla dentro del presidio político cubano, condenado a existir mientras exista la dictadura totalitaria. En relación con el activismo particular en los presidios hay que recordar la labor que hicieron en el Combinado del Este Ariel Hidalgo, Domingo Jorge Delgado, Teodoro del Valle y otros luchadores.
De manera muy especial, en la cárcel de Canaleta, en la provincia de Ciego de Avila, existió un frente del CCPDH dirigido por el poeta Reinaldo Soto Hernández. Los activistas de los derechos humanos en ese presidio han editado manualmente una revista titulada "Transición" con denuncias sobre las condiciones de esa cárcel. En nuestra publicación en Internet (http: //www.sigloxxi.org), incluiremos próximamente reproducciones de "Transición". Otros luchadores del CCPDH como Armando Alonso, Arturo Suárez, Ramos, Jesús Marante Pozo y muchos otros han realizado un intenso trabajo político dentro de las cárceles cubanas.
Al terminar estas líneas, que pensaba iban a ser más breves, estoy seguro de haber dejado fuera muchos nombres que merecían haber sido mencionados. No es fácil hacer una crónica de la disidencia, aunque sea tan elemental como ésta. Es un movimiento sumamente dinámico en el que sus participantes entran, brillan, se opacan, desaparecen, regresan, persisten, cambian de organización, salen al exilio. Así es la lucha. Haremos otras ediciones, otros trabajos más completos. Y, por otra parte, es probable que los llamados a jugar un papel más importante todavía estén por venir a la disidencia, y que los nombres que habrán de ser más famosos, todavía no sean conocidos.
|
|
Notas
- Paul Johnson, el historiador británico, afirma en "Tiempos Modernos", su famosa historia del siglo XX, que en los años 60 el ascenso mundial de las ideas socialistas parecía incontenible. En esa época, Estados Unidos se vio estremecido por un movimiento de protesta que comprendía diversos segmentos sociales, ninguno de los cuales era la clase obrera. El más auténtico de ellos fue el de los negros, encabezado por Martin Luther King Jr. El más estridente fue el de los estudiantes universitarios que querían la "revolución sexual", el derecho a consumir drogas y, sobre todo, no ir a la guerra de Vietnam. Lamentablemente, nunca se fueron de las universidades. Convertidos en profesores, esos furibundos marxistas tomaron el control de las carreras de humanidades. Desde allí han educado a generaciones de periodistas, sociólogos, historiadores, cineastas, pedagogos, críticos de artes y profesores de literatura. Es por eso que, aunque la mitad de la población de Estados Unidos vote republicano, un increíble 85 por ciento o más de los periodistas es demócrata y "liberal", paradójico nombre con que se llama en Estados Unidos al ala izquierda anticapitalista del Partido Demócrata. Hay que detenerse a reflexionar sobre lo que esto significa. Que Ted Turner, dueño de CNN, sea amigo personal de Fidel Castro y que Jane Fonda, su esposa, sea una admiradora de Ho Chi Minh, no refleja una insólita anomalía sino una corriente que mantiene una enorme fuerza entre los intelectuales y artistas norteamericanos. Robert Redford y Jack Nicholson no son excepciones.
Actualmente, esa izquierda anticapitalista ha renunciado, por supuesto, a las viejas demandas de liquidación del mercado, establecimiento de empresas estatales y planificación centralizada. Ahora su agenda es la crítica de la civilización occidental (el llamado "multiculturalismo"), el feminismo radical, el ecologismo furioso y otras variantes epigonales que siempre coinciden en un punto: la culpa de todo la tiene el capitalismo. El último refugio del marxismo en el mundo está en las universidades americanas. De aquí que siempre hayan ignorado a la disidencia cubana, no quieren oír hablar mal de Fidel Castro. "Peregrinos Políticos" de Paul Hollander es un libro muy instructivo en este sentido.


