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El especial y peligroso lenguaje de los comunistas Armando de Armas El intelectual, ex disidente y ex presidente checo Václav Havel, ha dicho acertadamente refiriéndose al especial lenguaje de los comunistas que es uno de los instrumentos más diabólicos del avasallamiento de los unos y del embelesamiento de los otros. Lo peligroso de este lenguaje no es que se haya impuesto y se imponga a punta de pistola a millones de seres bajo el comunismo real; sino que ha extrapolado su contexto e invadido a Occidente todo, envilecido a los hacedores de opinión y a las multitudes que los sufren debido al desarrollo desmesurado de los medios audiovisuales en la era globalizada. Algunos en el exilio cubano te dicen que ellos no son anticomunistas, que son pro democracia; ¿pero no fue el comunismo junto al fascismo, hasta la entrada en escena del terrorismo islamista, el principal enemigo de la democracia?; ¿cómo se puede estar a favor de lo uno sin estar en contra de lo otro?. Probablemente ante la pregunta de si son antifacistas te dirían que sí, ¡que cómo se le ocurre!. No parecen reparar en que, parafraseando al poeta, comunismo y fascismo son de un pájaro rojinegro las dos alas; en que ambas alas pasan por los aires del socialismo, internacionalista el uno, nacionalista el otro. ¿Será coincidencia el color rojinegro de la bandera del 26 de julio, del horrorososo rombo que en las hombreras porta Castro como insignia?. ¿Será coincidencia también que La historia me absolverá sea una frase plagiada directamente del Mein Kampf de Adolfo Hitler?. La historia me absolverá es el texto leído por Castro ante el tribunal que lo juzgó por los sucesos del Moncada; texto que por cierto muchos aseguran que le escribió Jorge Mañach, brillante intelectual de la Cuba republicana; con lo que probablemente nos encontraríamos entonces ante la extraña circunstancia de la manifestación de un plagio múltiple: el que haría Castro a Mañach, el que haría Mañach a Hitler y, finalmente, el que haría Hitler al filósofo alemán Fiedrich Nietzche. Es ya un lugar común oir en Miami, contradictoriamente aún entre anticastristas de duro pelaje, que lo de Cuba no es comunismo; no hombre, te dicen, el comunismo es otra cosa, eso es castrismo. Por extraño que pareciera, ¡venga la izquierda y lo vea!, es como si para algunos exiliados cubanos, allá en lo más recóndito de sus sentimientos, el marxismo-leninismo conservara todavía un rescoldo de credibilidad. La manipulación linguística llega al punto de que se le buscan sustitutos a la palabra comunismo, para no nombrarla. Se habla de los crímenes del stalinismo, del maoismo y, últimamente, hasta del castrismo. Casi nunca de los crímenes del comunismo. No hay nada inocente en el asunto. Es un intento deliberado de sembrar en el inconsciente de las gentes que el comunismo en sí no es malo, que malos son ciertos personajes que se desvían de las doctrinas originales. Los hombres mueren, pero el Partido es inmortal. Los hombres fallan, pero el marxismo es infalible. Cuando la realidad es todo lo contrario, los dirigentes comunistas serán dictadores ineptos y sanguinarios, no por casualidad, no porque erraron el camino y se corrompieron, sino porque precisamente lo esencialmente malo aquí no son los individuos, sino el sistema que está diseñado de manera que sean las peores personas las que puedan subir y sostenerse en el poder. Los jefes de la mafia no son delincuentes por azar, llegan a jefes de la mafia por ser los más delincuentes. Por otra parte, cuando ya no hay forma de ocultar la sevicia de un régimen socialista; ocurre entonces que como por arte de magia los medios de prensa y los analistas, siempre tan sabiondos, comienzan a llamarle fascista. Extrañamente, muchos en el exilio ahora te dicen que las turbas fascistas acosan a los disidentes cubanos, como si en La Habana mandara Mussulini y no Castro. Este proceder garantiza que la idea no muera, que no se execre el comunismo y que cada cierto tiempo aparezca un iluminado proclamando que va a construir el socialismo de nuevo tipo; como Hugo Chávez en Venezuela, por ejemplo. Es una estrategia, una especie de chantaje emocional que procura impedir a la gente declararse contraria al comunismo; sistema que viene a funcionar como una suerte de depredador sexual que no sólo viola a sus víctimas, sino que les exige la pistola en la sien que se muevan y participen. No se conforman con el cuerpo, quieren también el alma. ¡Si Fidel es comunista que me pongan en la lista!. ¿Recuerdan?. Nota: este artículo se basa en el libro de ensayo Mitos del antiexilio, del mismo autor, que se publicará proximamente. |